Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   Acusación desde la muerte     
 
 El Alcázar.    10/10/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

CRÓNICA DE ESPAÑA

ACUSACIÓN DESDE LA MUERTE

EL presidente de la Diputación de Vizcaya y dos miembros de la Guardia Civil han sido las

mas recientes víctimas del contubernio político entre Suárez y Carrillo. Mientras ambos,

pactantes reiterados a espaldas del pueblo y de las urnas, aprisionaban a los restantes partidos

en su red, la ETA pretendía pescar con cargas de profundidad. Los disparos de ETA, cuya

decisión atacante fue anunciada veinticuatro horas antes, volcaron la sangre de estos patriotas

sobre el tapete del pacto propuesto por el señor Suárez para tapar su incapacidad de

gobernante.

¿Pero cuál es la respuesta de nuestros políticos, sin distinción? Suscribir un topiquero

documento de condena y tomar amigablemente el aperitivo. Está claro que la fría, estúpida o

conspiratoria insensibilidad de nuestros políticos (cada cual haga el reparto según sus criterios)

nos conduce sin remedio hacia mas sangre. Dicen algunos que la historia no se repite. Pero

iguales causas producen iguales efectos. Los protagonistas de la farsa de los años treinta

están de nuevo aquí, con sus asesinos mas ilustres a la cabeza. ¿Puede esperarse que,

cuando los más inhumanos de entre ellos son exaltados, son lisonjeados, son recibidos con

guirnaldas y reconocidos como demócratas insignes, alguien pueda imaginar que en España se

pagan los delitos contra la vida, contra el honor, contra la soberanía, contra la libertad y contra

la Patria?

Apenas si la grosera trampa salva-Suárez había logrado acallar los ecos lastimeros y los falsos

cantos reconciliadores de la amnistía trajinada en la Cámara de Diputados, cuando la verdad

de la conspiración se ha hecho patente en nueva sangre. Pero esta vez los tópicos

quejumbrosos de lamentación y las vagas coartadas farisaicas en nombre de una

democratización inexistente, han sido barridas por la voz implacable con que los muertos

acusan. Si en la mañana enlutada en un domingo agónico para España, en hiriente víspera del

"Día de la Raza", la lógica política funcionase, a estas horas el señor Suárez habría pasado ya

por el palacio de la Zarzuela para poner en manos del Monarca la responsabilidad de una

gobernación que ni él ni sus ministros han sabido ejercer, y a estas horas, tendría en sus

manos una tema desde la que intentar recomponer el desastre y avanzar de verdad hacia la

democracia, en vez de hacia la revolución.

La carta de Augusto Unceta Barrenechea está ahí, a la vista de todos los españoles atónitos y

sobrecogidos. Está ahí, como una acusación imborrable, como una condena que viene desde

el incensurable e inenmascarable Más Allá. Nada podrá ocultar ni disimular su tremenda

denuncia. Ni tan siquiera la triste prestación que en estos mismos instantes está haciendo el

profesor Fuentes Quintana, mediante la lectura del pacto de la Moncloa, en el que nadie puede

creer, porque se trata sólo de una cobertura oportunista a la desenfrenada pasión de poder del

señor Suárez. Causa pesadumbre asistir al lastimoso espectáculo de ver a un hombre de tan

gran talla, a un hombre que era una esperanza nacional, convertido en telonero de una

lamentable representación política, cuyo final es ya, presumiblemente, la catástrofe. Su voz, tan

admirada, tan doctoral, tan amiga, suena esta noche a hueco a través de las pantallas de

televisión. El profesor Fuentes Quintana lee con timbre monocorde, en falsete, sin convicción,

el parte de que el compromiso histórico ha sido consumado y que Santiago Carrillo, el agente

de la mayor potencia del mundo y del más despiadado enemigo de España, ha triunfado en

toda la línea. España es ya sólo un cuerpo inane, una piltrafa, con música callejera de fondo:

"Fascistas, burgueses; os quedan dos meses".

¿Y la otra España? ¿Y la España que sufre, que muere y que pierde? ¿Y la España en que se

presumía se celaban el honor, la dignidad, la independencia, la soberanía, la verdad, el valor...

?

Hay una respuesta lacerante, irrebatible, en la carta que providencialmente nos ha legado

Augusto Unceta Barrenechea. Es ésta, sobre cuyo texto escueto debemos decidir ya mismo si

nos salvamos en la dignidad o nos hundimos en la indignidad: "En 1977 no se desea ser

valiente, porque ya se sabe donde se acaba".

Y concluyo con la frase desgarrada que la mano ácrata ha escrito sobre un muro de la

Universidad Complutense. ¿Es la noticia de donde estamos o una acusación razonable que

viene desde la frontera última del desprecio? Dice así: "Diez millones de moscas no pueden

equivocarse. Comamos mierda".

Ismael MEDINA

 

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