Autor: García Serrano, Rafael. 
   Gracias, Presidente     
 
 El Alcázar.    11/10/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

GRACIAS, PRESIDENTE

LUNES, 10 DE OCTUBRE. Ayer me pareció oírlo así en el relato de un locutor; pero,como en

otra memorable ocasión,preferí esperar a ver confirmada la noticia por escrito. Tengo un grillo

perpetuo en la oreja izquierda, por la parte que no alcanzan ni el dedo ni el capuchón del

bolígrafo, y otorgo escasa confianza a mis posibilidades de percibir debidamente cualquier

onda sonora. Efectivamente, el Presidente Portillo dijo lo que me pareció oír y entender, o sea,

lo que sigue: "Hoy, 9 de octubre de 1977, declaro solemnemente clausurada la exposición

Méjico-77. (Arriba España ¡Viva Mejico!") Reconforta escuchar el hermoso grito de la

esperanza española en labios de un presidente americano —y mas del Presidente de aquella

tierra inmortal que fue bautizada con el nombre de Nueva España—, singularmente cuando tan

ambiciosa invocación no ha sido pronunciada por ningún gobernante español a partir del 20 de

Noviembre de 1975. Asi vamos de cabeza para abajo. Gritar ¡Arriba España! me atrevo a

suponer que es un delito —acaso perseguible de oficio— aunque eso no impide que algunos

jóvenes y viejos españoles lo cometan en la calle. Cuando hace unos meses el Papa Montini

terminó su homilía diplomática ante los Reyes con esas mismas palabras tan cuidadosamente

evitadas por nuestros gobernantes, todos ellos se quedaron pasmados y algo dolidos. Supongo

que a partir de su generoso gesto. Señor Presidente, se les va a ir haciendo callo. Me atrevo,

por mi cuenta, a responder con un ¡Arriba Mejico! que me sale con tremenda sencillez. Deseo

para Méjico su escalada feliz con el buen fuelle de Diego de Ordaz al trepar a "la montaña que

fuma". Espero que usted comprenda. Señor Presidenta, que por nada del mundo me hubiera

lanzado a gritar ¡Arriba el Vaticano! sintiendo en mi corazón todo lo contrario. Méjico, gracias al

Dios de Cortés, es otra cosa. Luego he conocido sus palabras de hoy sobre la importancia del

municipio en España, fuente de la verdadera democracia, y he recordado la alegría con que

estudiaba mi Cortés, mi Bernal y también mi Madariaga a la hora de escribir "Cuando los

dioses nacían en Extremadura", que es como una pequeña biografía de la empresa de Cortés,

del propio Cortés y de sus hombres. La luz de Roma entraba por mis ventanales cuando yo

describía la fundación de la Vida Rica de la Vera Cruz y gozaba con la maniobra política del

bachiller por Salamanca y le veía dibujar el plano de la ciudad sobre la tierra con la rama de un

árbol. Mi vecina de enfrente se llamaba Paulina Borghese y estaba desnuda y yo pensaba que

no se le hubiera escapado viva a Cortés, que era muy galán, y recordaba cómo revistaron

desde las naves él y sus capitanes y sus soldados, la costa de lo que iba a ser Méjico mientras

rochaban los viejos romances castellanos... Gracias, señor Presidente; por un instante he

podido olvidar con su grito de ayer y sus palabras municipales de hoy, la dolorosa pasión de los

hombres y las tierras de España. Pero a ella he de volver con mi terquedad de navarro (ya que

no de Caparroso, como aquel Pablo Rada a quien vi y admire de mozo y con quien hablé

palabras de verdad en Cali, al menos de Pamplona). Decir navarro es decir español dos veces,

requetespañol, español hasta las cachas, hasta el tuétano y hasta después de la muerte. Y eso

pese a la jota que determina tres condiciones para ser un buen navarro aunque uno sea da

Pamplona. Por cierto, yo, con Paulina Borghese, "née" Bonaparte, nada Vecinos y nada mas.

Reconozco, eso sí. que, por lo que fuera,me perdí un buen cuero.

Rafael García SERRANO

 

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