Autor: Jato, David. 
   Compraventa de amnistías     
 
 El Alcázar.    11/10/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

COMPRAVENTA DE AMNISTÍAS

Vivimos en é paraíso de las amnistías. En ninguna otra nación del planeta se producen con

tanta frecuencia y amplitud. Tal vez por ello, como si nos fuera de aplicación por derecho

consuetudinario, numerosas organizaciones europeas, estatales y privadas nos piden,

periódicamente, el perdón absoluto para crímenes recientes, sin arredrarles ni poco ni mucho la

contradicción de que en los países solicitantes mantengan el máximo rigor con aquellos que

colaboraron con los vencidos en la última guerra, concluida hace ya treinta y cinco años.

Convierte buscar la explicación de este fenómeno que viene arrastrándose desde el pasado

siglo. Para Ángel Ganivet, la raíz de estos hechos está en la propia naturaleza de los

españoles, justicieros y duros en los momentos inmediatos al delito y blandos ante las culpas

más siniestradas, pasados los impulsos iniciales. La desordenada actitud da resultados

gravemente perturbadores que dañan la justicia. La amnistía que ahora se negocia está de

espaldas a la necesaria ordenación jurídica de la sociedad y lo que es peor, no la promueve un

sentido humanitario, se trata de un bastardo trueque de conveniencias políticas partidistas. La

propia Iglesia, que ya no parece de Cristo, no pide perdón para todos los que sufren falta de

libertad por delitos personales, atentados e la propiedad, o por estar inmersos en las mil

debilidades de la naturaleza, solamente alude a los militantes políticos, incluidos los "liberados",

es decir criminales a sueldo. Mostrando que el oportunismo político y el perdón cristiano van

paralelos, con motivo de las condenas derivadas de la Rebelión socialista de octubre de 1934,

en la Editorial Católica sa calificaba al posible indulto de "mal gravísimo" y "El Debate",

hermano mayor de "Ya", saliendo al paso de la amnistía señalaba rotundo: "De nuevo amenaza

quedar incumplida la justicia, con todos los quebrantos consiguientes para ia ejemplaridad,

para el orden social, para la autoridad y para la fuerza del Estado". Un hombre liberal Francisco

Cambó, dijo entonces, no en un improvisado mitin, sino en el Parlamento: "Yo pediría a todos

los señores diputados que nos comprometiéramos a que el día en que se discuta la reforma

constitucional se establezca en ella un precepto que dificulte la concesión de la amnistía en

España para los delitos que se llaman políticos y sociales aunque vayan acompañados de las

manifestaciones máximas de la delincuencia. Para esos delitos no hay más pena eficaz que la

pena de muerte, porque todas las demás penas vienen canceladas a los pocos meses por una

amnistía y todos deseamos que la pena de muerte se aplique lo manos posible. Recordad,

señores diputados y señoras del Gobierno, que en menos de cuatro años se han dado tres

amnistías generales ¿Creáis, señores diputados, que cualquier pana que no sea la de la

muerte —que todos hemos de tener interés en que no se prodigue — tiene ejemplar ¡dad

alguna? Si todos los que estan hoy encausados y tienen la convicción de que no se les ha de

aplicar la pena de muerte, están convencidos de que los años de presidio que se les impongan

no han de tener efectividad alguna, porque regirán las mismas normas que han regido en los

últimos años, y a los ocho, diez o doce meses se verán amnistiados, entonces el espiritu de

justicia habra desaparecido en el ánimo de los legisladores y se impondrán el espíritu de

conmiseración que se expresa en la amnistía". Hemos reproducido "in extenso" el testimonio

del autonomista catalan, que se nos pone estos días como ejemplo de espíritu abierto, por

entender que tiene valor comparativo. Con A relatamos un episodio revelador de un sentido

cristiano del perdón, extraído de la breve historia de la Falange fundacional Con premeditación,

alevosía y nocturnidad el siete de agosto de 1935 fue abatido a balazos el falangista sevillano

Antonio Corpas, modesto dependiente de un establecimiento de hostelería. Herido de muerte.

Corpas reconoció a uno de sus agresores se llamaba Jerónimo Misa, un sujeto expulsado por

indeseable de la Federación Anarquista Ibérica y recogido por el Partido Comunista. Corpas

reprochó patéticamente a su asesino cuando la policía le llevó a su presencia, horas antes de

su muerte:

¿Qué te he hecho yo para que me mates?

Recordó entonces que su agresor iba la noche del atentado vestido de otra manera.

Encontradas las ropas descritas y confirmado por varios testigos. Misa confesó, y en su

declaración ante el Juez, dijo haber recibido, para cometer el asesinato, veinte pesetas, del

mismo Partido Comunista que ahora se sienta en la Moncloa. Fue condenado a muerta. Por

entonces Josa Antonio intervino en un acto público en el Frontón Betís en el que comenzó

diciendo con la emoción de cuantos le escuchaban: "Y a nosotros —lo sabéis bien hermanos

de Sevilla— que no hemos rechazado nunca una lucha de frente, no nos importa, en esta

mañana de domingo, ser los primeros en pedir el indulto de Jerónimo Misa". Era una limpia

actitud en la que no buscaba despreciables efectos electorales ni la compra de votos

parlamentarios como en la rédente amnistía llamada de la "Reconciliación". En las cuarenta y

ocho horas siguientes al anuncio de la nueva grada, que es total para los crímenes de la E.T.A.

este grupo mostrando para que le sirve el perdón y la debilidad, realiza uno de los atentados

más sangrientos de los últimos años; sa manifiesta en Bilbao pidiendo "Independencia y

Soberanía"; un ministro, como sino le cupiera responsabilidad en ello, confirma la existencia de

un impuesto revolucionario para la implantación de un territorio marxiste separado de España;

en determinados barrios de San Sebastián "Comisiones de Vigilancia", mantienen un orden

subversivo, y se cursan instrucciones para et adecuado reagrupamiento de los batallones de

"gudaris". El Partido Comunista, mientras pacta por arriba ganando tiempo y posiciones, atiza

la rebelión de sus masas y saca a los puestos de periódicos "El Maquis" con la estampa en la

portada de un campesino armado. El P.S.O.E., en la primera plana de su órgano central, exalta

a Companys de forma que aparece como un organismo de asesinos el vigente Tribunal de

Justicia Militar. Ante la indefensión de quienes siguen creyendo en España, resumida en la

patética carta de Augusto Unoata al ministro del Interior, cabe preguntarse si contamos con

hombres que gobiernan o espectadores impasibles de la disolución de la Patria.

David JATO

 

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