Autor: Izquierdo Ferigüela, Antonio. 
   En reposición     
 
 El Alcázar.    20/10/1977.  Página: 20. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

EN REPOSICIÓN

A una sola línea da "La Ventana Indiscreta" ("Mañana será tarde", 18 de octubre) contesta don

Juan de Arespacochaga y´ Felipe, alcalde de Madrid, con una carta. No es un abuso de

autoridad. Es una explicación tan lamentable que lo generoso hubiera sido no publicarla. Como

el señor Arespacochaga entenderá lo contrario, accedemos, sin embargo. Dije —y vuelvo a

decir— "hemos asistido, con sonrojo, al servil comportamiento de un Alcalde, ex franquista

histórico, que inclinaba la cabeza ante Dolores Ibarruri o Santiago Carrillo..." Pues bien: no hay

que suprimir ni una sola coma. Si alguna duda me cabía al respecto, hoy ha quedado aclarada:

mas o manos era de común conocimiento el juicio de que Arespacochaga no pasará a la

historia de Madrid alineado con los grandes alcaldes de la Villa y Corte, si bien es verdad que

esta falta de estatura puede disculparse en la medida en que su gestión se ve agobiada por la

agitación marxista que, planificada en Bucarest, cerca día y noche a la Casa da la Villa. Lo

malo es que desde hoy todos vamos a estar en el secreto de que también es un mal político. La

explicación a su presencia en la Casa de Campo no puede ser más endeble, ya que sólo en la

medida que pudiera acreditar su presencia en otras asambleas de partidos o festejos

ideológicos, cabría una excusa tan gruesa. Que su anticomunismo sea conocido no añade ni

quita nada a la cuestión de la presencia del Alcalde de Madrid en la Casa de Campo. Que

fuese beligerante, combatiente, frente al comunismo, es cuestión de la que no soy responsable.

Duda de mi posición antimarxista y de mi resolución de combatirlo en caso necesario. Sólo

puedo asegurar dos cosas: en 1936 tenía cuatro años; en 1977 tengo los suficientes para

haber elegido, en libertad, mi posición. Soy fiel a lo que él fue fiel y ya no lo es y estoy más

cerca del honor de la Medalla Militar —perdóneme la inmodestia— ganada por un antecesor

suyo en la Casa de Campo que de su sumisión, pareja a la de tantos otros que entregraron una

victoria al adversario y que derribaron un Régimen que no les pertenecía por entero. Comparto,

en cambio, su anhelo de futuro. Pero me temo que si el futuro está determinado por te

liquidación de los Crucifijos en las instituciones públicas; por la libertad, sin condiciones, de

asesinos a sueldo; por el atropello a la Ley y por permanecer impasibles ante manifestaciones

en las que se amenaza a un sector de la población española, asegurándole que sólo le quedan

tres meses de vida, puedo garantizar que ese futuro no me interesa nada o me interesa desde

una óptica distinta a la suya. No hay ánimo de reconciliación en el marxismo, sino de abierta

revancha. El señor Arespacochaga estuvo en la Casa de Campo y pudo escuchar gritos

intempestivos contra los Reyes de España o contra aquellas cuestiones que acaso defendió

ardorosamente durante la contienda civil. Su actitud anta La Pasionaria no fue noble; fue

incongruente y lo más que puede reportarle a cambio, créame, es una patente de "tonto útil". Si

fue servidor del Régimen —subsecretario, si mal no recuerdo— acaso no permanecerá

impasible ante la expulsión de las efigies de Francisco Franco de Ayuntamientos y

Diputaciones, a la mutilación de monumentos a los Caídos —los caídos, fueron, en gran parte,

sus camarades muertos ¿o no?— a toda suerte de ofensas, vejaciones, que se vierten sobre

los hombres y las cosas del Estado del 18 de Julio. De ese Estado, no fui nada, salvo subdito.

No ocupé cargo alguno ni recibí más monedas que las que gané con mi trabajo cada día. No fui

siquiera concejal. Nada debo ai franquismo ni al Régimen. Pero en cambio me debo a mí

mismo cierto respeto. Y como muchas veces grité hasta enronquecer aquello que ustedes nos

enseñaron a los de mi tiempo de "Franco, sí, comunismo no", sigo en mis trece. Pertenezco a

una generación desdichada que ha visto envilecerse a muchos da sus maestros, achicarse a

algunos de sus mayores y evolucionar, atropelladamente, a quienes usufructuaron una victoria

por el sólo hecho de permanecer en unos puestos con honores y prebendas. Desde mi posición

de hombre libra, de periodista modesto, de español de filas, estoy en el derecho de mirar con

un infinito desprecio a cuantos no han tenido la gallardía de defender un Estado de Derecho, ni

de alzar una sola voz —una sola hubiera bastado— en defensa da la memoria del más

importante estadista de nuestra historia. Desde esa posición dos cosas sí puedo garantizar

jamás aspiraré a ser alcalde, pero jamás me veré en la obligación de inclinar la cabeza ante

asesinos. No sé si será Arespacochaga un buen o mal Alcalde, porque hace mucho que no

ando en eso de la crónica municipal, pero tengo derecho a suponer que su viste a te Casa de

Campo no esta entra las obligaciones estrictas que le otorga la presidencia de la Casa de la

villa. Yo no confundo el patriotismo con el partidismo. Tanto es así que no pertenezco a partido

alguno. Creo en pocas cosas, pero firmemente. Y por desgracia he tenido que eliminar de esas

pocas cosas en les que creía, a muchas figuras que han dado • España y al mundo una Insólita

lección de cobardía. Sépalo usted, señor Arespacochaga: ente algunos enemigos, fieles a sus

ideas y léate* con su pasado, por mas borrascoso que resulte, me descubro. Ante "su gesto",

me tiro al suelo de risa. Discúlpeme, sea bueno y no me escriba mas.

Antonio IZQUIERDO

 

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