La ley del silencio     
 
 El Alcázar.    24/10/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

instantánea

LA LEY DEL SILENCIO

La manifestación convocada en Madrid contra el terrorismo ha servido, aparte de para sus fines

propios, al demostrar que en España la calle no es sólo de los marxistas, para poner de

manifiesto la ley del silencio que rige a ciertos medios de comunicación en cuanto se relaciona

con los sectores de opinión que mantienen la fidelidad a esos principios del 18 de Julio que, en

cerca de cuarenta años de vigencia, llevaron a España a unos niveles de progreso, bienestar y

concordia, que se están desmoronando en cuanto han sido traicionados. En los días que han

precedido a la manifestación, ha resultado difícil, cuando no imposible, leer, ver o escuchar

informaciones que sirvieran para poner en conocimiento del pueblo el acto que se proyectaba.

Esa «sagrada misión de informar» que tanto se alega como justificación, por unos, de los

medios de comunicación privados y, por otros, de los del Gobierno, que ellos llaman «del

Estado», ha brillado por su ausencia. Ni la televisión anunció la manifestación, ni muchos

periódicos lo hicieron, mientras otros se limitaron a publicar notas vergonzantes, en forma casi

oculta. Se podría argüir que era un acto organizado por un partido político y que los medios de

comunicación «independientes» no tienen por qué servirle de tribuna. Pero basta recordar la

amplia, tenaz y agobiante información que esos mismos medios de comunicación dieron sobre

la «Diada» de Cataluña, sobre la fiesta del PCE, sobre las diversas «marchas de la libertad»,

incluso sobre manifestaciones organizadas en favor de los asesinos de honrados ciudadanos,

para demostrar la forma discriminatoria en que se ha actuado contra unos españoles, fueran o

no de « Fuerza Nueva», que intentaban hacer patente su repulsa contra el terrorismo y la

política claudicante del Gobierno. No ha sido la independencia informativa ni la fidelidad a

líneas editoriales (¿o acaso el separatismo, el comunismo y el terrorismo están en ellas?) la

que ha actuado, sino laley del silencio, una turbia ley del silencio que el terrorismo «intelectual»

ha impuesto en España, en sustitución, más rígida y menos coherente, de la denostada

censura de la época del franquismo. El resultado ha sido un duro revés para tales medios de

comunicación. A pesar de la ley del sii >ncio, cientos de miles de españoles se han

manifestado en las calles de Madrid, demostrando con sus voces, claras y rotundas, que el

silencio no se impone con engaños. ¿Han pensado algunos periódicos cuántos de sus lectores

estaban en esa manifestación? ¿Dónde queda la manoseada teoría de que el periódico es la

expresión de la voluntad de sus lectores? Las aguas turbias se van aquietando y cada vez

resulta más fácil la valoración de fas conductas individuales, colectivas e institucionales. La ley

del silencio ha sido ante los ojos de cientos de miles de madrileños, la expresión de la cobardía

y el fariseísmo que reinan en calificados-sectores.

 

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