Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   No hay amnistía para España     
 
 El Alcázar.    15/10/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

CRÓNICA DE ESPAÑA

NO HAY AMNISTÍA PARA ESPAÑA

¿Caben la esperanza y el optimismo a estas alturas del proceso revanchista? ¿Cabe hacerse

ilusiones sobre un positivo desarrollo democrático? ¿Cabe esperar ya en el trunfo de la justicia,

de la libertad y de la paz? ¿Cabe aguardar que los cambios operados en nuestra sociedad nos

deparen opciones de bienestar en vez de recaídas en la ignominia? ¿Cabe suponer una

mutación de los hábitos desde los que nos hundimos? ¿Cabe admitir que los medios políticos

de que se valen los pactantes de la Moncloa nos conduzcan a la consecución de objetivos

nacionales satisfactorios? ¿Caben, en esta hora oscura de España, sueños de convivencia, de

paz, de orden, de bienestar y de progreso? ¿Cabe imaginar que podamos conservar intactos

los valores inmutables de la conciencia nacional española? ¿Cabe la posibilidad de que el

corazón se encienda con la emoción de la grandeza de la Patria? ¿Caben en el marco político

actual la gloria y el orgullo de españoles? ¿Cabe esperar en la grandeza de un destino

histórico? ¿Cabe que nos sintamos seguros de los resortes de la unidad? Las cuestiones que

nos propone la más viva actualidad politice son así de lacerantes. Y a plantear las cuestiones

vitales de nuestro futuro con esa crudeza, nos obliga el realismo requerido por el Monarca ante

una unidad de la Legión. La demanda del Monarca nos sitúa ante el imperio de la verdad al

servicio de España. Nos requiere a no disfrazar los hechos en función de debilidades serviles,

enmascaramientos aduladoras, deformaciones petulantes o torpes triunfalismos. En razón de

ese imprescindible verismo político a que se nos solicita, debemos ratificar el «delenda est

Hispania» de Aquilino Duque, a que ayer me refería. Pero hemos de añadir aún más, como

consecuencia de la jornada parlamentaria de hoy. Hemos de proclamar la conclusión inevitable

que sugiere el espectáculo aministiador España ha sido puesta de rodillas. Quiero decir que el

cúmulo de preguntas planteadas desde la actualidad, en la embocadura a esta crónica, tiene

como respuesta un dramático desenlace negativo. Ese no estentóreo, esa proclamación da la

más burlesca afrenta que acaso haya sufrido España desde las Cortes de Cádiz, esa

confirmación del encenagamiento, definen el único balance posible a los den días del segundo

Gobierno Suárez. con cuya impúdica conmemoración nos ha hecho desayunar la prensa oficial.

¿Que otra interpretación puede darse al golpe de mano gubernamental, en convivencia con el

marxismo, merced al cual se adelantó sorpresivamente la aprobación de b ley de amnistía?

Cuando todavía no han comenzado a pudrirse los cadáveres de tres servidoras de España,

asesinados al amparo de la permisibilidad, lo» parlamentarios se reúnen para extender nuevas

guías de santidad laica a los asesinos que no pudieron patar la ancha trama para la impunidad

resultante de la anterior amnistía. Cuando los asesinos «extrañados» reiteran su burla a la

autoridad, se mofan del Estado y hacen escarnio da los más sagrados símbolos exaltados por

el Monarca ante b Legión, los parlamentarios españoles dimiten de los más elementales

principios defensivos de la convivencia, y extienden al terrorismo pasaportes para la orgía

aniquiladora de España. Cuando las milicias marxistes establecen controles en las ciudades del

norte, las voladuras se encadenan, las violencias revanchistas se suceden y b degradación de

la autoridad del Estado alcanza niveles de máxima humillación, el Gobierno y la Cámara de

Diputados avalan con la amnistía a los criminales y a los reos de un permanente deinquir

contra b soberania y contra b Patria. Me pregunto angustiado si nadie en el hemiciclo

parlamentario habrá sentido subírsele al rostro b vergüenza de ser protagonista de tamaño

desafuero. Me explico b torva seguridad destructora de socialistas y comunistas, pues es lógico

que protejan a los suyos. No me sorprende b proclividad amnistiadora del Gobierno, pues hace

tiempo que sus propios hechos lo han calificado para b Historia. No me encocora el viscoso

invertabralismo de ciertos sectores socialdemócratas» y liberales, predispuestos siempre a ser

mandatarios de ancestrales animosidades contra lo español. ¿Pero y todos esos otros

parlamentarios que guardan en sus biografías actitudes, proclamaciones y juramentos de

fidelidad a España y a todo lo que significa b presencia de España en b Historia? ¿Dónde está

su hombría? ¿Dónde ha ido a parar su patriotismo? ¿Dónde debemos buscar aquellos valores

en razón de los cuales fueron votados? ¿Dónde han acabado tos ilustres sentimientos

proclamados? Un verso acusador se me viene a b memoria en esta hora de defecciones y

deshonras. Creo recordar que arrancaba así: «Espeso hedor de una total gangrena...».

¿Pero hay nadie capaz de entender que una democracia abortada por sus propios

engendradores escupa tan grotesca amnistía, denigratoria para b Patria, en el instante mismo

en que el Gobierno intenta promulgar b más brutal tay represiva que España ha conocido

desde aquella otra invención democrática de b Ley de Defensa de b República? ¿Pero puede

ser una dase política tan daga, estúpida, servil o conspiratoria como para amnistiar a los

asesinos de b libertad, de b dignidad y del honor en el momento mismo en que se habla de

implantar sistemas represivos de extremosidad sovietizante? ¿Pero no está ya ctaro para

quienes debe estarlo que b amnistia es el precio pagado por aquellos a quienes sólo importa

permanecer en el disfrute del poder? Una conclusión se impone, cuando anochece el 14 de

octubre. Aunque sea tétrica, responde a verdad y a emplazamiento histórico: b clase política ha

puesto a España de rodillas; b mano marxiste está presta para el tiro en b nuca. Para España,

en fin, no hay amnistía.

Ismael MEDINA

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