Autor: Paso Gil, Alfonso. 
   Luis María Ansón...     
 
 El Alcázar.    17/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Luis María Ansón ha escrito un bello artículo sobre el miedo, en la tercera de «ABC», y afirma

que los padres tienen miedo a los hijos, los profesores a los alumnos, y así sucesivamente. Es

una enorme cadena de subversión de valores que tiene que producir, lógicamente, miedo.

Miedo porque la violencia está a dos pasos del hombre de nuestro tiempo. Miedo porque esa

violencia proviene del miedo. Miedo porque ha habido tanto asesinato, tanto perdón pusilánime

y bajuno, tanta abdicación y tanta tontería regada con whisky y canapé que debemos tener

miedo. Miedo, naturalmente, porque nos amenazan con una huelga semanal de aviación.

Miedo, claro, porque la inseguridad económica es tan grande que nadie sabe lo que va a comer

mañana o lo que mañana puede vestir. Y en estas circunstancias es lógico que se tenga miedo.

Lo que quiero puntualizar —yo que escribí del miedo hace tanto tiempo— es que nada nos ha

predispuesto al miedo. Tenemos el vago recuerdo(p de una guerra civil de muchos muertos,

pero umuiC~*«nemos a las espaldas una paz fecunda, dígase loque se quiera. Y con buena

óptica, y sin mala fe, esa paz cuenta tanto como la guerra. Los que adorando el becerro de

hojalata se exculpan de sus traiciones diciendo que no vivieron la guerra civil, tienen que

exculparse también de un problema muy grave: han vivido la paz. Una paz casi impecable. Una

paz gestada y apadrinada por un gran patriota, un estratega singular y un hombre que nos

libraba del miedo. Es, en fin, el mecanismo de! Gran Padre. Cuando falta él, hasta los que no le

conocieron sienten el pavor de verse sometidos a lo extraño, a lo inconcebible. ¿Pero toda esta

algarada de miedo que, como hemos visto, tiene su justificación y que está producida por una

subversión de los valores morales y éticos de la sociedad es algo consustancialmente español?

Es decir... ¿ Es sólo el hom bre español, en España, quien tiene miedo? Ni mucho menos. Los

ingleses están muertos de miedo. Yo lo sé muy bien por mis amigos de Londres que, en

ocasiones, han pensado en abandonar su ciudad y marchar a otro país. ¿Y cómo están los

franceses? Aterrados, pendientes del crimen diario y de las espantosas matanzas colectivas,

del secuestro o del acto vandálico. ¿Conocemos, acaso, cómo están los italianos? Pues,

sencillamente, a la par que nosotros. Muertos de miedo. En Roma me decía, hace poco, un

ilustre escritor, que a partir de las cinco de la tarde volvía a Roma el espíritu destructor de

Galba y Vespasiano. ¿Pues qué ocurre entonces? Es muy sencillo. Está fallando el método. Es

decir, está viniéndose abajo la democracia liberal e inorgánica. Se hunde la partitocracia. Las

llamadas libertades formales son aprovechadas por las hordas det comunismo para crear un

caos, y allí donde encuentran más libertad, allí procuran más libertinaje. Si no se les opone una

gran fuerza, una comunión de ideas, todo un gran espectro de dignidades y de valores eternos,

los marxistas crean el terror basándose en la libertad. Ellos son los corceles del miedo.

¿Sabemos la forma de detenerlos? La sabemos. Domeñándolos, cercándolos, sometiéndoles

al mismo látigo implacable a que ellos están sometiendo a la sociedad cristiana, creando

Estados duros, cada vez más fuertes, cada vez más justos, pero más enérgicos, no dejándose

chantajear ni por las mentiras políticas ni por eso que se ha dado en llamar la fuerza de las

masas. Estando unidos y firmes, siendo uno solo frente a todos los demás peligros, el miedo

desaparece. Lo sé yo que cuando he temido morir por los míos y hasta ser sacrificado por mis

limpios ideales, que no son nunca violentos, me he refugiado en Dios y se me ha quitado por

completo el miedo. Lo malo es que a algunos Dios no les basta.

Alfonso PASO

17 — NOVIEMBRE — 1977

 

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