Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
   El pacto de la Zarzuela     
 
 ABC.    08/07/1981.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

MIÉRCOLES 8-7-81

OPINION

ABC/3

Pequeños relatos

El pacto de la Zarzuela

Hay ocasiones en que el escritor político, el comentarista diario, ha de ser sugeridor y no critico.

(Tampoco está prohibido que el escritor político pueda ser, a veces, laudatorio.) La sugerencia tiene un

riesgo, y que es el arbitrismo. En España somos dados a las soluciones en todas partes, en la tertulia, en la

tribuna, en los periódicos. Pero esta vez la sugerencia no me asusta, porque nunca hemos sido los

escritores políticos más desoídos que ahora. Así es que una vez que voy a ser leído, pero no atendido, por

quien proceda, me autorizo a la libertad de ofrecer una solución principal a la situación grave de la

democracia. Dos son los temas básicos y preocupantes: el temor al Ejército, porque repitan otro golpe de

Estado, y el estado de ruina del edificio de UCD, que es el partido que gobierna, y que representa

mayoritariamente el papel de interlocutor de la izquierda.

En el primer caso nuestras políticos se han olvidado de que a las Fuerzas Armadas se les ha designado

una misión en la Constitución, como es la de garantizar la soberanía e independencia de España,

defendiendo su integridad territorial y el ordenamiento constitucional». Esto quiere decir, lisa y

llanamente, que las Fuerzas Armadas tienen un papel político —en el más amplio sentido de la palabra—

dentro de los quehaceres nacionales. Con las Fuerzas Armadas hay que contar a la hora de hacer la gran

política del país. ¿Y qué es lo que preocupa a las Fuerzas Armadas? Sencillamente dos cosas principales,

entre otras: el terrorismo (que además les afecta directamente) y el proceso autonómico. Se me ocurre

entonces que debieran ocupar un sitio en la mesa cuando se trate de tomar conjuntamente medidas para

resolver esos asuntos. Pero nunca será una salida decir que un ministro de Defensa ya está sentado en la

mesa, y que existen jetes militares en los altos organismos de la vida militar. Eso no sería otra cosa que

una salida hábil. En estos momentos se impone una renovación de jefes militares en los altos organismos,

porque ya no gozan del prestigio interior en las Fuerzas Armadas, mientras que el ministro de Defensa

tampoco ha resultado tranquilizante. Esta es una realidad que está al alcance de cualquiera. Una vez que

hubiera jefes tranquilizantes para la mayor parte de las Fuerzas Armadas, y que al mismo tiempo no

fueran intranquilizantes para el Gobierno y la oposición, procedía sentarse en esa mesa para hacer todos

juntos esa política que afecta a las Fuerzas Armadas de acuerdo con el artículo 8 de la Constitución. No se

trata de un pacto con los militares, sino de un método inteligente y obligado de salir al paso de una

situación muy grave. Si en un tiempo el desgaste de Gutiérrez Mellado aconsejó su salida del Gobierno,

hoy están cantados los desgastes, entre otros, del ministro de Defensa, del teniente general Gabeiras, del

general Sáenz de Santamaría y del general Aramburu Topete. Quede constancia de que únicamente me

refiero al desgaste en la función, porque otras virtudes y servicios los doy por descontados. El segundo

asunto, la reconstrucción de UCD, es una exigencia personal de Leopoldo Calvo-Sotelo. si es que anhela

que permanezca su curva ascendente para ser el gran adversario de la izquierda en las elecciones

generales próximas. Pero tiene una exigencia mayor, y es que la ruina de UCD podría contribuir a la ruina

de la democracia misma, porque nuestro sistema es prácticamente bipartidista, a nivel de política

nacional, y jamás una democracia de esta imagen puede sobrevivir con un solo pie, o cojeando. La

reconstrucción del partido en el Poder no puede ser otra que la de un rejuvenecimiento de piedras y una

ampliación de la fortaleza. La reconquista y el liderazgo están hoy en las manos de Leopoldo Calvo-

Sotelo, por dos razones: porque preside el Gobierno, que ha sido siempre el maná de UCD. y porque su

imagen ha sido positiva desde su investidura por el Congreso de Diputados.

Sin estas dos cosas, realizadas a la mayor brevedad posible, el ambiente político seguirá siendo

endémicamente intranquilizante. Hay momentos en los que un país debe acudir a soluciones valerosas e

imaginativas. Y, por cierto, en una gran parte de estos asuntos, orientados a la consolidación de la

democracia. ,don Felipe González no puede ser un convidado de piedra. Cuando lo que está en juego es,

precisamente, la existencia normal de la democracia se impone otra vez «un pacto de El Pardo». En este

caso tendría que ser de algún modo, y en algunos aspectos, •>el pacto de la Zarzuela». Y una vez dicho

todo esto, a título de ese ejercicio inútil procedente de la funesta mania de pensar, celebraría solamente

haber resultado entretenido.—Emilio ROMERO.

 

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