La gallera sindical     
 
 El Alcázar.    19/11/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Instantánea

LA GALLERA SINDICAL

Inesperadamente, bajo el título de «Cara a cara». Televisión Española, que lleva uha temporada

aburriendo tenazmente a los espectadores, nos ha presentado uno de los más divertidos espectáculos de

los últimos tiempos, con e) encuentro a un sólo asalto, de media hora de duración, entre los pesos pesados

del nuevo sindicalismo español. Marcelino Camacho. de Comisiones Obreras y Nicolás Redondo, de

UGT. Tras unas frases de tanteo, y cuando parecía que el coloquio se iba a reducir a uno más de los rollos

habituales, los contendientes arrinconaron al arbitro y convirtieron el escenario en una galiera que hizo las

delicias del respetable. Sin proponérselo, ambos contendientes hicieron bueno aquello de «cualquier

tiempo pasado fue mejor», revalorizando las razones del sindicalismo vertical para liberar los intereses

laborales de interferencias sectarias de los partidos. El proposito de Comisiones Obreras de heredar las

estructuras sindicales del «antiguo régimen» que, por lo que se ve, no eran tan malas, lo hizo resaltar el

dedo acusador de Nicolás Redondo, cuando a ta defensa hecha por Camacho de las candidaturas abiertas,

para que los trabajadores elijan de ellas a los mejores, replicaba que era la misma norma de las antiguas

elecciones, «no democráticas», en la que se invitaba a los trabajadores a «votaral mejor». Viene al

recuerdo la sonrisa de José Solís. propugnando en el pasado tan bella teoría, sin querer saber que en unas

elecciones «los mejores» son siempre los mejor organizados. Y que tos mejor organizados, en unos

sindicatos abandonados por la frivolidad de una política suicida, eran los comunistas. Pero Nicolás

Redondo que ha vivido el sindicalismo por abajo y no sólo desde poltronas ministeriales, sí que lo sabe y

se niega al engaño de «votar a los mejores». «Vamos a presentamos cada uno con nuestra etiqueta política

—viene a decir— y que los trabajadores elijan sabiendo lo que eligen.» Camacho reconocía su condicion

de comunista, pero la negaba para Comisiones Obreras. Redondo no le hacia caso, y en sus

planteamientos colocaba a CC.OO. como opción comunista y a UGT como opción socialista. Lástima que

luchador tan agresivo no utilizara un golpe directo de efectos seguros: citar el número de dirigentes de

CC.OO. que lo son a la vez del PCE. En cambio, se hartó de llamar mentiroso a Camacho. ante la sonrisa

desconcertad de su contrincante: «Pero, bueno —parecía decir éste—. ¿es que Redondo no sabe que la

mentira es manusta-leninista? Anda, que si tuviéramos que tragamos todas fas que hemos soltado desde

que et Partido existe, no iba a ver purgantes en las farmacias para eliminarlas. No hay que ponerse así,

macho.» El dedo acusador de Redondo, seguía apuntando, mientras su dueño gritaba: «Mentira los resul-

tados de las elecciones en las empresas.» «Mentira te designación digital pan la OIT.» «Mentí´i

predominio de CC.OO.» Camacho aguantó el crups"´ como pudo. Luego, dijo eofloJ dor: • En lo principal

estamos > acuerdo.» El público esperaba qw R«^ do gritaba de nuevo: «¡Mentira Pero noto hizo.

ConelloseiJesli» algo el espectáculo. A lo mejon verdad que tos dos estaban acuerdo. Como esos

«paquetes* que les sueltan er% el ring salgw boxeadores mediocres para feo tar su promoción.

O que ambos se daban cuerna que se habían pasado. Oc í habían convertido et esw* una gallera, anuncio

de toqui" a ser las fábricas. Vaya usted a saber.

EL´ALCAZAB.

 

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