Autor: Jato, David. 
   De secta massonum     
 
 El Alcázar.    05/12/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

DE SECTA MASSONUM

MUCHOS recordarán aquellas ingenuas aleluyas del mundo al revés, en las que todos los presos se

convertían en carceleros y los carceleros en presos. Pues algo de eso ocurre con la masonería española,

legalizada por un Gobierno de católicos de todas clases, y que, por boca de su Gran Maestre, se erige en

defensora de la Iglesia Católica. Confieso que el tesón antimasónico de Franco me parecía más

propagandístico que real. No menospreció el poder de las sectas, pero lo consideraba en progresiva

decadencia. Mas ocurre que Franco no perseguía brujas en ese terreno, según se deduce de los datos

aireados por el Gran Oriente Español, que muestran cómo un treinta y siete por ciento de los

parlamentarios europeos pertenecen a distintas logias y gracias a ellos se montaban conspiraciones contra

España, con la ayuda de esos católicos que hacen de la religión una carrera política, como los Gil Robles

y los Alvarez Miranda. Ahora, emprendido el camino del laicismo, precio que pagaron nuestros judas, se

le abren al país todas las puertas, suponemos que incluidas las del infierno. Es un hecho demostrado que

la masonería fue utilizada como vehículo para destruir el poderío hispánico, y de forma concreta la usó

Inglaterra para minar el dominio español en América. Y es bien sabido que no lo hacía por afanes de

filantropía o libertadores, sino por sustituirnos colonialmente, y la prueba está en que todavía defienden

con envío de fragatas, territorios que entonces nos arrebataron. Con Oliverio Cromwell se perfila lo que

había de ser un tenaz forcejeo que toma cuerpo en la conquista de Jamaica; Cromwell sería, al mimo

tiempo, el gran impulsor de las sectas masónicas. Más adelante, la pérdida de Gibraltar supuso el

establecimiento de una base de expansión masónica hacia la península, que tomó un singular aspecto en

Cádiz, desde donde se enviaban agentes a los dominios americanos, que irían tejiendo la tela de araña que

nos conduciría a la catástrofe. En esa pugna, la masonería hizo un mismo frente contra España y la Iglesia

Católica. En la acción contra nuestra patria, al aprendiz de las logias españolas se le exigía «renunciar de

Cristo en cuanto Dios». La «Enciclopedia de la Francmasonería», de Albert Gallatín, pudo decir de

Benito Juárez y de otros muchos: «Sacudió de sus pies el polvo del catolicismo, repudió sus leyes,

dogmas e injusticias y fue Gran Maestro de la Institución Masónica». En el vasto y complejo mundo

masónico, existen diferencias, a veces fundamentales, y organizaciones contrapuestas, pero de todos los

tiempos y circunstancias tenemos pruebas abrumadoras de su odio obsesivo a la Iglesia. En consecuencia

fue reiteradamente condenado por Roma, desde Clemente XII a Pío X, pasando por Benedicto XIV, Pío

VIl. León XII, Pío VIII, Gregorio, XVI, Pío IX y León XIII. Es necesario ser imbécil, o considerar

imbéciles a los demás, para declarar como han hecho los masones españoles su «fraternidad» con la

Iglesia. La licitud del engaño, que suele atribuirse a Lenin o Marx, está escrita en el Talmud, que aprueba:

«Engañar a los idólatras haciéndoles creer que se es adepto a su culto». Con esa escuela, la infiltración

masónica en la Iglesia constituye uno de sus objetivos inalterables, que copiado por el comunismo obliga

al Papa a reconocer que los demonios se han infiltrado en la Iglesia. Para no irnos a otros planos distintos

de los hispanoamericanos, tenemos como agentes masónicos probados a Fray Servando Teresa de Mier,

los sacerdotes Ramos Arizpe, José María Mora, el párroco José María Alpuche, el presbítero José

Sánchez y los padres Jesús Bustamante, Norberto Guerrero, Juan Alvarez... Claro está, que la relación

podría ampliarse y trasladarla a otros apellidos menos familiares. Uno de los propósitos de esas tácticas

de infiltración consiste en sembrar el desconcierto. Los masones pueden, por tanto, presentar, por medio

de sacerdotes, argumentos en favor de su humanitarismo y respeto religioso, de la misma forma que

ciertos comunistas pretenden hermanar su doctrina con el cristianismo. Esa táctica se resume en un

enunciado masónico: «Conducir la acción e infiltrar la reacción.» Ya sabemos que quien quiere es capaz

de ver blanco lo que es negro, pero tal vez haga meditar a más de uno la enumeración del programa

aprobado por el Consejo Supremo de la Masonería hispana en 1868. que entonces fue considerado por la

lglesia como plataforma para destruirla, y que hoy, curiosamente, es defendida por católicos en la UCO:

«Libertad de cultos. Secularización de cementerios. Supresión de Ordenes religiosas y asociaciones de

caridad anejas a las mismas. Matrimonio y registro civil. Incautación de alhajas, ornamentos sagrados,

etcétera, dejando los objetos imprescindibles al culto y bajo inventario. Abolición del celibato

eclesiástico. Pasar un número determinado de iglesias a la clase de bienes nacionales.» Cumplidos tales

propósitos, se entendía que debilitada la Iglesia material y espiritual mente, la etapa posterior para

reducirla a la nada quedaba al fácil alcance de los planes masónicos. Así las cosas, ¿quién defenderá en el

tiempo que viene, y con el ardor preciso, a la Iglesia española? ¿Acaso los socialistas de González, los

comunistas de Carrillo, los voceadores de ateísmo como Tierno Calvan? ¿La defenderán los católicos del

Gobierno que mendigaron a la masonería el ingreso en un fantasmal parlamento europeo? ¿Ministros

como el señor Garrigues que se declara laicista, como si no bastara su entronque con grandes negocios

situados en el paralelo 33? ¿El presidente de las Cortes que se apresuró, ahora están claros los motivos, a

esconder la imagen de Cristo crucificado? ¿Los católicos que lucharon en la guerra, alentados por

sacerdotes, obispos y Papas, y ahora censurados por los mismos y tratados como apestosos violentos?

Envió: Si el pintoresco Gran Maestre prefiere que hablemos de casos determinados, por ejemplo, de

crímenes cometidos por la masonería en nuestra guerra civil, estoy a su disposición, tal vez le pueda

suministrar datos que desconozca a pesar de su rimbombante cargo, de igual manera que los españoles

ignoran quienes son las personas que verdaderamente mueven los hilos de la secta presentada

públicamente por unos teloneros de paja.

David JATO

 

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