Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   España muere a manos de la indignidad     
 
 El Alcázar.    05/12/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

CRÓNICA DE ESPAÑA

ESPAÑA MUERE A MANOS DE LA INDIGNIDAD

ll/VE interesa poco al número, aunque en las calles pamplónicas haya IVi habido casi diez veces más

gente de la que, sumiso a su dependencia, engaña «El País». Cuando se trata de afirmar la sustancialidad

de la Patria, el Destino nos sitúa ante una cuestión cualitativa y no cuantitativa. La existencia de Dios, nos

enseña la Iglesia, no puede reducirse a mera confirmación estadística. Tampoco la supervivencia de

España. España está por encima de la democracia. Y si acaso alguien pretende colocar a tos españoles,

aunque sea de forma artera, ante la alternativa suicida de democracia o España, no caben dudas:

España.es lo primero. Es lo permanente, mientras que las formas políticas, incluidas las democráticas, son

discutibles y circunstanciales. Quede claro desde ahora, por si acaso no lo era: muchos ciudadanos no

estamos diapuestos a morir pasivamente por España; lo haremos activamente, sin importarnos frente a

quien sea lo que sea. Hemos pasado ya la raya de la prevención ante los tópicos y los formulismos. Si de

algo ha servido la manifestación de Pamplona, ha sido para poner en daro que el gobierno Suárez ha

hecho posible, bajo la falsa moneda de la reconcialización, aquello que tos enemigos de España,

enroscados en su tomo, habían planeado: la esterilización nacional, en tomo a las dos actitudes radicales

de España y la antiEspaña. Las manifestaciones autonómicas rehusan las banderas españolas. Se emplean

para eludirlas los más falaces argumentos. Pero las excusas terminan por poner en evidencia el signo

inequívoco de la conspiración. Cuando aparecen españoles con redaños, dispuestos a mantener enhiesta la

bandera nacional, las milicias marxistes les hacen el carao, aduciendo te necesidad de protegartos. Ya es

suficientemente expresivo que sea necesario proteger la bandera de España en una manifestación

organizada por los partidos de la izquierda, con la connivencia, no sé ai cobarde o conspirataria, da UCD.

En Jaén, por ejemplo. un honesto ciudadano demócrata, ingenuamente convencido por la propaganda

encubridora de la escalada antinacional, ateo la bandera de España junto a la pretendida de Andalucía.

Hubo de plegarla y marcharse abochornado, entre subidos, insultos y puños en alto, mientras los

energúmenos gritaban a los asombrados vecinos que presenciaban el desfiles: «Afuera, cabrones; bajar de

los balcones». Viejas estampas olvidadas regresaban sobre las viejas calles, según demuestran tos trágicos

sucesos revolucionarios de Málaga. Bajo el pretexto autonómico, rebrotan los antiguos signos del odio y

la sed de matanza. Con la complacencia del Gobierno, determinadas confabulaciones han invertido 613

millones de pesetas para montar el tinglado autonomista de estos días, cuyo objetivo inmediato es

aterrorizar a la deredta. para luego destruir España. En toda Andalucía y en Galicia ha sido igual. El

gobierno del señor Suarez es culpable de haber favorecido una jomada revolucionaria y antiespañola de

neto signo marxista. Los incidentes de Pamplona se montaron en tomo a una táctica con inequívoca

etiqueta. En primer lugar, el apretado millar de oponentes a la multitudinaria manifestación de afirmación

foral y española, lo componían en su mayoría, inmigrantes guipuzcoanos, atraídos en los últimos años por

la expansión económica de Navarra. Sus puños cerrados y sus consignas fueron rabiosamente marxistes.

Y también su manera de hacer. Dos grupos atrajeron con insultos y conatos de agresión a un sector de la

manifestación, haciéndole perseguir hacia el corazón de la ciudad vieja. Allí, mientras recibían piedras y

ladrillos arrojados desde algunas casas, los manifestantes se encontraron frente a una anciana ptnaMbaw

s4 la lie ruadas, que apenas si podía sostener la «ikurriña». La escoltaban dos f Has de ancianos. Detrás de

ellos, con barras de hierro y otros instrumentos democráticos, se apretujaban tes milicias marxistas. La

literatura periodística estaba ya preparada. Alguien en Madrid tenía el título dispuesto: «Brutal agresión

fascista en Pamplona a un grupo de ancianos vascos. Una paralítica arrollada por los matones de la

ultraderecha.» Pero los ancianos sintieron miedo y desaparecieron antes del choque, llevándose a la

paralítica que se pretendía utilizar como cebo. Fue entonces cuando se produjeron algunas de las

cuchilladas alevosas por te milicia marxista en rateada. Las más graves tes sufrieron después jóvenes

aislados, agredidos sin piedad y a traición en el barrio viejo. Mi interés en el relato informativo de una

fase específica de la manifestación de Pamplona, está justificado en su enorme valor simbólico y en su

indudable fuerza expresiva de una situación. La entera política española se desarrolla en los mismos

términos de la trampa pamplónica a los navarros amantes de sus fueros y de España. Asi es en realidad la

estrategia combinada del Gran Oriente de Francia y del Comité Central del PCUS (Partido Comunista de

la Unión Soviética) respecto a España. Se quiere utHizar a toda costa al Estado, como la anciana

paralítica y a la democracia como su escolta de ancianos. Cualquier actitud gallarda en defensa de la

unidad de España y de los valores tradicionales de la conciencia nacional, están siendo mostrados y to

seguirán siendo con creciente insistencia y gravedad, como una sublevación fascista contra la democracia.

El señor Clavero Arévalo, ministro para las Regiones, ha destapado te verdadera entidad da los propositos

del Gobierno, por si alguna duda cabía. En declaraciones al correligionario «Le Monde», el señor Clavero

Arévalo ha dicho: «En la etapa de la preautonomía, las regiones podrán tener un Gobierno, pero no un

Parlamento. Será la nueva posibilidad de legislar, gracias a los estatutos de autonomía definitivos.» El

señor Clavero Arévalo está embebido en el espíritu de la Moncloa o ideología de «Los Pactos de la

Moncloa». Pero a diferencia del señor Suarez y del comisariado político de UCD, no enmascara los ver-

daderos perfiles del proceso político: convertir al Estado español en una mera federación de

nacionalidades, susceptible de variaciones en su entidad, mediante te expresión de la voluntad

democrática de tes El estímulo artificial de tos sentimientos autonómicos en regiones donde nunca existió,

te conversión en cuestión histórica de los separatismos nacidos a finales del siglo pasado al servicio de los

colonial ismas británico y francés, la falsificación grotesca de te democracia, te corrupción y solapada

persecución de los sentimientos patrióticos y tos otros conocidos mecanismos desintegradores,

respaldados descaradamente desde tos medios oficiales de inhumación, constituyen una gigantesca estafa

política, cuyo precio es España. Me cuesta mucho esfuerzo cordial creer que tantos hombres honestos y

patriotas como militan en UCD e incluso te representan en Las Cortes, ce hayan tomado de pronto en

muñecos estúpidos o en algo peor. Espero y deseo que su dignidad política les permitirá en última

instancia ser más fieles a tes prometan gracias a tes que obtuvieron votos, que a las exigencias

humillantes conque se les presione contra » de España desde tes centros de poder del facismo violeta y i

rojo. ¿Se plegarán suciamente a las instigaciones de uienes han transformado el proceso democratizador

en mera dictadura aniquiladora de la liberta, del Estado y de te Patria? Ha Bagado, en fin, te hora critica

de elegir entre España y te traición.

Ismael MEDINA

 

< Volver