Se acabó el desarrollo. 
 Volvemos al brasero  :   
 Menos luz, menos calefacción, más impuestos, más democracia. 
 El Alcázar.    10/12/1977.  Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Se acabó el desarrollo

VOLVEMOS AL BRASERO

Menos luz, menos calefacción, más impuestos, más democracia

Ahora que ya casi nadie puede firmar talones banca ríos, porque el dinero se le ha ido de las

manos a los españoles, incluidos los Bancos, se volverá a escuchar el «echa una firma», en el

entorno familiar del brasero. El Consejo de Ministros ha aprobado un Real-Decreto que limita el

combustible para calefacciones particulares y ordena, respecto a los establecimientos públicos,

que el calor sea rebajado a mínimos, adecuados a este momento en que se congelan también

los sueldos y salarios. Pero no sólo el calor se nos niega; en la Siberia-España, que se

aproxima también por el frente político, tampoco habrá luz. A la hora de florecer de los rateros y

delincuentes, el ciudadano verá aumentado el riesgo, merced a esta nueva «delicadeza

democrática» que supone reducir aún más el alumbrado público. Por si fuera poco, unos

proyectos de ley se elevan a las Cortes con el propósito de arrancar a los bolsillos hispánicos

unos diezmos más para contribuir al despilfarro esta*?,* 1?^-^ !?Vi?^´fyS8^gobiernos catalanes,

asesorías especiates y otras zarandajas, suponen uña buena partida *

Superado ya el desarrollo franquista en una carrera hacia atrás espectacularmente rápida, el

tiempo de los partidos políticos se acompasa de nuevo con la penuria, la alpargata, el frío y las

tinieblas. Apenas queda nada por recorrer; pero por afán de colaborar con los pactistas de la

Moncloa, ofrecemos la última decisión por tomar: En el próximo Consejo de ministros, mientras

se prepare el presupuesto para pagar a los partidos su destrozo de paredes con la propaganda

de las municipales, debe suprimirse el uso de los frigoríficos. El Decreto sobre el uso del botijo

obligatorio contribuiría eficazmente a poner a la democracia UCD en su sitio. Estas imágenes

no sólo pertenecen a un archivo de la historia: están, veladas por el paso del tiempo, en la

memoria de un pueblo que sufrió en su carne y en su alma el dramático desenlace de siglos de

desgobierno. Esa patética hilera de cacillos o esos dos exponentes de la industria nacional, no

están arrancados de la página de un saínete, sino de la tragedia de un pueblo que, unido y en

paz, superó la costra de caspa y miseria que le asfixiaba. Cuesta abajo, en una estúpida y

enloquecida carrera, España, si no lo remediamos, volverá donde solía.

 

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