Autor: García Serrano, Rafael. 
   Se me fue el santo a Cebreros     
 
 El Alcázar.    10/12/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

SE ME FUE EL SANTO A CEBREROS

VIERNES, 9 DE DICIEMBRE. Ahora que la peseta está más bien bajita —casi tanto como nuestro

Marcelino—, a los ministros de la joven democracia española, a sus más graves autoridades

parlamentarias, a los jefes de los partidos, a comisiones de los mismos, les ha dado por asomarse al

exterior, de modo que el que no está en la «saison» luxemburguesa, anda de turné por la URSS, Japón y la

China; quien no visita USA es porque anda más flojo de cuartos y se conforma con una escapadita a

París, que siempre ha sido divertido, o a Roma, donde puede alternarse la piadosa visita al Vaticano con

los placeres de Vía Véneto, o con la visita a Florencia, donde yace Giorgio la Pira, el primer muerto del

mundo en olor de democracia; tenemos políticos nuestros por todas las partes del globo, incluso en

Bruselas, que es una ciudad aburridísima desde que se retiraron los Tercios de Flandes, y mucho más

tediosa bajo el feliz reinado de Balduino y Fabiola, que son dos reyes tan empalagosos que los Papas

anteriores al Concilio Vaticano II ya los hubieran beatificado, por lo menos. Las cosas han cambiado y

ahora es más fácil la canonización del cura Paco, del «Maneken Pis», de Victoria Vera, o de Francisco

Ferrer Guardia. Estos viajes se hacen como peregrinación a la Santa Democracia —para solicitar

bendiciones o homologaciones— o a los santuarios de Nuestra Señora de la Estrella Roja, que sustituye a

la Virgen en la religión comunista, del mismo modo que Lenin hace de Cristo; Marx, de Padre Eterno —

hay quien dice que se dejó la barba de los antiguos catecismos precisamente por eso—, y Engels cubre el

papel del Espíritu Santo. Yo esto ya lo sabía y ahora lo he confirmado, al leer alguna recensión

periodística de la conferencia de mi viejo amigo romano Fernando Díaz Plaja, que calculo que pronto la

convertirá en libro y podré pasarlo, pero que muy bien, leyéndolo. A su conferencia no fui porque la daba

en el club XXI —que a mí me parece que se debería llamar «el siglo XVIII—, y no quiero crearle

problemas políticos al apoliticismo oficial de su distinguido fundador y empresario, señor Guerrero

Burgos, militar de oficio, por su primer apellido, y hasta antiguo nacional, a juzgar por el segundo, yo

diría, y porque, en definitiva, me parece que si en Madrid hay un lugar cursi por excelencia, es el club

XXI. Y, singularmente, desde que allí fue recibido oficialmente el marxismo. Edgar Neville, que de eso

sabía mucho, escribió, a propósito de los milicianos de retaguardia, marciales de barrio, siempre a bordo

de coches que hacían chirriar las ruedas en las curvas y abrían el escape de gases: «Además de todo son

unos cursis.» Lapidario Edgar. Carrillo fue, fundamentalmente, un miliciano de retaguardia, con su

Paracuellos a cuestas, y me atrevería a sostener otro tanto del dulce y franciscano profesor marxista, de

apellido Tierno, aunque de éste no poseo datos, ni militares ni de otro género. Parece que se acogió a la

FU E como a sagrado. También he conocido quien hizo del SEU otro tanto. Sí, de su cursilería socialista

y abracadabrante, puesta de manifiesto en su manera de hablar al país como si fuese un adolescente que

comienza la carrera de Derecho. Es tan superior atodos Tierno Calvan, que ha de disimularlo en algo así

como fraterno amor: «Hermano lobo, hermana gallina, hermano pájaro, hermano cerdo, hermano

español.» Lo que no sé bien es si los cursos del colegio «Adenauer» —¡qué desilusión va a llevarse Solís,

que fue una especie de exclusivista de Adenauer para los tiempos de la Oprobiosa!—, que se dispone a

impartir conocimiento político, imagen, buenas maneras y trucos electorales a los futuros cuadros de

mando de la UCD —lecciones ampliables a periodistas—, se harán con bolsa de viaje al extranjero o bien

pagando la estancia en España a los profesores. En este último caso, espero que la ya liquidada o

semiliquidada Academia de Mandos del Frente de Juventudes, que llevaba el nombre de José Antonio, se

instale ahora en Cebreros y lleve el nombre de «Adolfo Suárez». Los alumnos, en vez de bota alta

llevarán zapatos de ante, e izarán la bandera de la UCD cantando: «Yo soy el rata primero, y yo el

segundo, y yo el tercero.» Pero el caso es que yo quería haber escrito otra cosa y se me ha ido el santo al

cielo, o a Cebreros, que es su inmediata sucursal. Si me acuerdo ya lo haré mañana.

Rafael GARCÍA SERRANO

 

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