Navarra, Andalucía..., ahora Canarias. 
 Gografía de la revolución     
 
 El Alcázar.    13/12/1977.  Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Navarra, Andalucía..., ahora Canarias

BIOGRAFÍA DE LA REVOLUCIÓN•

Comandos entrenados sembraron el terror en Tenerife y saquearon la ciudad.

• Un muerto y varios heridos en la Universidad de La Laguna.

• La Guardia Civil precisada a disparar.

El clima revolucionario se extiende más allá de la Península, por todo el territorio nacional. Hoy

ha sido Santa Cruz de Tenerife la ciudad elegida por los entrenados comandos marxistes para

desafiar a la autoridad, destruyendo la convivencia y entregando a la muerte a un joven, que

será capitalizado mañana por sus propios asesinos: Los comunistas y socialistas de una u otra

Internacional, dispuestos a envenenar a la juventud y lanzarla con premeditación a las acciones

violentas, las barricadas, el saqueo y el ataque a las Fuerzas del Orden, que, agotando todos

los medios de persuasión son forzadas, en circunstancias extremas, a defender su propia

integridad personal. Así ha sucedido en el caso del guardia civil acorralaho por sesenta

agresores, «incontrolados», para las notas oficiales de turno, pero bien manejados por sus

auténticos patronos de la KGB y los partidos que siguen sus directrices. Mientras el Gobierno

Civil sigue la política neutral, tan del gusto de la UCD, y se expresa con torpeza de colegial

ante su primera redacción escolar, al dar a la publicidad que «lamenta tristemente» los hechos,

como si se pudieran lamentar con alegría, Tenerife ha sufrido el asedio de una huelga general

manejada por más de mil personas integradas en piquetes y comandos —con arsenales como

el que figura en la fotografía—, cuyas acciones van, desde apedrear o tirar neumáticos

incendiados a las Fuerzas del Orden, hasta pretender hacer explosionar una estación surtidora

de gasolina, previo incendio del camión suministrador, pasando por arrojar clavos acodados en

las carreteras, destrozando las ruedas de los vehículos y produciendo una alteración de tráfico

dramática. Una jornada revolucionaria más que anotar entre las que ya van siendo frecuentes

en medio de la pasividad de un Gobierno, cuyo presidente —no digamos ya algunos de sus

ministros más íntimos— debería de haber dimitido y dar paso a un gabinete de reconstrucción

nacional, integrado por gentes desligadas de intereses partidistas, capaces de dar una

respuesta seria y sin tapujos a la subversión marxiste. Si hace ya tiempo este recambio era

preciso, la extensión de la provocación y la gravedad de las alteraciones ocurridas ya en varias

ciudades españolas lo hace argente y sin apelación.

 

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