Autor: Paso Gil, Alfonso. 
   Los catalanes jurando     
 
 El Alcázar.    13/12/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

digo yo que..?

LOS CATALANES JURANDO

YA saben ustedes, porque lo he dicho en muchas ocasiones, que mi madre es catalana. Pero no una

catalana ocasional, sino hija de catalanes y nieta de catalanes. Del mismo modo que mi padre era

granadino, hijo de granadinos y nieto y bisnieto de granadinos. Yo he sido arrullado de niño en catalán y

me han cantado canciones de cuna catalanas. Mi madre fue primera actriz de teatro catalán con Enrique

Borras. Y, en castellano, primera actriz también con Francisco Morano. O sea, que renegar de mi sangre

catalana seria una majadera actitud. Yo admiro muchas cosas de tos catalanes: su sentido del civismo, su

ceremonia; y detesto otras, naturalmente: su afán por el taifa y el separatismo y su cloaca burguesa.

La otra tarde —ya no se puede hablar de noches en televisión—, contemplé la ceremonia del juramento

de los «consellers» ante el Honorable Tarradellas, presidente de la Generalidad y jefe de oficio del cantón

catalán con capital en Barcelona. El juramento se prestaba en catalán, lengua que entiendo perfectamente,

si bien no puede hablar. Yo pensaba, observando la escena, que los catalanes, que suelen ser muy serios,

estaban cayendo en uno de los vicios más consuetudinarios con el alma española: el de jurar. Yo creo que

habré jurado en mi vida unas veinte o treinta veces, y ello en momentos trascendentales que, por cierto,

no iban unidos a la política ni a ninguna cosa parecida. Para mí, lo de juraren vano es tan horrible pecado

que si les contara intimidades a las que me han obligado mis juramentos se echarían a reír. Por eso, utilizo

con mucha más frecuencia la palabra de honor. Soy, por encima de todo, hombre de honor y cuando

empeño mi palabra en un asunto, la cosa va a misa. Pero allí, delante del Honorable, estaban los de

siempre, los que juran. La cosa me recordó, con pavor, los juramentos que se han pronunciado y tomado

durante los cuarenta años de Franco, nada menos que ante la imagen de Cristo en la cruz y los Evangelios.

Cómo se han traicionado después esas cosas, cómo se ha hecho mofa de !o jurado, es asunto que daría

para escribir un libro que podría titularse muy bien « Los españoles jurando». Y como aquí no le meten a

uno en Ja cárcel por perjurio, se puede traicionar lo que se dijo ayer y sustituirlo perfectamente por lo que

se dice ahora. Esta ceremonia debía suprimirse. Esoy seguro de que la mayoría de los españoles, cuando

ven a alguien en pie o de rodillas poniendo la mano sobre un libro, probablemente sagrado, y diciendo

que juran lealtad, etcétera, empiezan a cachondearse y no terminan. A mí me emocionó siempre de

pequeño un trance histórico del que alguna vez pensé hacer una obra, porque me ha perseguido

prácticamente desde mis años de estudiante y aún no desdeño, con el tiempo, la posibilidad de escribir esa

pieza. Un hombre bueno, un capitán afamado, Rodrigo Díaz de Vivar, exige juramento nada menos que al

rey de Castilla, Alfonso VI. En el sitio de Zamora ha muerta, a manos de Bellido Dolfos, el hermano del

Rey. Y Rodrigo, el Cid, exige de su rey el juramento de que no ha tenido nada que ver en la alevosa

muerte de su hermano. A regañadientes el rey jura. Eso le cuesta a Rodrigo Díaz de Vivar el destierro y la

incomunicación. Es una coyuntura histórica verdaderamente admirable. Es una pieza teatral de principio a

fin, es un gran diálogo entre un rey y su pueblo. He ahí un juramento edificante. Ahora, modernamente, se

jura y se perjura con enorme facilidad. Se trata de un asunto de puro trámite. Pero yo, cuando juré la

bandera de mi patria, me lo tomé en serio, sabía lo que estaba jurando, y he de cumplir ese juramento

mientras viva. Para mí jurar no es una cuestión frivola, no es un acto de un ceremonial más o menos

complicado. ¡Caray! Se trata de poner a Dios por testigo. Se trata, nada menos, que de algo trascendental.

Cuando el Honorable tenga la primera queja o sufra la primera traición, será el tiempo de recordar a ios

que juraron. Ignoro, por otra parte, si al Honorable le han pedido juramento. Cataluña, que es sangre en

mis venas, está un poco lejos de mi corazón. Pero, naturalmente, cuando abrace la bandera de España,

cuando comprenda que una unidad de destino en lo universal no puede fragmentarse ni cohibirse por

asuntos administrativos, Cataluña estará otra vez en mi corazón. Son cosas pasajeras. Los hombres de hoy

juran demasiado y suelen tener poca vergüenza.

Alfonso PASO

 

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