Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
   Bipartidismo     
 
 ABC.    25/06/1981.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 2. 

OPINION

ABC / 3

Pequeños relatos

Bipartidismo

Creo que procede acabar de una vez con el viejo tópico —convertido ahora en añagaza— de que una

coalición de la gran derecha o del centro amplio podría aconsejar la misma coalición en la izquierda entre

socialistas y comunistas, y a este efecto se recuerdan aquellas dos organizaciones políticas electorales de

1936: la Confederación de Derechas, de Gil-Robles, y el Frente Popular. No hubo tal frente nacional de la

derecha española porque Gil-Robles fue por un lado y la derecha monárquica, falangista y tradicionalista,

fue por otro: sin embargo, es históricamente verdadero que a partir del triunfo del frente popular en las

elecciones de febrero, la derecha comenzó a aglomerarse urgentemente hasta constituir la fuerza civil que

acompañó al alzamiento militar de juiio. Aquellos tiempos eran otros tiempos, y las dos mitades de

España, invitadas al exterminio, fueron evidentes. Las fuerzas políticas, medio siglo después, son las

mismas o parecidas; pero ha cambiado profundamente el clima y la relación entre ellas. Lo que entonces

era la Ceda es hoy Ucedé, y hasta los comunistas están dirigidos por dos supervivientes, como Pasionaria

y Carrillo. Las relaciones personales de unos y de otros son especialmente corteses, conviven

civilizadamente, alternan juntos en los restaurantes, pactan y negocian a la luz del día o en la

clandestinidad, y acuden juntos hasta en las manifestaciones. Esto no tiene nada que ver con el pasado. El

viejo cliché ha sido roto por el cambio pacífico, por el consenso, y ahora por la concertacíón.

Pero un buen día. en la primavera española de 1981, apareció sorprendentemente, y trascendentemente, el

triunfo de los socialistas de Mitterrand en Francia. Este triunfo no era raquítico, sino glorioso. Reaparecía

un poder político en Francia de grandes Semejanzas con aquel del general De Gaulle, pero titularizado

ahora por un francés. Nunca dudé que incluiría comunistas en su Gobierno. A la izquierda en el poder no

la haría nunca feliz que la otra izquierda le pudiera alborotar la calle y el mundo sindical. Y este es el

ejemplo para España, Los socialistas podrían ganar las elecciones próximas, y si se produjera

holgadamente ese triunfo no podrían dejar de incluir en su Gabinete a los comunistas, por la sencilla

razón de que una izquierda comunista que tiene dos millones de votos, y las famosas Comisiones Obreras,

no podria estar ni olvidada ni suelta. Sin nada de esto, ya existe desde 1979 una evidencia de frente

popular en los Ayuntamientos. En estos momentos asistimos a la descuartización de UCD, cuando hay

siete millones de electores en el país de eso que se llama gran derecha o centro amplio. A poco buen

sentido que tenga Leopoldo Calvo-Sotelo —que tiene bastante— y sus colaboradores (algunos de los

cuales tiene menos) lo que procede es orientar inmediatamente la vida política española hacia el

bipartidismo de ese centro amplio —que es el término que irrita menos— y hacer una réplica positiva al

frente popular en puertas. Es verdad que sería mejor un bipartidismo de menos grados, a la manera como

han resuelto estas cosas Inglaterra y Alemania. Pero nuestros materiales políticos no son

desgraciadamente esos, Asíes que dadas todas estas circunstancias que menciono, y ante la probable

repetición en nuestro país del suceso político francés, lo procedente es la reconstrucción del partido en el

poder, la congregación de esas cábilas, la invitación a otras aposentadas en territorios próximos, y

prepararse a una respuesta bipartidista que viene a lomos de la Historia, y a buen paso, y siempre con la

prevención a la Historia que hacen los historiadores menos anecdóticos y que la adjudican versatilidad y

amnesia, la Historia no es de fiar.—Emilio ROMERO.

 

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