Consuelo de bobos     
 
 El Alcázar.    13/12/1977.  Página: 2-3. Páginas: 2. Párrafos: 4. 

CONSUELO DE BOBOS

Cuentan las crónicas que cierta tar en que sobre Santander caían chuzos punta, y conociendo su defensa

de la. ventajas climatológicas de aquella ciudad, un contertulio de rebotica sal la llegada húmeda de don

Marcelino Menéndez y Pelayo con, «!Vaya día!" * lo que, al parecer, replicó, de inmedia el gran sabio y

memorable escritor — quien no queremos llamar, como es costumbre, «insignepolígrafo», no porque no

lo fuera, sino porque las etiquetas tópicas son siempre funestas—, diciendo: «Ya, ya. jCóm estarán en

Bilbao!» Por supuesto, li anécdota no se resucita por razones autonómicas, sino para certificar d« manera

lo que la paremiología califi consuelo de bobos puede alcanzar h a los sabios más acreditados. Y com

entradilla, entre culta y valdemora. fotografía holandesa en la que vemí circular por las calles de

Amsterdan hombre con una pancarta en la que advierte: «Ando buscando trabajo.» Fundamentalmente,

para que nadie cuando se comente el creciente y alarmante número de trabajadores • paro, replique con un

«jCómo estar Amsterdam!», pretendiendo que nc consolemos con semejante melona* europeísta,

adelantándose, subrepticiamente, a calificarnos de bobos. Para consuelo de bobos —que, naturalmente,

dispondrán de traba publicamos la foto, que a nosotros consuela muy poco, acaso porque t entendamos,

por muchas crisis universales que nos descarguen et cómo puede pasarse de una situac casi pleno empleo

a otra de casi pl paro —o, al menos, de unos índice paro absolutamente insoportable jn breve espacio de

tiempo, mientras, idemás, se nos afirma que hemos entrado en el paraíso, como aquel que dice. En este

breve comentario eludimos cualquier acusación en relación con la abrumadora realidad de desempleo, y

nucho menos el ponerle nombres propios, tanto colectivos como individuales. Nos limitamos a decir que

no podemos conformarnos, consolarnos bobaliconamente, con cómo estarán en Amsterdam, por el hecho

de que aquí no se haya practicado, todavía, el paseo solitario con pancarta en solicitud del derecho al

trabajó, que es fundamental entre los derechos humanos, como es bien sabido y fracuentemente olvidado,

y a las pruebas estadísticas nos remitimos. Ciertamente, también nos brinda la fotografía la posibilidad de

otra comparación, y ésta en el terreno de las conductas democráticas. Porque la de ese hombre que

advierte, en una pancarta, «Ando buscando trabajo», es una manifestación, por muy individual que sea.

Una manifestación para un país en que la democracia es una realidad y no una amenaza, un bien general y

no un mal gravitante. No es una manifestación contra, sino una manifestación por. De igual manera, la

pancarta, aunque se adivina pesada y sólida, es una llamada, posiblemente un alegato, pero no es un arma.

Al paso del manifestante, los demás transeúntes no se ven amenazados, ni tiemblan las lunas de los

comercios esperando caer hechas añicos, ni los coches aparcados junto a las aceras deben temer por su

integridad. Por todo ello, tampoco en este sentido querernos que se utilice la fotografía para consuelo de

bobos. «Ando buscando trabajo.» Esa es la realidad profunda de esta fotografía, hecha en Amsterdam,

donde el paro alcanza solamente a un cinco ior ciento de la masa trabajadora. Y ahora sí lúe no queremos

seguir con las omparaciones.

 

< Volver