Autor: Jato, David. 
 De la UP a la UCD. 
 Una bien urdida estafa democrática     
 
 El Alcázar.    13/12/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

DÉ LA UP A LA UCD

UNA BIEN URDIDA ESTAFA DEMOCRÁTICA

• A mayoría de los españoles llegaron a creer que la I vuelta de los partidos políticos era algo así como el

encuentro con e) Paraíso perdido, la senda segura para la solución de todos los problemas. La desbordante

proliferación partidista fue una de las consecuencias de ese estado de ánimo. En las grandes capitales y

hasta en pequeñas ciudades surgían grupos, más o meros ingenuos, dispuestos a contribuir a la salvación

nacional. Como es natural, del mare mágnum de los partidos, la atención del español medio se fija con

más insistencia en la Unión del Centro Democrático, en razón de tener la responsabilidad de gobernar.

Recordemos cómo surgió este grupo. Ya bajo el mando de Franco, la evolución del Régimen se orienta

hacia la aparición de partidos políticos, aun cuando dentro de ciertos limites. Entonces, un sector del

Movimiento decide organizarse bajo et nombre de Unión del Pueblo. Se necesitaría un grado de

credibilidad excepcional para considerar que se trataba de idealistas dispuestos a mantener, a toda costa,

los postulados del Movimiento Nacional. Sus dirigentes estaban en las nóminas del Régimen y se

deducía, sin apenas lugar a duda, que se trataba de una operación para defender prebendas personales, ío

que se probaba, casi únicamente, con la presencia del aprovechado delegado de deportes, Juan Gich. Al

frente de estos madrugadores, el más significado representante de la Secretaría General, Adolfo Suárez.

Curiosamente, las siglas del grupo coincidían con las del partido fundado durante la Dictadura del general

Primo de Rivera No sólo había una coincidencia en las iniciales. La Unión Patriótica surge también

organizada desde el Poder, y salvados los hombres de buena fe, no tenía otro objetivo, para quienes en

ella ingresaban, que el usufructo de los cargos públicos. Uno de sus componentes, Aunós, dijo de la UP:

«Tono grisáceo, en sus mejores partes, y turbio, en las restantes, que corrían a alistarse en las huestes del

vencedor, porque lo único que les interesaba era estar siempre al auge.» Con la caída del general Primo de

Rivera, deja de ser la UP un medio para medrar, y se disuelve como un azucarillo en un vaso de agua. De

modo semejante, al morir Franco y dejar de ser la UP de Suárez un camino para escalar puestos, se

volatiliza sin dejar rastro Pero la idea de seguir enganchados a los presupuestos del Estado no abandonó al

grupo. Suárez desarrolló una serie de maniobras que desconcertaron a cuantos habían tomado en serio que

aquello tenía como fin continuar la política de los últimos cuarenta años. Ante las dudas expuestas,

Suárez llegó a decir a gentes del franquismo. «¿Cómo podéis pensar que yo no soy de los vuestros? »

Adolfo Suárez siguió utilizando el señuelo de que pretendía dar continuidad a la política de Franco,

dentro de la evolución que la nueva circunstancia exigía Muchos le creyeron, algunos con nombres

significativos, como Miguel Primo de Rivera y Urquíjo, quien actuó en las antiguas Cortes bajo ese

engaño, pues de otra manera, los franquistas tendrían que volverle la espalda y arrojarle a la cara su

actitud. Cabe la duda de si el repentino entusiasmo por el liberalismo parlamentario y enfervorizado

laicismo de tantos dirigentes actuales y del Movimiento Nacional les nace ahora o lo anidaban con

Franco, y era entonces cuando juraban en falso Asi, uno de los ponentes que redactan el borrador —nunca

mejor utilizado el término— de Constitución, encargado de la educación política de las juventudes en la

era de Franco, ponía, ¿por simpie coincidencia?, el nombre de Juan Jacobo a uno de sus hijos, e

introducía, hasta donde era posible, ideas cíe confusión moral en la organización que dirigía. Como

durante el pasado Régimen se lomaban las cosas de la Religión con seriedad, fue objeto de una

información promovida por Torcuato Fernández Miranda Las discuIpas del contumaz escalatorres, que

hoy le pondrían en carnes y pañales ante sus amigos marxistes, han sido cuidadosamente quemadas, con

un sinfín de cartas e informes que dejarían a ministros, subsecretarios y directores generales como

camanduleros del franquismo. La orden destructora, como puede suponerse, vino de la Presidencia.

Tras el referéndum, la UCO de Suárez, de cara a las elecciones, mantuvo la misma línea sutil y sinuosa de

la continuidad en el cambio. Mas como esto no es una historia, saltemos al guirigay actual de esa Unión

del Centro Democrático, que para asombro de propios y extraños, confesaba tener, en octubre pasado,

14.000 afiliados a nivel nacional- En alguna capital básica como Valencia, no llegan aires mil adheridos

y, cuando menos, en la mitad de los pueblos de la provincia, carecen de organización. Es de esperar que,

consolidado el grupo, se duplique el número de sus componentes, pues los cargos posibles, desde los

municipios a la Presidencia del Gobierno, suponen la seguridad de poder colocar a otros 14.000

ambiciosos. Meses después de instalarse en el Poder, declaran sin sonrojo que carecen de ideología y que

se hace preciso elaborarla. Curiosa confesión de que lo importante es ocupar los cargos y después, cuando

se tenga tiempo, confeccionar unas ideas. Desde el Gobierno, los nombramientos, no sometidos

precisamente al salaria mínimo, son continuos, pero el ansia de mando es insaciable y produce una

situación de permanente inestabilidad. El último temblor, que alguien del grupo, Ricardo de la Cierva,

definió como «crisis objetivamente histérica», tuvo como uno de los protagonistas a ese presunto Don

Juan, que se llama Ignacio Camuñas, del que dice la Cierva «disimula la importancia demoledora de sus

declaraciones con unas gotas de cinismo liberal, mas sigo pensando que no es un irresponsable a pesar de

las apariencias», Suárez juega, en eso que en «El País» se calificó de contubernios, con una baza

importante: cada uno de esos grupitos, ¡cuarenta y uno, nada menos!, caben alrededor de una mesa de

camilla y sin la pantalla de la televisión, que multiplica su tamaño, serían un mantón de enanosen el reino

de Trapisonda. De esa tormenta, que seguirá sonando, queda otra frase de Adolfo Suárez, ante quienes no

acaban de saber a que carta juega: «¡Pero si yo me considero también democratacristiano!» Con la

pretensión de ser tantas cosas al tiempo, se expone a que los ciudadanos le califiquen, cada vez con voces

más sonoras, con adjetivos que tal vez no le convenga escuchar. De cualquier manera, no resulta atrevido

pronosticar que la UCD, hija de la \lP.jn partibus infidetium, desaparecerá en et espacio sin dejar huella,

como si de un ente fantasmal se hubiera tratado, en cuanto pierdan el asidero del Poder. Y podemos

completar la profecía asegurando que sus componentes, tácitos, apóstoles, liberales y demás minitertulias.

se integrarán en otros sectores que, casualmente, permitan seguir sacrificándose por el bien del pueblo,

sin perder contacto con el presupuesto de los dos billones. Lo proclama su secretario de información para

tranquilizar a quienes venen peligro sus cargos, por las zapatetas internas «La UCD puede generar dentro

de sí alternativas de Gobierno conforme la sociedad evoluciona. » La sangría continuará hasta que el

desencanto y la irritación rebasen los niveles de prudencia, y otra vez los españoles, cansados de andar

como perros por carnaval, dejen de tener su lanza en astillero

David JATO

 

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