Autor: Paso Gil, Alfonso. 
   Los mártires del comunismo     
 
 El Alcázar.    16/12/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

´digo yo que..?

LOS MÁRTIRES DEL COMUNISMO

UNA de las cosas que más deploro del Partido Comunista es su incesante búsqueda de víctimas. Necesita

mártires a todo pasto y no hace distinción entre el estudiante, el obrero, o cualquier ~*T3 porsons. ¿Me

quieren expicar Cómo va a reaccionar un número de la Guardia Civil si se ve agredido o en peligro de

muerte violenta? Naturalmente, utilizando sus armas. Nadie quiere que las utilice para atacar, pero está

perfectamente capacitado para defenderse. En las manifestaciones agresivas que se convocan diariamente

hay cientos de muertos en potencia. Porque la Autoridad no puede dejar que la avasallen y cualquier

policía del mundo, en última instancia, tiene que disparar para defender su vida. La defensa propia es algo

que en todos los Códigos está previsto. Tienen derecho a ella todos los ciudadanos; pero el Partido

Comunista, artero, maniobrero y laborioso, busca, insensiblemente, víctimas que arrojar a la cara no de

este Gobierno, que lo está haciendo muy mal, sino al rostro de cualquier gobierno, por bien que lo hiciera.

El caso es crear un estado de subversión, de inquietud, de algarada. Y yo me pregunto... ¿No lo sabía eso

ya el señor Suárez? ¿No lo sabía ya el resto del desgobierno español? ¿Cómo es posible que nadie ni nada

venga a sorprenderse ahora, si la táctica que está siguiendo el Partido Comunista es la que ha seguido en

todos los países del mundo? Pues bien, aquí seguimos cruzados de brazos ante las tácticas predilectas del

comunismo y sus cipayos de Comisiones Obreras, o del Partido Socialista Obrero Español, cuyo líder más

importante, el señor González, ha ido a recibir las aguas bautismales a Moscú y a obtener órdenes frescas

del ideólogo Suslov. Hace unos días fue un muchacho en Tenerife, mañana puede ser cualquier otro. El

comunismo busca, sobre todo, sus mártires, sus pobres chiquillos a los que enfrenta, inexorablemente, con

la policía para exasperarla, para que no tenga más remedio que hacer uso de las armas en defensa propia o

en defensa de los ciudadanos que están a punto de morir. Estos chicos son carne de cañón al servicio del

más totalitario de los sistemas.

Si somos un país democrático...

¿Cómo podemos tolerar el desmán constante del Partido Comunista, que mientras firma pliegos en la

Moncloa sigue metódicamente su guerra de subversión y su pelea para construir un orden nuevo en donde

no tenga cabida ni la idea de Dios ni la idea de la civilización occidental? Curas delirantes santifican los

asesinatos de la ETA, borrachos imprevisibles apuñalan a la gente en la calle, el orden público es una

quimera por la que suspiran todos mis compatriotas. Mientras el Gobierno, en un gesto amplio de

estúpida clarividencia democrática, desarma a los hombres del pasado Régimen, por la frontera de Irún,

procedentes de Checoslovaquia y de otros países, entran armas a cántaros. Y esas armas están destinadas

a asesinar a los españoles que no quieren participar de este festival cómico taurino que es la situación

actual. Todo estaría bien, incluso, como decía Foxá, «En ocasiones, que le peguen a uno un tiro puede ser

muy emocionante». Yo no tengo miedo. Pero deploro, con toda mi alma, que estos muchachos, seducidos

por el Partido Comunista, arrojados a la pelea, sean convertidos después en mártires y en prototipos,

cuando la triste realidad es que sólo han sido gente demasiado ingenua, porque no quiero suponer que ha

habido más que ingenuidad en los actos que han realizado. Ninguna policía del mundo tolera ni la

alteración del orden público, ni consiente que sea puesta en peligro la vida de los ciudadanos. Que se lo

pregunten a la policía norteamericana, a la francesa, o a la inglesa; que se lo pregunten a la policía

alemana. Y... ¡Vaya!, puestos ya a decir las cosas, que se lo pregunten a la policía rusa, acostumbrada a

disparar como método y a preguntar después. Esto no debe consentirse. No más mártires. Y lo digo así,

no porque haya pasado la época de los mártires. Siempre los hubo y en todos los momentos. Lo que no

quiero es más mártires del comunismo. Lo que no quiero es más inocentes engañados por la doctrina

marxista y enfrentados a unos hombres que, en última instancia, lo único que hacen es cumplir con un

inexorable deber: defender su vida.

Alfonso PASO

 

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