El aval     
 
 El Alcázar.    16/12/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Instantánea

EL AVAL

CUANDO acabó la guerra («cautivo y desarmado ^ ejército rojo...»), el aval se convirtió en procedí

miento rápido para la reintegración social de quienes, en alguna forma, habían estado al servicio del

régimen rojo-separatista. El aval era un documento firmado por personas dignas de la confianza del nuevo

Estado. en el que se aseguraba la buena conducía del interesarte. C! aval cíe t*^ ri?m ~ ***t*» .„.„ ->

•^~tMttat^ derechas de toda la vida eran los más corrientes. Los primeros, por la garantía que entrañaba,

en el Estado surgido de una Cruzada contra los perseguidores de la Iglesia. Los segundos, porque el

número de personas de derechas de toda la vida era impresionante, hasta el punto de que resultaba difícil

comprender por qué p; ganó Gil Robles en 1as elecciones de 1936. Si hoy hubiera que volver a tales

avales, quienes los necesitasen iban a ir apañados. Los curas (al menos algunos curas, jerárquicamente

por arriba y anárquica mente por abajo) se han desenganchado de la Cruzad, el valor de su informe

resultaría problemático, cuan: no perjudicial. En cuanto a las personas de derechas de toda la vida, iba a

ser difícil encontrarlas, sobre todo, cuando ni siquiera los de derechas admiten ser de derechas. Como

signo de los nuevos tiempos, se han establecido otros avales. Tras ei pendutazo, los comunistas tí. han

convertido en los mejores avaladores. Para alga mantuvieron en alto la bandera de la resistencia, mientras

una parte de fa clase política actual se acomodaba (puede que con sus avales de curas y derechistas, si no

eran ellos mismos los avaladores) y otra prosperaba en el franquismo (uniformes rutilantes, brazo en alto

y sueldo oficial) hasta llegar a los cargos políticos que conserva. Pero para no verlos discutidos hace falta

un aval. Como aquel que, en 1 939, llevaba a su oficina el antiguo miliciano para demostrar que no había

tomado parte en asesinatos o que había tenido oculta en su casa a una monja. El aval ha alcanzado una

dimensión nueva. No se emplea únicamente a nivel personal, sino también^ nivel institucional: ía

legalización del Partido Comunista fue el aval que necesitaba el posfranquismo para demostrar que era

democrático. Carrillo, sentándose junto a Fraga en el Club Siglo XXI, ha sido el aval para una alianza

electoral que creyó ganar las elecciones con el voto franquista, y ahora, al haber perdido, intenta

desengancharse, como cualquier Conferencia Episcopal, de un sostén que cree perjudicial para su imagen.

En las próximas elecciones veremos si los votos franquistas que Fraga rechaza se los multiplica el aval de

Carrillo. En el País Vasco, donde suenan las metralletas en preludio de un nuevo Paracuellos, la obtención

del aval se ha hecho apremiante, angustiosa. No se trata de votar, sino de vivir Y el aval más accesible

(como el del cura, el de la persona de orden) ha sido el del Partido Nacionalista Vasco, derecha

vaticanista caída de rebote en el campo marxista de los sin Dios. «Venid a nosotros, los que estáis

amenazados por la ETA. El PNV os protegerá.» Pero va la ETA y dice que no. No hay más aval que el

recibo de haber pagado la contribución revolucionaria. Y, si no, la tumba fría. Como Barazadi... La ETA

lo ha dicho muy claro: la razón de que el PNV ataque el impuesto revolucionario «es que una gran parte

de IB burguesía milita en su partido—paga la cuota y vota—, y en la medida en que pagan a ETA reducen

su apoyo al PNV». El PNV ha anunciado a los capitalistas que ne deben pagar. Pero-ETA advierte: «Un

aviso a estos capitalistas: el aval del PNV no vale para nada.» Como ño valdrá el de Carrillo, el día de la

verdad. Sí gana, por inútil. Si pierde, porque entonces habrá qu« buscar otro. ¿Pero dónde?

 

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