Autor: Porcel, Baltasar. 
   La derecha, autodesvalijada     
 
 ABC.    05/06/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

5VI

La derecha, autodesvalijada

Por Baltasar PORCEL

SUELE achacársete a la izquierda su Inflación y hasta su manipulación ideológica, cuyo maximalismo

tanto confundió los primeros tiempos de la democracia y que aún hoy opera con exceso y sectarismo

desde determinadas zonas universitarias hasta algunos programas de la discordante reforma televisiva.

Fenómeno este que desestabilizaría la necesidad de armoniosa convivencia que nos urge tanto como el

pan de cada día.

No resulta fácil negar lo que de verdad encierra tal aseveración. Aunque habría que cambiar el

«desestabilizaría» por un contribuye a desestabilizar», entre otras razones porque en la vertiente opuesta

del espectro, la de la derecha, el problema Ideológico suscita también cuestiones de grave repercusión

social. Y no me refiero, como apresuradamente pueda suponerse, a la extrema derecha, al golpismo

latente o real, al encabritado reaccionarismo. De igual manera que, al hablar de izquierda, olvido la

crispación extremista. Muevo estos razonamientos dentro del espacio civilizado, en el que las

discrepancias no impiden los acuerdos. Por tanto, bajo esta denominación de derecha incluyo el

conservadurismo, los liberales, el centro.

¿Y aparecen todos estos primos hermanos, o hermanos gemelos, con cuestiones Ideológicas de grave

repercusión social? Sí, aunque no por su exceso, como ocurre en la izquierda, sino por su carencia.

Resulta incluso alarmante comprobar hasta qué punto las fuerzas conservadoras del país andan por ahí

poco menos que desnudas en materia de teoría, lo que equivale casi a decir que son igualmente huérfanos

de proyectos sugestivos, de una enriquecedora dialéctica. La derecha así es equiparada a la forma más

egoísta del poder, a su imposición más brutal, mientras la izquierda -que, en definitiva, es la que ha

fabricado los conceptos- se arroga las más angelicales intenciones.

Esta situación sume al militante de derechas y al ciudadano moderado en una profunda inseguridad

intelectual y, en consecuencia, psicológica. No encuentra justificadas sus convicciones ni sus tendencias,

y al no atreverse ni poder proclamarlas de puertas afuera, se va forzado a aceptar de puertas adentro que

sólo el fatalismo y el Interés más innoble, son los auténticos e inconfesables motores del triunfo de sus

ideas, ayer y hoy.

Derecha, conservadurismo, en España, son prácticamente sinónimos de la Administración, de una de las

más inoperantes administraciones de Europa, y en la que más oportunistas se han refugiado. Se nos

ofrece, también, como virtud heredera del franquismo, remisa a la democracia, cuya única obsesión es la

de colocarnos, indefensos, en las sádicas manos de la OTAN, multinacionales, del decadentismo

occidental y la explotación del obrero. ¡Y esto ha tenido lugar estando el país gobernado precisamente por

la moderación, sea UCD o, en las autonomías más significativas. Convergencia Democrática de

Catalunya o el Partido Nacionalista Vasco! Desde luego, de seguir así cuando sea la izquierda quien

gobierne, la derecha ya ni se atreverá a mostrarse a cara descubierta, sino que, como los antiguos

leprosos, andará huidiza y embozada.

El marxismo, pongo por caso, o ha quedado en el mundo como mera metodología -una de tantas,

aunque todo lo rica que se quiera- apta para ejercidos retóricos, o cuando se ha impuesto como doctrina

política en cualquier país, desde Cuba al Vietnam, pasando por la Unión Soviética, se ha revelado como

destructora de la libertad, arrasadora de la economía, anquilosadora de la cultura. Bien. Aquí continúa

siendo, sin embargo, la ideología considerable más progresista, más adecuada para proporcionar el bien

común, más ajustada para discernir en las cuestiones internacionales ¿Cómo puede ocurrir esto? Lo

reitero: porque la derecha -o el centro o los liberales, los demócratas «de toda la vida», a la postre- han

sido incapaces de fabricar su propio andamiaje ideológico.

Y es que la izquierda tiene razón: a la derecha sólo le preocupa, o parece preocuparle, el dinero, el poder,

el dominio, volviendo la espalda a toda cultura. Cuando ha sido precisamente el mundo occidental -

conservador, capitalista, burgués- el creador de las grandes y excepcionales Universidades, de la ciencia

más sorprendente y útil, de una libertad jamás vencida... No obstante, aquí, en la dialéctica diaria, derecha

o regímenes dictatoriales a la sudamericana van insolublemente unidos. Y se alude de modo constante a ta

«caza da brujas del senador McCarthy, breve y único período de involución autoritaria norteamericana,

olvidando y queriendo olvidar no sólo la constante, institucionalizada «caza» y «prisión de brujas» en los

países del Este, sino las sangrientas y multitudinarias purgas que han llevado allí a cabo. La derecha, si

invoca algo de esto, es tachada de reaccionaria. Entonces, calla. Y se apresura a citar también la «caza de

brujas» macarthyana, se excusa confusamente por lo de la OTAN sin ni siquiera atreverse a hacer alusión

al Pacto da Varsovia y a los países que ha invadido, etcétera. Esta autodesvalijada derecha, vergonzante,

desestabiliza el necesario contrapeso que dinamice al país a través del juego de las alternancias.

Se me objetará que el panorama que vengo dibujando era peor hace unos años y que ahora las cosas se

hallan más temperadas. Es verdad. Pero, de nuevo, no porque la derecha haya sido capaz de segregar o de

popularizar una concepción propia de la cultura, de la sociedad, de la Historia, sino porque las

circunstancias -terrorismo, crisis económica...- han inclinado a la ciudadanía hacia la moderación,

hacia el conservadurismo, temerosa de las aventuras y desengañada de la democracia. La gente ha

caminado a grandes pasos hacia el realismo, topándose entonces con una concepción del mundo según el

modelo occidental. ¡Siendo paradójicamente la izquierda la que ha continuado capitalizando la

circunstancia, con el progresivo deslizamiento del PSOE hacia la social-democracia y el machacón

altavoz del PC proclamando su eurocomunismo!

Que un intelectual de la talla de Ramón Tamames abandone airado y reflexivo et Partido Comunista

apenas si es comentado más allá de la noticia. Que uno de tantos desaguisados da la televisión alcance un

simple programa que se refiera críticamente a la OTAN -por cierto: en el que esta organización quedaba

como sembradora de ta muerte y de la desolación-, levanta una polvareda, una indignación, que dura

semanas, que sirven para descalificar a UCD entera, ¡incluso participando en la lapidación sus militantes

más progres!

Con esto no quiero decir que la izquierda obre de mala fe, que sus propósitos sean solapadamente

nocivos, que esté totalmente desprovista de razón. Hablo, y de un modo muy concreto, de puntos da vista,

de «escuelas de interpretación si quiere, procurando sólo poner de relieve cuan poco y cuan absurdamente

se despliega ideológicamente la derecha. Porque también la izquierda, aquella que surgida o no en

Occidente acepta el modelo de sociedad occidental, es esencial e unívocamente democrática, creadora. Lo

que la ha desviado ha sido su adscripción al totalitarismo, cuando se ha producido, por creer que ésta

podría ser el arma de su triunfo o del redentorismo. Idéntica operación suicida y criminal, que en

ocasiones ha hechizado a la derecha: la tentación fascista.

Los sondeos de opinión señalan a la derecha, al centro, en previsible retroceso ante unas próximas

elecciones. Mientras, por el contrario, ta gente, insisto, se vuelve cada día mas pragmática, menos

sensible al doctrinarismo. Más de derechas... La Generalidad catalana, regida por moderados, al tiempo

que desde el Ayuntamiento de Barcelona funcionaba un programa cultural da izquierda, coherente, sólo

se ha afanado dentro del campo de la cultura, tan primordial en Cataluña, en intentar hacer estallar sin la

menor diplomacia la delicada situación lingüística... "País portátil», recuerdo que se titulaba una novela

latinoamericana. «País a la pata coja», podríamos bautizar otra que describiera nuestra panorámica

ideológica.

 

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