Autor: Izquierdo Ferigüela, Antonio. 
   Hallazgo trascendental     
 
 El Alcázar.    04/10/1976.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

HALLAZGO TRASCENDENTAL

DOS cuestiones parecen alcanzar niveles de claridad a estas alturas: una, que don Adolfo Suárez no está

dispuesto a renunciar, voluntariamente, al peso de la púrpura, lo que confirma la sospecha de que en la

España preliberal existen tan admirables vocaciones de servicio y sacrificio como las que pudieron

registrarse en las horas más esplendorosas de la España franquista; otra, que el Gobierno de S.M. es un

Gobierno eminentemente "transmutador" si a la palabra le quitamos tremendismo; esto es: "capaz de

cambiar un orden por otro". No hay que temer a las palabras, aunque las palabras queden. Hay que

procurar, sin embargo, concederles una absoluta exactitud de aplicación. Bien: el Gabinete Suárez se

propone, mediante un proyecto de nueva ley fundamental, cambiar el orden franquista por otro que, a su

entender, está más en consonancia con el tiempo en que vivimos, porque está más cercano al canovismo o

a la Constitución de 1.837 que la Ley Orgánica del Estado. Los responsables de la propuesta podrán tener

o no reparos de conciencia, pero eso entra de lleno en el área de lo privado y es análisis para otras

competencias. En cambio, el Gobierno de S.M. solo tiene dos caminos para obtener el propósito de

ruptura: o el golpe de Estado, lo que quedaría más bien feo; o el camino de la legalidad vigente: ei

Gobierno propone y las Instituciones disponen. Si se adopta la segunda vía, al Consejo Nacional del

Movimiento, a las Cortes Españolas, al Consejo del Reino y, en última instancia, al censo electoral, le

tocará compartir o no compartir los escrúpulos de conciencia, si los hubiere, con los promotores de la

reforma. Desde el momento en que el Consejo de Ministros se ciña a los cauces institucionales, ¿para qué

seguir debatiendo el tema a nivel de calle?. Las Instituciones tendrán la palabra. Cuanto antes, mejor.

¿No será esa la intención del voluntarioso y joven presidente, al aludir a estas cuestiones en su última

declaración periodística a Europa?. Urge legalizar lo que siendo manifiestamente ilegal se tolera. Es una

fórmula que puede dar espléndidos frutos y que ahorraría inútiles debates parlamentarios y evitaría

sofocones a nivel ejecutivo. Si lodo lo ilegal se legalizase, ni siquiera sentiríamos la necesidad de vernos

protegidos por el Poder Judicial. La síntesis de este hallazgo en el que acaba de incidir serenamente el

señor Suárez, ante un semanario francés, constituye la síntesis de un nuevo concepto de la existenca y del

Derecho, aunque los tratadistas, que los hay, se hayan sentido estupefactos.

ANTONIO IZQUIERDO

 

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