Autor: Paso Gil, Alfonso. 
   Pecados nocturnos     
 
 El Alcázar.    04/10/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

"digo yo que...

PECADOS NOCTURNOS

El Gobierno da los disgustos como los malos maridos: por la noche. Desde que se impuso la triste moda

del calzón quitado, los anovulatorios y el amor "cuasi" libre, nada más espanta ya. Yo mismo he visto en

Londres y en el Regent Theatre, una curiosa comedia musical titulada "Let the people come" que si no me

equivoco, viene a querer decir "Deja al pueblo que venga". Había dos clases de espectáculos: el que se

daba en el escenario y el otro, mucho más divertido, el que se producía en butacas, porque en una sala con

capacidad, supongo que para unas cuatrocientas personas, había por lo menos trescientos españoles.

Los "musicales" ingleses no suelen tener un argumento definido. Lo más curioso de "Let the people

come" era que tanto los chicos como las chicas, por cierto excelentes cantantes que no utilizaban el

"playback" y que derrochaban entusiasmo en su trabajo, salían todos en pelota viva, sin otra tapadura que

la atmósfera del escenario, que por cierto era nítida. Después de todo eso y en una película que daban en

un cine de Piccadilly, titulada "Clockwood Nimpho" tenía uno ocasión de contemplar a una muchacha de

aspecto juvenil que habiendo ido a pasar una vacaciones con su tío, acaba cometiendo delito de

lesbianismo con la esposa de su tío. Y como el tío —en el buen sentido de la palabra— está desesperado,

comete grave falta de incesto con la sobrina, pero para no dejar mucho sitio en el lecho se lleva a su

propia mujer. Todo esto, amenizado por unos invitados que practican el desnudismo.

Un amigo mío me dijo:

—Sabes una cosa?. Estoy ya de c...hasta los pelos.

Londres entero es una gran vulva. Los ingleses debían orientar su turismo con "slogans" de tipo expresivo

y audaz tales como "Venga usted a Londres donde el coño está siempre de actualidad". A mi esto me trae

prácticamente sin cuidado. Ni me escandalizo ni ese es el camino. Antes bien, me divierte. Lo único que

encuentro un poquillo repugnante es la comercialización del sexo. Pero está visto que el mundo anda

ahora por esos caminos y no damos para más. Naturalmente, de lujuria no había nada, porque para la

lujuria se necesita un talento que los ingleses no están demostrando en estos instantes. Como Londres

parecía una Sucursal de Madrid y allí todo el mundo hablaba en español porque era español y nos

saludábamos en Piccadilly como podríamos saludarnos en Recoletos la cosa se hacía más llevadera. Pero

yo no dejaba de pensar con nostalgia en aquellos tiempos en que ver una película pornográfica era

dificilísimo, y arriesgado. Allí había algún misterio, alguna chunga feliz. Lo de ahora es ya no inmoral

porque yo no me meto en eso, sino estúpido. Porque bajar por Regent Street hasta Trafalgar Square y

contar seis parejas apoyadas en los quicios de las puertas, dándole al asunto, como dicen los gitanos, con

la naturalidad de dos osos mogoles, empieza a constituir algo que no es, precisamente, la desmitificación

del sexo, sino su bastardeamiento y, lo que es mucho peor, su conversión es algo majadero, tonto o

rentable cuando hay en el sexo tanta belleza y limpieza tanta. Venga todo esto a cuento -de que era muy

frecuente, —sobre todo en el mundo español, que los pecados se cometieran por la tarde. Así la jovencita

a la que su padre exigía estar puntualmente en casa —ya lo dijo Serrat, el hijo prodigó— antes de las diez

de la noche, se comía las enchiladas a las cinco o las seis. Naturalmente, con las pastillas anticonceptivas

la digestión se podía efectuar a cualquier hora y ya sé yo de un marido honesto y bueno que habiendo

contraído culpable amor con una menor, es decir con una chica de quince años, porque menores menores

son ahora las de siete, para poder satisfacer sus transportes amorosos la citaba en un apartamento a la hora

del desayuno en la oficina. Es decir, aprovechaba ese momento casi metafísico de las once y media de la

mañana, cuando todos se van a la cafetería, para acudir él al apartamento. De esta manera realizó notables

progresos a lo Giscard D´Estaing, poniendo de moda el desayuno erótico paralelo al desayuno político que

tan buen resultado les está dando a nuestros camiones que transportan vegetales "a través de Francia. La

mitificación de la noche como culpable y como encubridora de todos los atentados contra la moral y las

buenas costumbres quedó abolida y, de este modo, las chicas y los chicos hacían "el exorcista" a la hora

del "five o´clock tea" que, como su nombre indica, son las cinco de la tarde. El Gobierno español ha

querido resucitar nuestras viejas tradiciones y el indigenismo lleno de valores históricos. Si tiene que

subir la gasolina lo hace a las doce de la noche y nos coge a todos desprevenidos. Es una conducta como

la que seguían los maridos pirandones de principios de siglo. Se presentaban en su casa a las cinco de la

mañana y con huellas de carmín en el pañuelo. Por favor, la próxima subida de la gasolina que la haga el

Gobierno a lo chico de hoy, a la inglesa, sin darle importancia a la pelota viva. Porque cada vez que nos

dormimos por la noche pensamos con terror en lo que va a costar la gasolina al otro día por la mañana.

ALFONSO PASO

 

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