Autor: Moure-Mariño, Luis. 
   Carreteras para el turismo     
 
 ABC.    22/03/1959.  Página: 80. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

CARRETERAS PARA EL TURISMO

Quince millones de turistas visitaron Italia en 1958. Se espera que en el año que corre esa cifra subirá por encima de los dieciocho millones. - Las perspectivas, para el turismo italiano son tan halagüeñas que, según datos del Instituto Internacional de Investigaciones Turísticas, más de cien millones de europeos acarician la ilusión de una visita a Italia.

Encabezamos esta glosa pon el ejemplo italiano por ser Italia país tan similar al nuestro en lo geográfico y monumental, si bien con una más honda solera turística, reflejada en cifras mucho más importantes.

¿Qué beneficios debe Italia al turismo? Aparte de la universal simpatía y admiración, así como de, otros vínculos culturales, la afluencia de turistas a la Italia de la posguerra fue el recurso milagroso para superar el déficit de la balanza de pagos, para incrementar las reservas de divisas y para revitalizar el fondo de garantía, del Banco de Italia, que ha rebasado los 2.200 millones de liras. El turismo deja a los italianos un beneficio anual neto superior a los 1.300 kilogramos de oro.) Sin embargo; en Italia aún no se manifiestan satisfechos con estas cifras, y se piensa en fomentar cada vez más este saneado ingreso. Desde la frustrada iniciativa del Gabinete Seelba, se piensa allí seriamente en, colocar las cuestiones turísticas bajo él patronazgo de un nuevo ministerio "ad hoc").

Repasemos ahora algunas cifras, turísticas que atañen a nuestra economía: en 1956 España se benefició con un saldo neto proveniente del turismo equivalente a 91 millones de dólares. Este ingreso bajó en 1957 a 73,4 millones de dólares. (Disminución que se explica por la tendencia de los turistas a comprar pesetas fuera del mercado oficial.) Las cifras de afluencia turística hacia España acusan un pro-

regresivo aumento, que va de 749.544 turistas en 1950 a 1.952.266 turistas en 1954 y sube a 3.187.015 en 1957.

Ahora bien, si esta corriente turística ha de seguir "in crescendo" hasta pensar en sus aportaciones como una de las principales armas—¡acaso la principal!—para nivelar la balanza dé pagos, los españoles tendremos que aprender muchas cosas para hacer del nuestro un país turístico, Y entre estas cosas hay postulados elementales sin los cuales resulta absurdamente ilusorio pensar en verdadero turismo hacia España.

Urge contar, en primer lugar, con carreteras transitables. Hay ,que extender el turismo á toda la geografía patria hacia cientos de escondidas maravillas que empezarnos por ignorar los mismos españoles—; pero para esto es indispensable una telaraña de carreteras transitables que cubra el territorio nacional. No se trata de cuidar solamente las carreteras de trazo rojo o las que van hacia las ciudades y playas conocidas. El que viene a conocer un país desea adentrarse por pueblos y paisajes sin el riesgo de romper su coche. (Aún no me he olvidado del bochorno que sufrí hace algunos años cuando, en la carretera de Vivero a Ribadeo, en la cornisa cantábrica, unos turistas franceses me preguntaron, sarcásticamente, "cuándo habían bombardeado la carretera"..;)

En tiempos de la Dictadura se ejecutaron aquellos "firmes especiales"—¡qué baratos nos han salido!—, que todavía están para muchos trotes. Ahora las costosísimas y parciales "variantes" y "modernizaciones" no resuelven, él sustancial problema del piso. Antes que suntuosas y quijotescas "variantes" hacen. falta pisos transitables en todas las carreteras del país, pues para andar por ellos son hachos los caminos: en Italia, por ejemplo, la generalidad de las carreteras—que soportan enorme tránsito de vehículos pesados— son más estrechas, más tortuosas y con mayores porcentajes de desnivel que las nuestras; pero las carreteras italianas —¡ toda la red!—son magníficas de piso y señalización. ¡Y no llegan a las de Fraílela,, -donde no hay malas carreteras ni se sabe lo que es un bache!...

Resulta halagüeño pensar en los saneados ingresos del turismo—"exportaciones invisibles", sin contrapartida—; pero en economía—ni siquiera en la riente economía del turismo!—no llueven "manas´´ ni nada se recoge sin sembrar... Para que un país piense en un creciente turismo, capaz incluso decubrir ,sus déficits de divisas, no basta sólo con poseer la materia prima—tipismo, monumentos, paisajes, etcétera—; hace falta, además, una auténtica política del turismo que, en primerísimo lugar, como requisito "siné qua non", piense en dotar al país de una red de caminos asfaltados y transitables. Precisamente en la Italia que nos ocupa, hace ya muchos años que un sagaz ministro de Obras Públicas pronunció una frase definitiva: "Como somos pobres—dijo—. no podemos permitirnos el lujo de tener unas malas carreteras".

Las carreteras, aparte del incalculable servicio que prestan a la economía patria, dejan al erario un chorro de recursos, derivados de "patentes" y otros impuestos, Por si esto fuera poco, a esos ingresos habrá que sumar los de un turismo en auge, Por, tanto, ahora que se pone en marcha una política de inversiones, pocas habrá más rentables que ésta de una red transitable de carreteras, clave de esas exportaciones que producen divisas sin exportar, que tal es el milagro económico del turismo. ¡Hay que ocuparse mucho más de las carreteras! Francia gasta por cada kilómetro de carretera 2.327 kilogramos de betún asfáltico; Italia, 1902 kilogramos; Turquía, 719. ¡España, ,510 kilogramos!

Muy hermoso es pensar en el "maná" turístico. Incluso no es quimérico pensar que sea el caballo de batalla para nivelar la balanza de pagos; pero ni siquiera el turismo viene "de bóbilis": exige propaganda, hoteles, incentivos y, por lo menos, carreteras, con piso transitable por todo el ámbito nacional —Luis MOURE-MABIÑO.

 

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