Los obispos españoles y el matrimonio     
 
 Arriba.    12/05/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LOS OBISPOS ESPAÑOLES Y EL MATRIMONIO

EL documento de los obispos españoles sobre el matrimonio es una de las más

atinadas y felices expresiones del nuevo talante episcopal. Es un signo perfecto

de colaboración ejemplar Iglesia-Estado. Antes que se plantee a nivel

legislativo algo que está en el ambiente y afecta su stand ai mente a las

relaciones con la Iglesia, una amplia opción al matrimonio civil, la Conferencia

Episcopal concluye y anuncia que es necesaria una evolución razonable de la

legislación civil española en el respeto pleno de la libertad religiosa. Ni

siquiera los católicos van a ser obligados por la ley civil al matrimonio-

sacramento.

Al dar luz verde al matrimonio civil, la Iglesia española renuncia a una defensa

«a la italiana» de los aspectos típicamente canónicos y morales de la unión

matrimonial católica y, en consecuencia, a la indisoluvilidad civil del vínculo.

Queda claro, sin embargo, que para los católicos ¡amas habrá ^divorcio: la

propia Iglesia se confiesa incompetente para disolver aquellos matrimonios que,

siendo sacramentos, han sido consumados. Los obispos españoles estiman que el

divorcio es un mal de la sociedad, y que la ley civil debe proteger la firmeza

del vinculo conyugal. Pero eso, en la medida de lo posible, y, desde luego, no

hasta el punto—añaden los obispos— que el legislador esté obligado siempre a

elevar a categoría de norma legal todo lo que —como la firmeza del vínculo— es

una exigencia ética. No se cierra, pues, en absoluto la puerta a una hipótesis

de divorcio´ para España, por parte de la Iglesia.

Nos hallamos ante un espléndido signo de madurez de la Iglesia española, que

cree llegado el momento de cargar el énfasis en la responsabilidad. Porque los

adultos han de ser considerados como tales, es hora de eliminar toda clase de

norma confesional impuesta por la ley y no por la íntima persuasión de cada uno.

No se,trata ya de suprimir cuanto no sea católico,,sino de que los católicos

circulen por. esos ambientes con la serenidad y seguridad que les exigen sus

propias convicciones, respetando, de este modo, las convicciones de quienes

discrepan de la Iglesia. El pluralismo político, traducido a la religión.

Asistimos a uno de los gestos más evangélicos y, por lo mismo, más digno de

admiración y respeto en toda la historia de la Iglesia española: su renuncia al

monopolio del matrimonio, que es, en consecuencia, una abdicación del

temporalismo Hay precedentes cercanos de otras renuncias de nuestra jerarquía,

en la linea de recuperación de su propia identidad, siempre, claro está, bajo el

aliento del Vaticano II. Pero ninguno de esos gestos ha tenido unas dimensiones

sociales tan enormes.

A otro nivel, este puede ser el precio de una inteligente operación Conferencia

Episcopal Española-Vaticano, por la que nuestros obispos adquirirían categoría

de «interlocutor válido», ante el Vaticano y ante el Estado español, para

futuras negociaciones concordatarias. El tema del matrimonio es, evidentemente,

uno de los capítulos más sensibles de esas negociaciones, pero la Conferencia

Episcopal ha eliminado, de un solo golpe, todas las di: ficultadés, al adoptar

públicamente una actitud que era, por lo demás, exigible evangélicamente. El

gesto tiene, además, un valor muy específico en el panorama interior de la

Iglesia, empeñada globalmente en un proceso de purificación a raíz del Vaticano

II; y por lo mismo, en una supresión, a largo plazo, de posiciones

«temporalistas» o «constantinianas», equívocas, como la que puede ofrecer una

Iglesia-potencia que negocia a nivel de otras potencias o Estados sus acuerdos

diplomáticos. Al adquirir una dimensión más evangélica, sucede que la Iglesia

española alcanza también —incluso sin desearlo— niveles que persuaden al Estado

y a la opinión pública, con más eficacia, para que tengan en cuenta esas

opciones.y refuercen el núcleo familiar: nadie va a dudar ya de la objetividad,

cooperación y servicio de esa actitud ec/esial. De modo que aquello que

aparentemente pueda perder la Iglesia por renuncia a monopolios —y en cualquier

caso, bien perdido está— lo gana en lo que, al parecer, es el objetivo primario

de su misión, en testimonio de servicio.

No habrá, pues, traumas con-la llegada del nuevo talante legislativo, que ya

tiene todo a su favor, a propósito de la institución familiar. Porque la´

Conferencia Episcopal Española ha planteado el tema en el sitio exacto en que es

preciso colocar estas cosas: en el área de las responsabilidades religiosas.

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