Documento de la Comisión para la Doctrina de la Fe. 
 Matrimonio civil y divorcio     
 
 Ya.    10/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 18. 

DOCUMENTO DE LA COMISIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE

MATRIMONIO CIVIL Y DIVORCIO

"La Iglesia considera que el reconocimiento civil del matrimonio canónicamente

contraído es una opción legítima y realista, avalada por nuestra tradición

histórica" • "El respeto a la libertad religiosa pide una razonable evolución de

la legislación civil española hacia una normativa basada en el pleno

reconocimiento del derecho civil a la libertad religiosa dé todos los

ciudadanos" "El divorcio vincular es de suyo un mal para la sociedad" "El

cristiano debe seguir siempre los imperativos de la fe, sea cual fuere la

evolución de las leyes del Estado sobre el matrimonio"

Publicamos hoy la segunda parte del documentó de la Comisión para la Doctrina de

la Fe sobre el matrimonio, para finalizar mañana con la publicación de la

tercera parte sobre "Acción educativa y pastoral de la Iglesia".

En lo publicado hasta ahora, el documento afirma que cuando un hombre y una

mujer contraen matrimonio establecen entre sí un vínculo da carácter permanente,

de manera que ee deben el uno al otro fidelidad para siempre y no son librea

para romper el vínculo que contrajeron libremente. E] matrimonio ea indisoluble,

y esta indisolubilidad alcanza su plena firmeza en el matrimonio rato y

consumado. La Iglesia no se reconoce competente para disolver tai matrimonio.

Jesús ee pronunció con toda firmeza contra el divorcio. El matrimonio cristiano

es signo sacramental del amor cristiano a la Iglesia. Solamente cuando no ha

habido sacramento o el matrimonio no ha sido consumado, concede la Iglesia la

disolución del vínculo matrimonial. La Iglesia declara nulo un matrimonio cuando

los tribunales reconocen que nunca existió dicho sacramento.

La segunda parte del documento lleva por título "Los cristianos y la legislación

civil del matrimonio". He aquí el texto íntegro: 16 Después de haber expuesto

brevemente la doctrina católica., sobre la estabilidad del matrimonio, creemos-

oportuno proponer algunas orientaciones sobre problemas referentes a la

legislación civil en relación con dicha estabilidad.

ORDENAMIENTO JURÍDICO DEL MATRIMONIO

17 La Iglesia tiene ´sobre el matrimonio la» competencias jurídicas que se

fundamentan primordialmente en la condición sacramental del mismo.

Jesucristo en persona Interviene en la celebración, matrimonial. El Señor toma

su parte en la alianza libre de los dos cónyuges; entra con fuerza y amor en la

vida de los contrayentes. Estos vinculan BU compromiso al del mismo Señor con

ellos, y, por consiguiente, comprenden el matrimonio desde «1 amor de Dios,

reciben el don del Espíritu para realizarlo, asumen las exigencias del nuevo

estado de vida en la sociedad y en la Iglesia según el Evangelio y, en

particular, aceptan su Irrevocable y definitivo compromiso.

Al mismo tiempo hay que afirmar que de todo matrimonio, sea sacramental o no,

surgen ciertas obligaciones y derechos de los cónyuges y de los hijos, entre sí

y respecto a la sociedad, y en la sociedad respecto a ellos, que deben ser

reconocidos, protegidos y ordenados-por la ley civil en orden al bien común. La

misma institución matrimonial debe ser protegida • por el Estado. A éste

corresponde fomentar unas condiciones sociales que favorezcan los valores del

matrimonio.

RECONOCIMIENTO CIVIL DEL MATRIMONIO CANÓNICO EL MATRIMONIO CIVIL

18 Teniendo en cuenta que notable parte de nuestros conciudadanos contraen

matrimonio según la Iglesia, imbuidos de la significación religiosa y cristiana

del mismo, la Iglesia considera que el reconocimiento civil dei matrimonio

canónicamente contraído es una opción legítima y realista avalada por nuestra

tradición histórica. Así parece exigirlo el mismo carácter público de la Iglesia

y de la fe cristiana dentro de la sociedad.

Esto no significa que la Iglesia pretenda hoy que los católicos se sientan

obligados al matrimonio canónico por el imperio de la ley del Estado. *

Eü respeto a la libertad religiosa pide en esa misma línea una razonable

evolución de la legislación civil española hacia una normativa en este campo,

basada en el pleno reconocimiento del derecho civil a la libertad religiosa de

todos los ciudadanos dentro de las exigencias del bien común (cf. DH, 2 y 6).

EL DIVORCIO VINCULAR CIVIL

19 SI se planteara en un futuro la propuesta de ana legislación civil que

admitiera el divorcio y la legitimación de las nuevas nupcias de los

divorciados, ios católicos tendrían que adoptar ana linea de conducta coherente

conforme con las exigencias de la propia fe, Sin pretender extanderno*.aqui

en un tratamiento detenido del tema, proponemos a continuación algunas

reflexiones orientadoras.

La estabilidad inherente al vínculo matrimonial es un bien sumamente importante

para la vida afectiva de los esposos, para la firmeza de la familia y al mismo

tiempo, un elemento integrante fundamental del bien común de la sociedad. El

divorció vincular pone en peligro estos bienes; es de suyo un mal para la

sociedad. Esta debe esforzarse por lograr un ordenamiento jurídico sobre la

institución matrimonial que proteja eficazmente, en la medida de lo posible, la

firmeza del vínculo conyugal. El bien de la comunidad política exige que las

normas legales constituyan, en el grado en que esto sea factible, una defensa

sólida de la estabilidad propia de lodo matrimonio.

La experiencia de otros países muestra que la mera posibilidad legal del

divorcio es ya una incitación al mismo. Este tipo de legislación es

prácticamente irreversible, mueve a los propios legisladores a deslizarse por el

plano inclinado de la progresiva multiplicación de las causas que legitiman la

ruptura del compromiso matrimonial, induce a muchos a identificar lo "leg-

almente admitido" con lo "éticamente lícito".

20 Esto no significa que el legislador esté obligado siempre a elevar a la

categoría da norma legal todo lo que es una exigencia ética, o que deba reprimir

con medidas legales todos los males en la sociedad. La tutela de ciertos bienes

y la exclusión de males mayores pueden originar un conflicto de valores ante el

cual el gobernante ha de poner en juego ´la prudencia política en orden al bien

común, que si no puedo prescindir de los valores éticos, tampoco debe desconocer

la fuerza de las realidades sociales (cf. S. Th., I.° s., q. 91, a. 4 ad 4).

Para llegar a un Juicio prudencial en esta materia es preciso tener una

información objetiva del alcance real da los problemas planteados y de las

variadas soluciones posibles, y ponderar las consecuencias QU« se derivan, para

la familia y para la sociedad, de las diversas opciones viables. El impacto de

campañas inspiradas en ocasiones por intereses ajenos a toda preocupación ética

no debe servir como norma cuando se trata de respetar exigencias del bien común

y de) Justo, orden público. Por lo demás, el cristiano debe seguir siempre los

imperativos de la fe, sea cual fuere la evolución de las leyes del Estado sobre

el matrimonio.

SENTIDO DE RESPONSABILIDAD DE TODOS LOS CIUDADANOS

21 Ea un deber de todos lo» ciudadanos—también de los gobernantes—el

contribuir positivamente a elevar el nivel moral áa nuestra sociedad. Si se

quiere en verdad contribuir de manera eficaz a la unidad y estabilidad da la

vida conyugal y familiar, no basta con una legislación adecuada´ sobre la

institución matrimonial misma. Hay otros factores de influencia decisiva en la

familia qua deben ser motivo de preocupación para todos: la situación económica,

loa puestos da trabajo, la especulación del suelo, las condiciones de la

vivienda, la educación; el influjo de los medios de comunicación social, la

ayuda psicológica y moral da los cónyuges con dificultades para la convivencia.

22 Dada la importancia y gravedad de los problemas relativos a la estabilidad

da la familia y del matrimonio, exhortamos a todos a saber tratar estos temas

con sentido de responsabilidad y con profundo respeto para las diversas

posiciones. El cristiano aceptará con goza la enseñanza de la Iglesia;

pero sabrá respetar las convicciones de quienes discrepan da «lia. También

nosotros, como creyentes, tenemos derecho a que sean respetadas las

nuestras. No aa construye la paz hiriendo la conciencia de los ciudadanos.

En esto, como en otras materias, siempre es posible y deseable el camino del

diálogo constructivo, sin abdicar da los propios principios, y el esfuerzo de

todos por armonizar los derechos y deberes de las personas que mantienen

concepciones diversas.

 

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