Autor: Aradillas, Antonio. 
 Problemas humanos. Así está definida todavía la mujer en la Iglesia. 
 Inferioridad e incapacidad     
 
 Pueblo.    20/05/1977.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

Escribe Antonio ARADILLAS

ASI ESTA DEFINIDA TODAVIA LA MUJER EN LA IGLESIA

INFERIORIDAD E INCAPACIDAD

Sus estructuras están integradas exclusivamente por varones

Todos los poderes, honores y preeminencias se les reservan a los hombres

QUIZA por equello de que «en todas las casas cuecen habas y en la mía a

calderadas», un grupo de teólogos de renombre Internacional acaba de publicar un

«manifiesto de la libertad cristiana», traducido, por fin, al español, en el que

reclama para todos los miembros de la Iglesia unos derechos, que en ocasiones

intraeclesiales, no siempre les son reconocidos, aún por la misma jerarquía.

El tema es intensamente periodístico, advirtiendo con toda seriedad de que

no se trata de un grito libertario con matices contestatarios o anarquistas,

sino del afán de que el cristiano, comunitaria e individualmente, alcance el

puesto que le es debido, tanto en la sociedad como en la Iglesia.

El «manifiesto» no deja de ser, en definitiva, algo así como una invitación o

incitación a recorrer de nuevo las grandes avenidas de la libertad cristiana y

un grito de profetices alientos...

LA verdadera libertad no es todavía patrimonio de todos los cristianos. Y no lo

es no sólo fuera de la Iglesia, sino dentro de Ja misma Iglesia. Aún más se

apunta en el «manifiesto» que tal libertad les está recortada a los cristianos

dentro de la Iglesia en la misma o mayor proporción que fuera de ella. A veces

ocurre, se apunta asimismo, en el_ «manifiesto», que lo que nos dan por libertad

se parece poco a lo que Cristo quiso que fuera la verdadera .libertad... Un

libro así, claro, tiene que asustar y -escandalizar» a muchos. Pero ni los

teólogos ni los pastoralistas que lo firman han pretendido el escándalo, sino la

edificación en la verdad y en la libertad.

SERENAS Y EDIFICANTES

Sus denuncias son múltiples, serenas y edificantes. Y, entre tantas, nosotros

elegimos una de apasionante actualidad, cual es «la situación actual de las

mujeres en la Iglesia católica». He aquí un estracto de lo que denuncian los

autores:

• Las estructuras de gobierno propias de la Iglesia católica están integradas

exclusivamente por varones. ¿No se convierten de este modo tales estructuras en

un obstáculo a la liberación de las mujeres; es decir, a la búsqueda de una

sociedad en que hombres y mujeres participen por igual, considerados como

personas de igual y plenos derechos? Excluir hasta ese punto y sistemáticamente

a las mujeres de los procesos de decisión de la sociedad eclesial, ¿no significa

retrasar en este punto la evolución de las sociedades en que vive la Iglesia?

El Código de Derecho Canónico que rige la vida de la Iglesia en conjunto es

todo un monumento de derecho masculino impuesto a las mujeres y en él la

posición de la mujer se define por estos dos términos: inferioridad e

incapacidad. Todos los poderes, todos los honores y preeminencias se reservan a

los varones. Esta situación pesa especialmente sobre las religiosas, cuyas

comunidades están siempre sometidas a una autoridad masculina, mientras que sus

reglas de vida han sido redactadas por hombres.

Los Tribunales Eclesiásticos, una de cuyas funciones más habituales es dirimir

las diferencias surgidas entre los esposos (procesos de nulidad de matrimonios,

separaciones...), están integrados exclusivamente por varones.

La composición de la comisión encargada actualmente de revisar el Código de

Derecho Canónico, compuesta por 50 miembros y 103 consultores, no cuenta con una

sola mujer, mientras que el Derecho afecta por igual a los cristianos y a las

cristianas y, al mismo tiempo, el Código actual contiene numerosos articulos

discriminatorios para las mujeres.

Secretaría de Estado: 106 colaboradores, entre ellos sólo tres mujeres.

Congregaciones Romanas: Doctrinas de la Fe: 56 miembros (ninguna mujer). 26

consultores (ninguna mujer). 16 expertos ninguna mujer). Obispos: ninguna mujer.

Iglesia Oriental: ninguna mujer. Disciplina de los Sacramentos: ninguna mujer.

Culto Divino: ninguna mujer. Clero: 26 miembros (ninguna mujer), 68 consultores

(una mujer). Religiosos e institutos seculares: 29 miembros (ninguna mujer). 37

consultores (diez mujeres). Evangelización de los pueblos: 51 miembros (ninguna

mujer), 47 consultores (tres mujeres). Educación católica: 34 miembros (ninguna

mujer), 30 consultores (ninguna mujer). Secretariados: Unidad de los Cristianos:

31 miembros (ninguna mujer), 33 consultores (una mujer). No cristianos: 24

miembros (ninguna mujer), 38 consultores (dos mujeres). Laicos: 21 miembros

(ocho mujeres).´ ocho consultores (ninguna mujer). Justicia y Paz: 18 miembros

(dos mujeres). 11 consultores (una mujer). El cuadro está tomado del «Anuario

Pontificio de 1975», y en él no se hace referencia al personal auxiliar y

administrativo, en el que, lógicamente, se cuenta con no pocas mujeres.

EN MINORÍA DE EDAD

La imagen de la mujer, transmitida a través de la predicación, las

exhortaciones, la piedad.., sigue manteniendo a la mujer en la condición de

menor dentro da la Iglesia y de la sociedad.

• La exclusión d« la mujer de toda función litúrgica oficial es

uno de los puntos al que la opinión pública se muestra cada día mas

sensible.

• Los´ estereotipos culturales -dogmatizados» proclaman que Eva arrastró a Adán

a pecar;^ en las epístolas pastorales *•´ les impone silencio a las mujeres en

la Iglesia...

• Las representaciones católicas en materia de sexualidad (celibato de

los sacerdotes, prohibición de los anticonceptivos...) inciden también en

la exclusión de una forma de vida en que varones y mujeres sé comporten como

partícipes iguales.

Toda la retórica sobre la «discreción femenina» sobre las virtudes de

abnegación, de silencio, de heroísmo cotidiano, vocación de víctimas... es

significativa de una actitud que trata de imponer continuas zancadillas a las

mujeres, sin por ello dejar de elogiarlas, para mantenerlas en unas funciones

que, lejos de promover su auténtica libertad en la reciprocidad de una relación

con los varones, las tienen encarceladas...

El «Manifiesto de la libertad cristiana» es. no obstante, un monumento a la

sensatez más exigente por lo que respecta al tema de la mujer y a tantos otros.

Proclama, por ejemplo, así en relación con la igualdad de los cristianos: «El

qué ejerce una autoridad en la Iglesia se dirige a otro cristiano como a su

hermano y no como a un subordinado, y a la inversa. Ninguna autoridad puede ser

ejercida dentro de la comunidad si no es reconocida por ésta... La Iglesia,

comunión de los que creen en Jesucristo, ha de ser, ante todo, el suelo nutricio

dé unas convivencias libres. Esto es lo que el creyente ticen derecho a esperar

de ella: La´ Iglesia, como ámbito de participación y de confesión de fe, suscita

y nutre estas libertades. Todos los cristianos han de ejercer el difícil arte

´de vivir al borde de una provocación evangélica "que libera y corrige, pero

evitando en todo lo posible un escándalo que mata y hace caer.»

 

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