Autor: Iribarren Rodríguez, Jesús. 
   Capitalismo, Iglesia y Política     
 
 Ya.    11/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 22. 

RELIGIOSA

CAPITALISMO, IGLESIA Y POLÍTICA

EL señor Garrigues Walker ha dedicado una serie de artículos de prensa al tema

"capitalismo. Iglesia y política". El comienzo de ellos no ha podido ser más

irritado: le causa "creciente asombro" ver que la Jerarquía eclesiástica está

"produciendo daño grave entre creyentes y no creyentes, .por la falta de

seriedad, de realismo y de prudencia". No duda de que "la raíz reside en Ja

incultura económica de la Iglesia". Toda ella, y más en particular la española,

"se mueven dentro de los fenómenos económicos con la ingenuidad de una serpiente

y Is». astucia de una paloma".- La Permanente episcopal "no sabe muy bien lo que

está diciendo y actúa, dicho sea con todos los respetos, sin sentido de la

responsabilidad". Mas, en general, "son muy pocos los teólogos cristianos que

saben verdaderamente lo que es el liberalismo económico". Como término de

cualquier discusión en que la Iglesia no sabe cómo salir» "acaba amparándose en

el dad al cesar lo que es del cesar y reconociendo .displiceptemente que los

hijos de las tinieblas son en sus negocios más sabios que los hijos de la luz".

Podríamos seguir espigando en el segundo artículo; pero como al lector le

Importarán más las razones que los ultrajes, nada nos impide dejar Incompleto el

manojo de "todos los respetos" que el señor Garrigues Walker profesa a loe

obispos.

PRECISIONES DE TÉCNICA DIALÉCTICA

Alas razones vamos. La parís de la frase episcopal que eriza la sensibilidad

liberal y capitalista del señonr Garrigues Walker es ésta: que colocan entre los

programas • "incompatibles con la fe" al "modelo, de sociedad en la que. el

lucro sea el motor ESENCIAL del progreso económico, la concurrencia la .ley

SUPREMA de la economía y la propiedad privada de los medios de producción un

derecho ABSOLUTO".

-Todos los clérigos españoles iniciaban su estudio de la filosofía con un

trimestre d« "dialéctica" o de las leyes elementales de la esgrima conceptual;

pasados esos tres meses, ninguno de ellos hubiera perdido un minuto en oponer a

esa afirmación de los obispos que el lucro es motor del progreso económico, que

la concurrencia es ley de la economía y que la propiedad privada de los medios

de producción es un derecho. Lo que no se niega, porque es de clavo pasado, es

inútil refutarlo. Arremeter contra un pensamiento mutilado es dialécticamente

tan feo. como golpear a un manco.

Entre esas mismas reglas de esgrima está la de fijar las palabras en su sentido

exacto, sin el cual la discusión se convierte en blablablá. Así, "absoluto"

significa, según nuestros dicciónarios, herederos de la tradición, cultural

escolástica, "no condicionado, independiente, sin restricción alguna, desligado

de toda relación" (suelto-de, ab-soluto). Y siglos obispos aseguran qué" la~

propiedad privada de los medios de producción no es un derecho "absoluto",

ningún alumno de dialéctica se hubiera sentido satisfecho .con responderles (y

son palabras de nuestro articulista) que "la propiedad privada de los medios

productivos debe ser un derecho absoluto, sólo limitable en casos excepcionales

y con carácter temporal". Por favor, ¿absoluto o limitáble? ¿O limpio con

manchas?

ES superfluo discutir si en la nueva actitud social de la Iglesia "no hay nada

nuevo ni original"; porque la Iglesia se las apaña con el viejo decálogo, de

Moisés y con.el "nuevo" testamento para aconsejar en cosas de fidelidad a la fe.

El planteamiento que los obispos hacen de los casos en que un programa social

sería incompatible con la Iglesia es nítido, y hemos de atenernos a él. Si la

Iglesia condenó al socialismo y al marxismo por cuanto "tienen entre sus

fundamentos filosóficos el materialismo y el ateísmo", no ´prejuzgó de una vez

para siempre lo que iba a pensar de la parte de teoría económica y de estructura

social que aparecieran en el curso del tiempo con "apellido socialista, pero

desligadas de tales materialismo y ateísmo. Podrán presentarse situaciones

prácticas confusas, de las que los políticos y los votantes saldrán con su recto

criterio; pero quien dirima sobre, lo económicosocial no será la Iglesia, que se

limita a juzgar sobre la concordancia con la fe cristiana del materialismo y del

ateísmo.

Ahora bien, a.la lista de los servicios de la Iglesia a los regímenes feudales

del • medievo, puede el señor Garrigues Walker profetizar con seguridad los

servicios sinceros de la Iglesia a los regímenes socialistas, para

cristianizarlos y a medida que ee vayan cristianizando. Al tiempo.

ANTICAPITALISMO Y CAPITALISMO ANTICRISTIANO

SITUACIÓN más cáustica la ofrece ese capitalismo a cuyo servicio dice el señor

Garrigues que ha estado la Iglesia, en un largo párrafo amoroso al que

pertenecen estas endechas: capitalismo e Iglesia "tienen mucho en común y sería

ilógico que en la coyuntura actual se convirtieran en enemigos irreconciliables.

Los dos han perdido, su fuerza dogmática, pero ambos son inmortales y pueden

encontrar nuevas fórmulas de entendimiento".

No es de la inmortalidad segura de la Iglesia de donde podrá venir peligro a la

problemática inmortalidad del capitalismo, sino de las propias venas de éste,

porque la plétora también mata. Si la Iglesia no es antisocialista, tampoco será

anticapitalista. _ Es el capitalismo el que tiene tanta sangre (¿sobre sí?) como

para qué deba temer la apoplejía, una vez que se ha convertido en

supercapitalismo. Más si se hubiera vuelto enemigo de la teología cristiana.

DIVINIZACIÓN DE LOS VALORES

NO se crea y, se distribuye riqueza sólo por lucro. El padre la produce por amor

a sus hijos; e.l científico, por el gozo del descubrimiento; el profesor, por la

pasión de darse hecho luz; el misionero^ civilizador por caridad; el gobernante,

por deber. En el polvo humano de los grandes números nadie puede negar el

predominio del estímulo del lucro, pero a partir de aquel límite primero de los

otros estímulos, que en una gran parte de la humanidad subsisten nobles y vivos.

Son miles de millones los hombres Que no han hecho del lucro razón de toda

actividad.

Pero si el lucro pasa de ser aguijón de la indolencia a ser ídolo y fin último

(motor esencial, ser y .naturaleza, según el diccionario), ya no estamos sólo

ante un desorden moral de individuos, sino ante una hipertensión que puede matar

al sistema.

Porque se sigue haciendo de la concurrencia "ley suprema" y no mecanismo de

autorregulación. El antiguo pisoteár~al.pequeño se ha hecho pisotear a clases, a

masas, a naciones, a continentes. El progreso de los grandes se ha hecho

exponencial—que es otro modo de hipertensión—. De la gran competencia o

concurrencia comercial se ha llegado a las´ guerras, por más disfraces que

tengan v más lejos que se hagan. -Los rivales poderosos tienen en • la esfera

local para poder cambiar las ordenanzas; en el nacional, capacidad para hacer

dictar leyes o convertir en papel mojado las dictadas; en el supranacional

violan impunemente la soberanía de cualquier nación. Incluidas algunas de las

grandes. Ciertos poderes capitalistas- visibles o invisibles llegan a constituir

o a convencer a una fuerza de hecho ocultamente merrenaria, defensa armada de su

situación de privilegio, a veces en el propio país, a veces en los países

económicamente dominados. Basta mirar el mapa de las dictaduras.

A la vista de este panorama, que tantas veces ha provocado. Ja pregunta de si

este mundo tan injusto puede llamarse cristiano, los obispos, que: son expertos

en cristianismo, aunque no lo sean en economía, se plantean dos hipótesis. • La

primera, si este, capitalismo tiene de no cristiano lo que tiene de pecador y si

se salvaría con una reforma razonable de las conductas. Pero tal vez—y la

responsabilidad no será de la Iglesia—el mal mundial ha llegado al punto sin

retorno y el sistema se derrumba entero, como tantas civilizaciones de la

historia, (Se debería, además, tener el pudor de no pedir que la Iglesia

predique contra las revoluciones que asoman, si esto equivale a pedirle que

absuelva las injusticias que duermen).

Pero la segunda hipótesis es la única que debió entrar en el análisis del señor

Garrigues Walker. Cuando una "conducta" reprochable se sublima en "teoría" y los

valores convencionales y pragmáticos se absolutizan como sistema de ideas, los

obispos tienen derecho a preguntarse si no estamos ante una adoración de ídolos.

El Absoluto es Dios: sólo son valores insubordinados e intocables los valores

divinos.

Materialismo por idolatría, para la Iglesia .tanto da si los marxistas niegan a

Dios-como si los capitalistas hacen su dios del lucro: no es el Dios cristiano.

Racismo por supercapitalismo, igual es el dios Wodan que e! dios Plutón.

Lo que los liberales de bajura no parecen percibir es que la Iglesia no condenó

como paganismo la discriminación colonial contra los negros—pecado

anticristiano—; pero sí el nazismo racista—religión anticristiana—.Y que hay una

diferencia entre el, egoísmo de los explotadores—pecado anticristiano—y la

concepción de un "modelo de sociedad en la que el lucro sea, el motor esencial

del progreso económico, la concurrencia la ley suprema de la economía y la

propiedad privada de los medios de producción un derecho absoluto". Tal vez no

ver la diferencia es una atenuante.

UNA inquietud final. No sabemos por qué, cuando los obispos tienen tanto cuidado

en no precisar su postura frente a cualquiera de los grupos que acceden a la

arena política, el presidente de la federación de partidos liberales sí ha

tenido inte» res en marcar su distancia de la postura de la Permanente episcopal

española, tan falta de realismo ella. ¿Es para que a los electores no les quepan

dudas?

Jesús IRIBARREN

 

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