Autor: Aradillas, Antonio. 
 Historias para pensar. 
 La famosa pastoral del Cardenal Segura del año 31     
 
 Pueblo.    10/06/1977.  Páginas: 3. Párrafos: 80. 

HISTORIAS PARA PENSAR

FAMOSA PASTORAL DEL CARDENAL

"La Iglesia no puede ligar su suerte a las vicisitudes de. las instituciones

terrenas"

"Los antiguos partidos se reorganizan, se anuncia la formación de otros nuevos,

se plantean uniones c federaciones circunstanciales para sumar fuerzas...

indicio todo ello de que nos hallamos en vísperas de una intensa lucha política"

"En el espacio de largos siglos tuvo que defender su independencia contra

intromisiones del poder civil"

Viene hoy o esta sección, que sólo pretende hacer pensar al lector durante unos

breves minutos, un personaje tan importante como discutido de la Historia de

España: el cardenal Segura.

la vida de don Pedro Segura y Suez es un fiel reflejo de la vida española de so

tiempo: momentos de tensión, paréntesis de paz y sosiego, ingratitudes, exilio

forzoso, lucha constante por mantener la Iglesia de Dios independiente, etc. Una

vida amplia y sincera ´al servido de (a verdad, siempre la verdad.

Pero en esta ocasión no vamos a referirnos a su amplisima biografía, sino a la

carta pastoral del primero de mayo de 1931, que conmovió a la opinión pública y

provocó discusiones en cadena en aquella España que vivía aún la alegre

esperanza del 14 de abril y ros tristes sucesos de los conventos • Iglesias. «La

carta pastoral del primado —decía "ABC" del 7 de mayo— responde en todos sus

conceptos al espíritu

del Vaticano, Interpretado con rectitud y fidelidad, y es en la forma de una

sabia y equilibrada templanza,

adecuada a las responsabilidades de su puesto y a la gravedad, de la hora

actual. Nada falta—sigue diciendo él periódico— en la especificación de los

deberes, y nada tampoco en la visión conjunta del horizonte y tn la ojeada al

ayer. Dice bien el purpurado insigne:´ la historia de España no comienza este

año; no podemos renunciar crl patrimonio de sacrificios y de glorias >

pretéritas, tesoro espiritual. La palabra del primado es la palabra apostólica

cuando proclama que no puede ligarse a vicisitudes

de las Instituciones terrenas la Iglesia de Cristo, porque la vida de la Iglesia

es imperecedera.»

Después de esta famosa pastoral, tan aplaudida y tan criticada, las relaciones

Iglesia-Esterdo fueron empeorando hasta llegar a la ruptura. El cardenal

primado, arzobispo de Toledo, tuvo que dimitir, «aconsejado» por Roma, y quedar,

en palabras del propio Jefe del i Gobierno, «como un cardenal del Sacro Colegio,

sin tener relación más que con el Vaticano». Pero las cosas habían llegado tan

lejos que, a no tardar mucho, el cardenal Segura fue detenido por la Guardia

Ovil en Guadalajara y puesto en la frontera por orden gubernamental. Y basta de

preámbulos: la historia es historia, nos guste o no. Este es el texto íntegro de

aquella pastoral.

VENERABLES hermanos y, muy amados, hijos: Acontecimientos que todós

conocéis han creado un ,iuevo estado de cosas en nuestra Patria, que impone

a todos los católicos gravísimos deberes.

Sabemos que en estos momentos difíciles esperáis de Mos orientaciones y normas

qu« os señalen claramente el camino de vuestro deber. Asi nos lo habéis

manifestado muchos y aun a veces con impaciencia justificada por la gravedad de

la situación, pero qué Mos podíamos compartir, porque en momentos tan críticos

como los presentes era menester, mas que nunca, orar y meditar, ponderar tiempos

y circunstancias y dar lugar a que, serenados los ánimos, la prudencia y la

reflexión aconsejasen lo más. oportuno.

Por eso hemos guardado silencio y sufrido calladamente insinuaciones y aun

groseras calumnias, sin apartarnos de la línea de conducta que nos habíamos

trazado.- poniendo nuestra confianza en Dios, que, conocedor de la rectitud de

nuestras intenciones y del amor .que sentimos hacia la Iglesia,, y hacia nuestra

Patria, será siempre.\ nuestro mejor, escudo y .nuestra mas firme .defensa que

pueden cambiar el curso de la historia, no bastan para romper el hilo de la

tradición. El día de hoy e« hijo del día de ayer, y los grandes sucesos que

señalan nuevos rumbos a la vida de las naciones no se engendran de repente, sino

que, por lo común, tienen muy remota preparación y honda raigambre en otros

hechos. Tal vez muy lejanos, que por caminos ocultos a las miradas de los

hombres, pero patentes a la divina Sabiduría siguen influyendo do manera eficaz

a muchos siglos de distancia.

La historia de España no comienza en este año. No podemos renunciar a\un rico

patrimonio de sacrificios y de glorias acumulado por larga serie de

generaciones.

Los católicos, particularmente, no podemos olvidar que, por espacio de muchos

siglos, la Iglesia e instituciones hoy desaparecidas convivieron juntas, aunque

sin confundirse ni absorberse, y que de su acción coordinada nacieron beneficios

inmensos que la historia imparcial tiene escritos en sus páginas con letras de

oro.

La Iglesia no puede ligar su suerte a las vicisitudes´ de las instituciones

terrenas. Estas se mudan, y la Iglesia permanece; éstas sol.

Hoy ha llegado ya la salen de hablar, y lo ,haremos con sinceridad absolü7 IR y

con la claridad necesaria para que cuantos militáis en las legiones de paz de la

Iglesia católica tengáis normas seguras que os indiquen en estos momentos de

oscuridad y confusión el camino que habéis de seguir.

UNA MIRADA AL PASADO

Las conmociones más viontas de los pueblos, aunperecederas, y la Iglesia es

mortal.

Pero la Iglesia no reniega le su obra. En tiempo de anarquia afianzó con su

autoridad el poder real, y con ello prestó servicios inestimables a la causa -

leí orden y del progreso, como han tenido que reconocer los, mismos

historiadores adversos al cristianismo.

Cuando graves ´ circunstancias hicieron precisos nuevos cambios en el Gobierno

de la nación, la Iglesia, sin descender a contiendas ni rivalidades, siguió

ejerciendo su misión de paz, y el bien público tuvo en ella solidísimo baluarte.

Con frecuencia, en el espacio de largos siglos, tuvo que defender su

independencia contra intromisiones del poder civil, y en más de una ocasión hubo

de recordar sus deberes a los gobernantes que los olvidaron; pero respetó

siempre la forma de gobierno que la nación se había dado a sí misma.

No tenemos por qué ocultar que, si bien en las relaciones entre la Iglesia y el

poder civil hubo paréntesis dolorosos, la Monarquía, en general, fue respetuosa

con los derechos de la Iglesia.

El reconocerlo así es atributo a la verdad, sobre todo cuando se recuerdan con

fruición los errores y se olvidan los aciertos y los beneficios. España toda, y

particularmente nuestras archidiócesis, están llenas de monumentos que hablarían

si nosotros callásemos.

Séanos lícito también expresar aquí un recuerdo de gratitud a S. M. el rey don

Alfonso XIII, que durante su reinado supo conservar las antiguas tradiciones de

fe y piedad en sus mayores.

¿Cómo olvidar su devoción a la Santa Sede, y que él fue quien consagró a España

al Sagrado Corazón de Jesús?

Sí; los toledanos, dejando a un lado´ otros acontecimientos, recordaremos

siempre aquél día en que puso su bastón de mando a los pies de Nuestra Señora de

Guadalupe, y aquel otro del pasado mes de octubre en que, asistiendo al Concilio

provincial celebrado en Toledo. nos hizo evocar otros gloriosos concilios

toledanos que dejaron profundos surcos en nuestra vida nacional.

La hidalguía y la gratitud pedían este recuerdo; que siempre fue muy cristiano y

muy español rendir pleitesía a la majestad caída, sobre todo cuando la desgracia

aleja la esperanza de mercedes y la sospecha de adulación.

LA GRAVEDAD DE LA HORA PRESENTE

Para ponderar la gravedad de los momentos actuales´ nos ,bastará transcribir

aquí las palabras que dejamos escritas en 27 de febrero del próximo pasado año.

«Es unánime persuación en todos —declamos entonces— que los instantes actuales

son de grave trascendencia para «1 porvenir de nuestra Patria.

Bien es verdad que, aun en las circunstancias más difíciles de nuestra historia,

una palpable protección del cielo, nos ha salvado, con singular providencia, de

gravísimos riesgos; claro indicio del amoroso cuidado —al cual debemos

corresponder con filial gratitud— con que vela por nosotros la Santísima Virgen,

que quisó tomar. posesión de nuestro suelo a orillas del Ebro y dejarnos como.

perpetuo recuerdo de su voluntad y ayuda el bendito Pilar de Zaragoza.

Cierto asimismo • que tenemos la consoladora promesa que el Corazón de Jesús

hizo al padre Bernardo Hoyos de "reinar en España y con más veneración que en

otras partes".

Mas deber nuestro1 es no tentar a Dios; antes hemos de procurar, con una

actuación intensamente cristiana, precaver los males que parece se avecinan,

atrayendo sobre nuestra Patria las bendiciones del cielo.

No es preciso descender- a pormenores que seria delicado destacar y que, por

otro lado, son de todos conocidos. Baste decir que la gravedad del. momento

presente, en orden a un porvenir que tan incierto se vislumbra no se

circunscribe sólo a la situación política, sino que se extiende al mismo orden

social y al moral y religioso.

Pero la situación que conmueve a los ánimos es parte, sin duda, para que éstos

se preocupen más inmediatamente de los futuros derroteros políticos de la

Patria. Unos y otros con febril actividad se aprestan a tomar posiciones para la

defensa de sus ideas e intereses. Los antiguos partidos se reorganizan, se

anuncia la formación de otros nuevos, se plantean uniones o federaciones

circunstanciales para sumar fuerzas, indicio todo ello de que´ nos hallamos en

visperas de una intensa lucha política.

Ni aun los más avisados y previsores pueden conjeturar las consecuencias que

tendrá esta contienda,, no sólo en el orden político, sino también en el social

y muy especialmente en el religioso. Mas, como quiera que esa, ha de tenerse por

cierto que, aun considerada la situación no más que en este último aspecto, la

hora actual debe calificarse de grave.»

Los hechos han confirmado plenamente cuanto entonces escribíamos. Algunas

disposiciones ; recientes .en daño de los derechos de la Iglesia y otras más

graves que ya se anuncian y que, por ser de todos conocidas, •no enumeramos, dan

a los momentos actuales una gravedad, extraordinaria e imponen a la conciencia

de todos los .católicos españoles gravísimas responsabilidádes. que no podrán

eludir ni an^e la historia de la Iglesia ni, lo que más importa, ante el

Tribunal de Dios.

• DEBERES RELIGIOSOS DE LOS CATÓLICOS EN LA HORA PRESENTE

..Necesario es insistir apremiantemente sobre los deberes religiosos de los

católicos en la hora actual.

El arma poderosa e invencible en todas las necesidades temporales y

espirituales;´así de los individuos como ´de los pueblos, es el arma de la

oración cuando ésta reúne las condiciones que señaló el Divino Maestro.

En España, en estos momentos difíciles, no se ha orado ni se ora lo bastante, ni

se ha hecho la debida penitencia por los gravísimos pecados con que se ha

provocado a la divina justicia, y es necesaria una rectificación de conducta si

queremos llegar al triunfo de la buena causa.

Nos hemos dejado dominar por el espíritu de naturalismo que nos envuelve y hemos

fiado en lograr el éxito de nuestras empresas a los medios humanos cuando hay

que buscar en Dios Nuestro Señor el remedio de nuestros males.

Creemos, pues, imprescindible se organice, principalmente por las señoras

católicas, una cruzada de oraciones y de sacrificios para impetrar del cielo el

auxilio de que en estos momentos estamos tan necesitados.

Provechosísimamente podrán tomar a su cargo esta obra bajo la dirección de los

reverendos párrocos las señoras que en una u otra orma militen bajo las banderas

de la Acción Católica. Extensísimo es el campo de acción que se las ofrece,

promoviendo con toda intensidad no sólo oraciones privadas -por las necesidades

le la Patria, sino actos soémnes de culto, preces, rogativas, peregrinaciones •

de penitencia y utilizando los medios tradicionalmente usados en la Iglesia para

impetrar la divina misericordia, conforme a lo que dispusimos en nuestra

circular del día 15 de abril.

• DEBERES DE LOS CATÓLICOS EN CUANTO AL GOBIERNO PROVISIONAL

Innecesario es, por sabido de todos, hacer constar que la Iglesia no siente

predilección hacia una forma particular de Gobierno.

Podrá discutirse en el terreno de los principios filosóficos cuál es´ la mejor,

y aún puede suceder que entre los filósofos cristianos haya una cierta

unanimidad en preferir determinado régimen, pero la Iglesia, sobre este punto,

ha reservado su parecer, y es natural que así haya procedido, ya que la mejor

forma de Gobierno de una nación no se ha de determinar solamente a la luz de los

principios filosóficos, sino ponderando multitud de circunstancias de lugar,

tiempo y personas. La tradición, la historia, la índole y temperamento de cada

pueblo, su cultura y civilización, sus usos y costumbres, su estado social,

hasta su geografía y las circunstancias externas que le rodean, pueden hacer

preferible una forma de Gobierno que teóricamente no sea la más perfecta.

Siendo el fin director de la autoridad civil el promover el bien temporal de sus

subditos, no toca a la Iglesia, que tiene un fin mucho más alto, descender a un

campo donde se ventilan intereses que, aunque muy respetables, son de un orden

muy inferior.

Mas no por eso se desentiende por entero del bien temporal de sus hijos. Es

misión de paz la suya, y para mantener la paz, que es fundamento del bien

público y condición necesaria del progreso, está siempre dispuesta a colaborar,

dentro de su esfera de acción, con aquellos que ejerzan la autoridad civil.

Pero, a su vez, pide que ésta respete los derechos que otorgó a la Iglesia su

divino Fundador y que, dentro

también de la esfera de acción del poder temporal, la ayude, en perfecta

concordia, al cumplimiento de sus altísimos fines.

A la luz de estos principios, fácil es determinar cuáles son los deberes que

incumben a los católicos con relación al Gobierno provisional que actualmente

rige los destinos de nuestra Patria.

La Santa Sede, en ocasiones análogas, ha trazado normas que los católicos deben

cumplir con fidelidad.

Según estas normas, es deber de los católicos tributar a los Gobiernos

constituidos de hecho respeto y obediencia para el mantenimiento del orden y

para el bien común.

Sírvanos en este punto de guía para nuestra conducta la prudentísima actitud de

la Santa Sede, que al darse por notificada de la constitución del nuevo Gobierno

provisional, declaró estar dispuesta a secundarle en la obra de mantenimiento

del orden social, confiando que él también, por su parte, respetará los derechos

de la Iglesia y de los católicos en una nación donde la casi totalidad de la

población profesa la religión católica.

DEBERES DE LOS CATÓLICOS EN LA ACTUACIÓN POLÍTICA

Más de una vez se ha repetido en estos últimos tiempos que la Iglesia no debe

mezclarse en la política. Pero, como ya advirtió Pío X, «no es ciertamente la,

Iglesia quien ha bajado a la arena política, la han arrastrado a ese terreno

para mutilarla y despojarla».

¿No se le ha de conceder, cuando menos, el derecho de defenderse en el mismo

terreno en que se la combate? «Cuando la política toca aJ altar —decía Su

Santidad Pío XI a la Federación Universitaria Italiana—, entonces la religión, y

la Iglesia, v el Papa, que la representa, no sólo tienen derecho, sino deber de

dar indicaciones, y normas, que los católicos tienen el derecho da buscar y la

obligación de seguir.»

De aquí que el Sumo Pontífice Pío X reprobó la doctrina que afirma que es un

abuso de la autoridad eclesiástica el que la Iglesia prescriba al ciudadano lo

lúe debe hacer.

No se preocupa la Iglesia te intereses puramente temporales, y no quiere invadir

Jemas jurisdicciones ni privar a sus hijos de la legitina libertad en aquellas

coSa , que Dios dejó & las disputas Se los hombres, «ro tampoco

puede consen-´r que se desconozca o se lermen sus derechos ni los derechos

religioso* de sus hijos.

Cuando esto suceda, cumdirá un deber, al que no puede sustraerse sin faltar su

misión divina, advirtiendo a los católicos el peligro, excitándolos a conjutarlo

y dándoles normas para el mejor logro de sus fies superiores.

A los católicos toca el acacudir y cumplir los mandatos cormas de la Iglesia,

que m la asistencia del Espíritu Santo, que la gobierna, y m la experiencia de

veinte siglos, sabe hallar siempre, i medio de las mayores acuridades, el camino

de . verdad y del acierto.

La Iglesia, pues, nos enseña, en primer lugar, que mando los enemigos del

tinado de Jesucristo avanan resueltamente, ningún católico puede permanecer

activo, retirado en su honor o dedicado solamente a las negocios particulares>.

«Procurar y acelerar —di Su Santidad Pío XI en i encíclica acerca de la

fortaleza de Nuestro Señor jesucristo— la vuelta de la sociedad a Jesucristo con

, acción y con las obras i ciertamente deber de los católicos; pero muchos de

los parece que no tienen i la convivencia social ni ; puesto ni la autoridad que

i indigno falte a quienes llevan ante sí la antorcha 9 la verdad. Esta,

desventaja quizá proceda de la patía y timidez de los buenos, que se abstienen

de lugar o resisten débilmente; a lo cual es forzoso que a enemigos de la

Iglesia ibren. mayor temeridad y idacia.» «A vosotros —deja a su vez a los

católicos 0 X en su encíclica Comunium rerum—; a vosotros A resistir

valerosamente atra esta funestísima provisión que tiene la moma

sociedad a adormese cuando más arrecia la ;ha contra la región, en a inercia

vergonzosa, bustido una "vil neutralidad" antada sobre vanos restos y

compromisos; todo daño de lo justo y de lo a esto, olvidados en aque- infalibre

y terminante ítencia de cristo: "El que

está conmigo, está contra .»

El mismo Pío X, en su áuto documento ínter catholica hispaniae, escribió

esta palabras. «Tengan to-5 presente que, ante el peligro de la

religión y del en público, a nadie es líbro permanecer ocioso.» De cual,

lógicamente, dedujo estro venerable predice el cardenal Aguirre, en primera de

sus memora-Normás de Acción Cara y Social, «que los caos no deben abandonar

manos de sus enemigos gobierno y administración os pueblos», a esto equiría su

abstención, puesto advierte el Papa

León XIII en su encíclica Inmortale Dei: «Si los católicos se están quietos y

ociosos, fácilmente se apoderarán de los asuntos públicos personas cuyas ideas

pueden no ofrecer grandes esperanzas de saludable Gobierno.»

Para impedir que esto suceda, se requiere por parte de los católicos una

prudente y eficaz actuación política. «¿No es deber de todos los católicos —

decía Su Santidad Pío X en su encíclica de 25 de agosto de 1910— usar de las

armas políticas que tiene a la mano para defender a la Iglesia y también para

obligar a los políticos a mantenerse en su terreno y no ocuparse de la Iglesia

sino para darle lo que le es debido?»

Esta actuación debe encaminarse de manera especial a que «tanto a las asambleas

administrativas como a las políticas de la nación vayan aquellos que,

consideradas las condiciones de cada elección, parezca que han de mirar mejor

por los intereses de la religión y de la Patria en el ejercicio de su cargo».

¿Será preciso insistir en la oportunidad de esta advertencia en los momentos

actuales de la vida española, cuando van a elegirse unas Cortes Constituyentes

que han de resolver no sólo sobre la forma de Gobierno, que al fin es cosa de

importancia - secundaria y accidental, sino sobre otros muchos cuya gravedad

suma, de trascendencia incalculable para la Iglesia y los católicos y para toda

la nación?

Nos hallamos en una de esas horas en que se va a decidir, quizá de manera

irremediable, la orientación y el porvenir de nuestra Patria.

En estos momentos de angustiosa incertidumbre, cada catolico debe medir la

magnitud de sus responsabilidades y cumplir valerosámente con su deber. Si todos

ponemos la vista en los intereses superiores, sacrificando lo secundario en

obsequio de lo principal; si unimos nuestros esfuerzos para luchar con perfecta

cohesión y disciplina, sin vanos alardes, pero con fe en nuestros ideales, con

abnegación y espíritu de sacrificio, podremos mirar tranquilamente el porvenir,

seguros de la victoria.

Si permanecemos «quietos y ociosos»; si nos dejamos llevar «de la apatía y de la

timidez»; si dejamos expedito el camino a los que se esfuerzan en destruir la

religión o fiamos el triunfo de nuestros ideales a la benevolencia de nuestros

enemigos, ni aun tendremos derecho a lamentarnos cuando la triste realidad nos

demuestre que, habiendo tenido la victoria en nuestra mano, ni supimos luchar

con denuedo ni sucumbir con gloria.

"En España no se ha orado ni se ora lo bastante, ni se ha hecho la debida

penitencia por los gravísimos pecados con que se ha provocado a la divina

justicia"

Cada católico debe medir la magnitud de sus responsabilidades y cumplir

valerosamente con su deber

La Iglesia nos enseña, en primer lugar, que cuando los enemigos del reinado de

Jesucristo avanzan resueltamente, ningún católico puede permanecer inactivo

En´ las circunstancias actuales todos los católicos, «sin distinción de partidos

políticos», deben unirse en apretada falange. Lo que hace años el Papa Pío X

juzgaba «necesario e indispensable», lo es hoy más todavía: «Necesario e

indispensable —decía aquel llorado Pontífice— ha juzgado la Iglesia, respecto de

los católicos de España, que, si no pudiera lograrse una unión permanente y

habitual, se establezcan, cuando menos, acuerdos transitorios, per modum actus

transeuntis, siempre que los intereses de la religión ´y de la Patria exijan una

acción común, especialmente ante cualquier amenaza de atentado con daño de la

Iglesia.» «Adherirse prontamente a tal unión o acción práctica común —continuaba

el citado Sumo Pontífice— "es deber imprescindible de todo católico", sea cual

fuere el partido político a que pertenezca.

Quisiéramos no tener que escribir nombres, que pueden ser bandera de combate de

diversos grupos; pero nos hemos impuesto el deber de hablar con entera claridad,

y lo cumpliremos lealmente. Y así decimos a todos los católicos, republicanos o

monárquicos: «Podéis noblemente discutir cuando se trate de la forma de gobierno

de nuestra nación o de intereses puramente humanos: pero cuando el orden social

está ,en peligro, cuando los derechos de la religión están amenazados, "es deber

imprescindible de todos unirnos para defenderla y salvarla".»

Es urgente que en las actuales circunstancias los católicos, prescindiendo de

sus tendencias políticas, en las cuales pueden permanecer libremente, se unan de

manera seria y eficaz para conseguir que sean elegidos para las Cortes

Constituyente candidatos que ofrezcan plenas garantías de que defenderán los

derechos de la Iglesia y del orden social.

En la elección de estos candidatos no habrá de darse importancia a sus

tendencias monárquicas o republicanas, 1 sino que se mirará, sobre toda otra

consideración, a las antedichas garantías.

Podrá servirnos de ejemplo lo que hicieron los católicos de Baviera después de

la revolución de noviembre de 1918: todos unidos y concordes, trabajaron

ardorosamente para preparar las primeras elecciones, en las cuales alcanzaron

una notable mayoría, aunque sólo relativa; de manera que. constituyendo el grupo

parlamentario más fuerte, pudieron, como atestiguan los hechos, salvar al país

del bolchevismo que amenazaba y que aún llegó a dominar algún tiempo .y defender

los intereses de la religión hasta la conclusión de un Concordato, muy favorable

a la libertad de la Iglesia y de las escuelas confesionales.

No se hablaba de Monarquía o de República, sino que toda la campaña electoral se

basó en estos dos puntos: defensa de la religión y defensa del orden social.

Esta coincidencia sería más fácil si todos los católicos que pertenecen a un

partido cualquiera recuerdan que «están obligados, como enseñó Su Santidad Pío

X, a conservar siempre íntegra su libertad de acción y de voto para negarse a

cooperar, de cualquier manera que sea, a leyes o . disposiciones contrarias a

los derechos de Dios y de la Iglesia, sino también a hacer en toda ocasión

oportuna cuánto de ellos dependa para sostener positivamente los derechos

antedichos».

Juzgamos innecesario descender a más pormenores. No es tiempo´ de largos

discursos, sino de orar, de obrar, de trabajar, de sacrificarse, si es preciso,

por la causa de Dios, y por el bien de nuestra amada Patria.

Si lo hacéis todos, venerables hermanos y muy amados hijos. Dios bendicirá

vuestros esfuerzos. Prenda de la bendición divina sea la que Mos os damos en el

nombre del Padre y del Hijo y de i Espíritu Santo. ..

Toledo. 1 de mayo de 1931. Pedro, cardenal Segura y Sáez, arzobispo de Toledo. •

Por mandato de su eminencia reverendísima el cardenal-arzobispo, mi señor,

doctor Benito M. de Morales, secretario canciller.

(Esta carta pastoral será leída al pueblo fiel en la forma acostumbrada.)»

PUEBLO

10 de junio de 1977

 

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