Autor: López Sancho, Lorenzo (ISIDRO). 
   Curiosa tierra de asilo     
 
 ABC.    11/06/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Planetario

Curiosa tierra de asilo

Las precipitadas declaraciones de un primer ministro novato, impaciente e Indiscreto, el señor Mauroy,

que ha pasado demasiado deprisa de una vida mediocre a una autoridad difícil y responsable, respecto a la

extradición del asesino Linaza, aprobada por la serena objetividad de un Tribunal de Justicia francés, han

sido acogidas aquí, sobre todo en algunos periódicos, con demasiada irritación. El presidente Calvo-

Sotelo ha mostrado más flema, es decir, mas prudencia política. Romper relaciones diplomáticas con

Francia si al fin ese nuevo Gobierno al que todavía le vienen anchos sus sillones, consumara su tropelía

política, su acto de hostilidad a la democracia legítima de España sería ridículo y contraproducente. Otras

deben ser las respuestas españolas.

Es afrentoso para Francia que el pobre improvisador señor Mauroy declare que Francia es «tierra de

asilo» para delitos políticos. En Francia, por de pronto, conservan la pena de muerte, abolida,

probablemente con excesiva presura aquí. ¿Fue Francia respetuosa, todavía hace pocos años, con el asilo

político que el peligroso coronel Argoud, cerebro de la OAS, se había buscado en Suiza para desde allí

dirigir el activismo contra De Gaulle? No. Como es sabido, «barbouzes» franceses secuestraron

ilegalmente a Argoud en Suiza y lo tiraron narcotizado., envuelto en una alfombra, en el atrio de Ntre

Dame, para que De Gaulle lo hiciera encerrar y condenar. ¿Tierra de asilo la tierra que no respeta a las

tierras vecinas como tierras de asilo? De España se hicieron reexpedir al ex presidente Laval para ponerlo

ante un pelotón de ejecución. España no fue tierra de asilo para Laval.

Y después del atentado de Petit-Clamart, contra el presidente De Gaulle, los Tribunales franceses no se

anduvieron con chiquitas. El teniente coronel Bastien-Thiry, director de aquel atentado fallido, pero no

invasor de todo un Parlamento, y sus principales coautores, Bougrenet de la Trenaye, y Prevost, eran

condenados a muerte el 4 de marzo de 1963 y el primero ejecutado en Ivry una semana después, los otros

dos, indultados y conmutados a cadena perpetua. ¿Francia tierra de asilo? Será para los otros. No para los

suyos. Da vergüenza comparar tanto rigor para lo que altera la casa y tanta sonriente lenidad para lo que

daña a la casa del vecino.

Cierto que ya en 1965 Mitterrand, entonces candidato a la presidencia, se declaraba partidario de

«amnistía plena y entera para todos los rebeldes que quisieron defender la Argelia francesa, para todos,

sin excepción», e incluso «para los grandes responsables de las ilegalidades de la V República, previa su

necesaria condena. Una cosa son las amnistías para los que atentan contra los otros y muy diferentes para

los que atentan contra uno. A eso tópicamente le diríamos cartesianismo. Los franceses, que conocen bien

a Mitterrand, le dirían «ftorentinismo», que tiene distintas connotaciones. Hay que enfadarse menos y ser

más prácticos en las respuestas. No sólo era corso Napoleón,—Lorenzo LÓPEZ SANCHO.

 

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