El voto católico y el voto de los católicos     
 
 Pueblo.    13/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

«EL VOTO CATÓLICO Y EL VOTO DE LOS CATÓLICOS»

José María Martín Patino, vicario de Pastoral de la archidiócesis de Madrid,

escribe en «El País»:

«La Independen cía de la Iglesia respecto al proceso electoral que han reiterado

nuestros obispos, se demuestra en esa actitud de respeto a las legitimas

autonomías del ámbito político, que no es un mundo desconectado de la fe

religiosa, pero sí distinto con leyes y procedimientos no deducibles directa

mente del Evangelio. De hecho, no existe ningún partido que pueda ser

canonizado, porque, como nos dicen los obispos, "ningún programa político es

capaz de realizar plena y satisfactoriamente los valores esenciales de la

concepción cristiana de la vida". El estatuto de una ideología, aunque sea

cristiana, no puede situarse en el plano dogmático, sino, en el de la

iluminación relativa de las conciencias o del grupo humano que la crea.

Dogmatizar la ideología es algo así ´como seguir pensando dentro del sistema

precopernicano, según el cual las creaciones humanas serían lo absoluto frente

al Evangelio que sería lo relativo, empeñándonos en que sea el Evangelio el que

dé vueltas en torno a nuestras propias ideas. La réplica a todo intento de

dogmatizar la política desde la fe es la trivialización de la misma fe.

Los obispos españoles felizmente no han hablado ´de siglas ni de programas

políticos concretos. No es su tema. Se limitan a proponer acertadamente una

serie de valores que el cristiano tiene que promover y defender. Posib1emente

esos valores no se dan todos juntos sin mezcla de mal, en ningún partido. Más

difícil aún será que se den jerarquizados según un mismo sistema objetivo. En la

práctica unos tienen que subordinarse a los otros y cuántas veces hasta se

atropellan, sacrificando en honor de un tipo de libertad otras libertades. Pero

el cristiano tiene que pensar en todos los hombres y elegir para ellos libertad,

moralidad pública estabilidad de la familia, pleno respeto a la conciencia

religiosa, justicia social, etc. Y esto equivale a remitir a la conciencia

cristiana la elección normalmente de lo menos malo. Una misma luz puede

iluminar, atraer y mover planetas distintos.»

 

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