Autor: DIÓGENES. 
   También los curas     
 
 Pueblo.    18/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

TAMBIEN LOS CURAS

ANTE la celebración del Día del Seminario —mañana, festividad de San José—( el

cardenal Tarancón convocó ayer una rueda de Prensa al objeto de •establecer, a

la luz de las coordenadas de un tiempo nuevo, la figura del sacerdote en la

sociedad española de hoy. A lo largo de la charla con los periodistas, quedó

bastante claro, en cierta forma, eJ fondo auténtico de la crisis de vocaciones.

El cardenal es optimista: parece ser que se ha superado la fatídica curva de

descensG yocacional, que llegaba ya a un mínimo alarmante, y comienza a

ascender. Son vocaciones ciertas las de ahora, no prefabricadas a impulsos >le

una evidente situación emocional.

Sin embargo, un hecho real es que» los seminarios están casi vacíos fenómeno

producidoj sobre todo, en el curso de una década. ¿Por qué el sacerdote español

ha mirado más hacia atrás que [hacia delante? La respuesta a esta interrogante

es un tanto sutil. La doctrina permite el respiro airoso de que la manera de

vivir y de actuar del sacerdote está por encima de acontecimientos puramente

temporales. La identidad sacerdotal es clara teológicamente. Pero, al mismo

tiempo, se forma parte de una comunidad, a la cual, además, orienta

espiritualmente, por lo que está vinculado a ella. En opinión de Tarancón, el

sacerdote era antes un líder religioso que concentraba en su persona toda la

misión eclesial y toda la responsabilidad en la realización de la misma.

Quizá no siempre por culpa del propio cura. Ahora, no obstante, debe superarse

el ejercicio de un poder personalista, puesto que parece obvio que no debe

asumir para si, normalmente, to que igualmente pueden hacer otros miembros de la

comunidad, seglares y religiosos.

Ca Un problema que adquiere singular importancia en estos momentos es la postura

sacerdotal ante el hecho político. ¿Hasta qué punto, por ejemplo, puede

considerarse el compromiso sociopolitico como mediación de la fe? Los obispos

han dicho recientemente que la Iglesia no desea el Poder ni apoyar en él su

acción pastoral. No se trata, por tanto, de instrumentar la imposición de una

verdad, entre otras cosas por la elemental razón de que la verdad no se impone.

Medítense tiempos anteriores, y la conclusión sobre la no conveniencia de

ambiciones personales aparece claramente explicitada. Ello no significa que el

ámbito eclesial este fuera del bien y del mal. Si el cura es una especie de

enviado en la comunidad, es misión suya recordar y promover continuamente la

dimensión trascendente de la existencia humana, que mira a Dios, y no olvida

tampoco aquellas grandes opciones temporales, sin exclusivismos confesionales,

que salvaguarden la defensa de los derechos humanos, el apoyo a los débiles y

marginados, la promoción integral de la persona humana, la conciencia crítica de

la sociedad y el trabajo permanente por la paz y la justicia.

La figura humana y natural del sacerdote, revitalizada ante el Día del

Seminario, se presta, pues, a un análisis distinto, más racional, conformado con

una comunidad de nuevos arraigos. Y su madurez crítica puede representar una

saludable influencia, en el esperanzador cauca de una España democrática.

DIOGENES

 

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