Autor: Jiménez Losantos, Federico. 
   La anti-España     
 
 Diario 16.    22/10/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS

La antiEspaña

Algunos párrafos del general Aramburu en su alocución en la festividad de la Virgen del Pilar, patrona de

la Guardia Civil, despertaron gran eco, silencioso y sonoro, en la opinión pública nacional. No es para

menos.

Allí estigmatizó el general, con legitimo orgullo, la mínima anti-España de tos que asesinan vilmente

guardias y también la de los que intentan desprestigiar a la Institución «por medio de películas, artículos,

reportajes y calumnias».

Que la antiEspaña de los asesinos sea mínima o así se lo resulte a la Guardia Civil confortara sin duda a

todos los españoles, al ver que las provocaciones terroristas no consiguen hacer aflorar loa nervios, sino el

coraje de una Institución que se desvive, a veces del modo más terriblemente literal, por garantizar la

pacifica convivencía de todos tos ciudadanos.

Pero resulta más difícil interpretar a qué escritores o artistas se refiere el general incluyéndolos en esa anti

España de la pluma o de la cámara.

«El crimen de Cuenca"

Precisamente por espíritu patriótico habría que discutir, civiles y militares, acerca de los mejores

modos porque sin duda hay varios- de contribuir intelectualmente a la reorganización nacional

española. Así no veríamos el triste espectáculo de quienes discuten a la chita callando si el general se

refería a lo del Crimen de Cuenca o a los que propugnan un carácter civil y no militar para la Benemérita,

o bien si indirectamente jaleaba el festival de la ultraderecha en las Ventas en homenaje a la Guardia

Civil.

Naturalmente, yo tampoco sé a quién se referia exactamente el general Aramburu con su feliz

expresión de la «mínima anti-España no asesina», pero estoy convencido de que su sentido último no

puede ser otro que el de estimular una pasión intelectual auténticamente española, es decir, a la altura de

los máximos valores espirituales producidos por nuestra nación.

Pasará «El Alcázar»

Quizá porque los talentos hispanos andan remisos en esta necesaria y permanente labor, me alegraba yo

tanto el otro día leyendo la polémica de Rafael Sánchez Ferlosio con un columnista de «El Alcázar"

acerca del más verdadero sentido humano del patriotismo.

Ferlosio representa para mi esa España mínima, mínima en sus aspavientos patrioteros, pero máxima al

darle a la nación mediante su obra cultural una dimensión que la enaltece. Pasará el tiempo y pasarán los

columnistas de «El Alcázar», pero cuando alguien quiera ver cómo la inteligencia española buscó el ser y

el acontecer profundo de nuestro pueblo en un momento clave de su historia, encontrará en El Jarama ese

limpio y durable testimonio español.

Los que desde posiciones liberales estamos entregados a rehacer una idea de España que pueda convocar

en tomo a muchos de los que alejó un régimen político de partida más que de partido, excluyente,

disgregador y antinacional, la España mínima que podemos tolerar es aquella en la que tengan su asiento

la inteligencia y la libertad. No cabe defender el ser de español si no se sabe defender la condición de

hombre libre. El siervo tiene amo, no nación.

Y contra esta nación de hombres libres que, para ser digna de su historia en el mundo, ha de ser España,

se levanta otra anti-España, la máxima anti-España, que, sí es mínima por su valor moral, resulta gruesa,

ya que no grande, por la profunda herida que causa a la nación. Esa es la que yo quiero ver estigmatizada

en las palabras del general Aramburu, ésa que, en textos y en imágenes, intenta desprestigiar a la Guardia

Civil y a todo el Ejército considerándolos capaces de atender a su llamamiento para quebrar las leyes y la

soberanía del pueblo español.

Ricino y formol

Es esa anti-España que vive de ofrecerse como betún para las botas de los aventureros, esa antiEspaña

que vive de quemar librerías, esa anti-España que tiene la sangre de ricino y el alma de formol, esa anti-

España que sueña permanentemente con sangre española, esa anti-España que no quiere ver un cuartel en

la nación, sino la nación en un cuartel, esa anti-España que pretende halagar a la Guardia Civil no

organizando la labor callada de concienciar a la mayoría sobre la necesaria unidad de pueblo y el Ejército,

las necesidades estratégicas de nuestra Patria, o cómo realzar el menguado papel que aún representamos

en el mundo, sino a base de jaranas vocingleras, de asambleas de coristas, artistas sin arte y cantantes sin

voz, ofreciendo firmas tan vendidas en el pasado que nadie en su sano juicio daría un duro por ellas.

Esa es la anti-España, mínima, pero no dulce; halagadora, pero en su beneficio; militarista, pero sin

disciplina ciudadana; patriotera, pero sin sentido patriótico, que destroza todos los días la fe en nuestra

nación, la tranquilidad en el Ejército y el respeto debido a las leyes.

Contra esa anti-España, la España mínima que hace películas, que hace libros, que hace periódicos, que

hace España, la España que perdurará más allá de paradas domingueras y política de feria, sólo le pide al

Ejército y a la Guardia Civil en particular que permanezca en su lugar, que cumpla, como cada español

cada día, con su obligación. ¿Qué otra cosa puede pedir España?

 

< Volver