Autor: Hernando, Bernardino M.. 
 Religión. Tras la XXVI Asamblea Plenaria del Episcopado. 
 Los obispos españoles apoyan la libertad y el respeto de los derechos humanos     
 
 Informaciones.    27/06/1977.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 29. 

RELIGION

TRAS LA XXVI ASAMBLEA PLENARIA DEL EPISCOPADO

Los obispos españoles apoyan la libertad y el respeto de los derechos humanos

MADRID, 27 (INFORMACIONES, por Bernardina M Hernando).

EL sábado 25, a la una menos cuarto del mediodía, según informamos en nota de

última hora a nuestros lectores, terminaron los trabajos de la XXVI Asamblea

Plenaria del Episcopado, reunida desde el lunes día 20 en la Casa de Ejercicios

de Pinar de Chamartín.

• EL DIACONADO PERMANENTE, REESTRUCTURACIÓN ECONÓMICA DE

LA IGLESIA Y ENSEÑANZA RELIGIOSA, LOS TRES GRANDES TEMAS DE ESTA ASAMBLEA

• JESÚS IRIBARREN, NUEVO SECRETARIO DEL EPISCOPADO

Y terminaron con una declaración sobre «la enseñanza religiosa en las escuelas».

Este comunicado final, que nos parece de gran interés en este momento del país,

resume en quince puntos programáticos Ja postura de los obispos españoles con

relación a uno de los temas más debatidos e importantes. En un tono mesurado,

respetuoso y razonador, los obispos defienden el derecho de los padres a

«reclamar» enseñanza religiosa para sus hijos, derecho al que corresponde el

deber del sistema educativo de impartir esa enseñanza. Bajo el epígrafe «La

formación religiosa, inseparable de la educación humana», se encierran los cinco

primeros puntos, de los que destacamos el tercero, que dice textualmente:

((El proceso de la educación en la fe no se puede separar del proceso educativo

general del hombre. Los padres de familia, cristianos, vienen por ello obligados

a conseguir que la educación de sus hijos en la escuela incluya su formación

moral y religiosa, en conformidad con la fe de la Iglesia. De ahí arranca el

hecho histórico y actual de que en países de nuestra tradición cultural y de

régimen democrático, se imparta la educación religiosa dentro del cuadro general

de la enseñanza.»

. «No existe escuela neutra», es el segundo epígrafe en cuyos puntos 6 y 7 se

dice, entre otras cosas: «Un Estado de derecho debe garantizar de manera

efectiva a todos los padres de familia católicos la posibilidad de elegir para

sus hijos este tipo de escuela (la católica). La existencia de escuelas

católicas es una de las condiciones de la libertad religiosa de nuestro país.»

EDUCACIÓN CATÓLICA Y LIBERTAD RELIGIOSA

Los obispos saben muy bien que esta defensa de los derechos de los padres

católicos a una educación religiosa escolar para sus hijos va a levantar en

muchos la sospecha de que se puede conculcar la libertad religiosa, el derecho

inalienable de todo ciudadano a que no le sea impuesta una doctrina religiosa. O

la sospecha de que la Iglesia quiere seguir disfrutando privilegios o

protegiendo dudosos negocios. Por eso se cuidan de dejar muy claro, en los seis

puntos finales de su comunicado, que, en ningún caso pretenden defender

privilegios, sino exigir derechos universales. En esos puntos finales concretan

el modo cómo debe llevarse a cabo aquel derecho a la enseñanza religiosa, no

sólo sin menoscabar los derechos de quienes no"se sientan católicos, sino hasta

sin herir en lo más mínimo susceptibilidades ajenas. Lo que los obispos rechazan

con energía es «la ruptura con nuestra identidad histórica, implantando una

escuela neutra que violentaría la conciencia mayoritaria de nuestro pueblo». Y,

sin duda, al decir esto, tienen ante los ojos recientes estadísticas en las que

se pone de relieve el deseo confesado de la mayoría de los padres españoles de

ofrecer a sus hijos una educación cristiana.

El comunicado propugna igualmente la existencia de enseñanza privada y, dentro

de ella, la de la Iglesia, «sin discriminación alguna en el orden económico y

académico, cuando, sin objetivos de lucro, prestan su servicio a la sociedad».

Está claro que lo que la Iglesia jerárquica no desea, en modo alguno, es una

estatalización de la enseñanza, aunque si es consciente de .una necesaria

socialización que acabe con privilegios y escandalosas desigualdades.

El punto penúltimo, antes de agradecer sus tareas educativas a los maestros

católicos, dice textualmente:

«El Episcopado español presento estas apreciaciones a la opinión pública y a los

representantes del pueblo, con ánimo dialogante y con apertura hacia todas las

fórmulas que tiendan a incrementar la calidad de la enseñanza y la justicia

social del complejo educativo. . En modo alguno deseamos que este tema llegue a

convertirse en factor de división entre los españoles. Adelantamos nuestra

confianza en la recta intención y en el afán de servicio de los grupos sociales

y políticos que se plantean en estos momentos el futuro educacional del país.»

EL DIACONADO Y LA ECONOMÍA

Por 57 votos a favor, 3 en contra y 5 abstenciones, la asamblea aprobó en la

sesión vespertina del día 24 la propuesta a Roma de establecer en España el

diaconado permanente, tal como se sugería en el Vaticano II. Hasta ahora, los

obispas españoles, en general, .han estado bastante remisos en aceptar esta

renovación del diaconado permanente, que supone la existencia de personas,

solteras o casadas, que, sur ser sacerdotes, con la sola ordenación diaconal,

desempeñen algunas funciones reservadas hasta hoy a los sacerdotes, tanto en el

aspecto litúrgico como en el educativo o administrativo. Es, por tanto., una

novedad surgida por el camino del diálogo y de la convicción. Salvando siempre

la libertad de cada obispo que en su respectiva diócesis podrá o no poner en

práctica esta .propuesta que, sin duda, vendrá aprobada de Roma.

Hace pocos meses se introdujo la novedad del nombramiento de un cargo especial

para la gestión administrativa-económica de la iglesia española, en la persona

del sacerdote abulense don Ramón Herráez. Su gestión ha alcanzado, en esta

asamblea, un primer hito al aprobar los obispos la propuesta de un nuevo sistema

de financiación estatal que habrá de consistir no en un pago detallado, por

«pieza eclesiástica» (por cargo desempeñado), como se venía haciendo hasta

ahora, sino en una cantidad global entregada al Episcopado y que éste

administrará equitativamente, de acuerdo con las necesidades de cada diócesis.

Al mismo tiempo que se impulsa el difícil pero necesario asunto de que cada vez

sea mayor la independencia económica con relación al Estado y la Iglesia pueda

ir autofinanciándose, sobre todo por las aportaciones voluntarias de sus fieles.

OTROS TEMAS Y NUEVO SECRETARIO

Esos tres grandes temas aludidos han centrado la atención primordial de los

obispos, pero en las asambleas plenarias siempre hay numerosos asuntos, de

trámite unos y otros no tanto, que llenan muchos minutos de diálogo y reflexión.

En esta XXVI asamblea, por ejemplo, ha pasado un poco injustamente inadvertido

algo de gran significado: la aprobación de un Nuevo Testamente Ecuménico: por

primera vez en España se va a editar un Nuevo Testamento, de forma conjunta por

protestantes y católicos. Sin notas teológicas, en las que evidentemente

existirían diferencias insalvables por el momento, pero con introducciones

comunes. Es una buena noticia ecuménica en este país de tan lento caminar por el

entendimiento entre católicos y cristianos no-católicos.

Queda pendiente, y de ello se ha hablado ampliamente en la_ asamblea, otro tema

muy importante: la reestructuración de las circunscripciones eclesiásticas, es

decir, de la geografía diocesana. Tal como hoy esta queda desfasada y con mucho

retraso incluso de la división política. Y no sólo, habrá nueva estructura

diocesana, sino qué parece que es ya segura la creación de diócesis nuevas. Con

todo ello se. dará un paso Importante en la atención pastoral española hoy un.

tanto problematizada por una división, que, aunque ya fue arreglada hace algunos

años, está pidiendo, a gritos una fórmula nueva.

Y entre las decisiones "de trámite" -^es decir, obligadas y previstas— estaba

una que atraía la atención de todos los medios de comunicación: la elección de

un nuevo secretario, sustituto de monseñor Elias Yanes, nombrado arzobispo de

Zaragoza. En esta elección se jugaba un poco el nuevo aire de la Conferencia

Episcopal.

Era importante saber por quién se inclinarían los obispos a la hora de escoger

al hombre que les va a representar de cara a la opinión pública y que va a tener

que coordinar sus trabajos, que ésta es la misión del secretario general.

Tres nombres quedaron en seguida firmemente propuestos como candidatos: los

obispos Echarren y Guix, auxiliares de Madrid y Barcelona, respectivamente, y un

sacerdote: Jesús Iribarren. Y esto si que era una novedad importante. Ya se

venía hablando hace tiempo de la posibilidad de un secretario-sacerdote (de

hecho ya en 1972 fue candidato el entonces sacerdote y obispo, monseñor Estepa

Llanreus) e incluso se había adelantado algún nombre, por ejemplo, el del decano

de la Rota, señor García Failde. No sorprendió, por tanto, la presencia en la

terna elegible del nombre de un no obispo. Lo que sí sorprendió fue el nombre

concreto, el de Jesús Iribarren. Y no precisamente porque nadie dudara de la

competencia de don Jesús Iribarren, sino porque hacia demasiado tiempo que daba

la impresión de que la, Iglesia española había decidido desaprovechar a una de

las personas más cualificadas del sacerdocio español. Afortunadamente fue

elegido Iribarren por mayoría, y el Episcopado español • cuenta desde ahora con

lo oue alguien ha llamado repetidamente "el secretario ideal", un auténtico

"lujo" para cualquier episcopado del mundo. Y merece la pena detenerse un poco

en este hombre excepcional, que accede ahora al cargo de secretarlo y en el

significado de su nombramiento. De alguna manera podremos ventear así algunos de

los futuros caminos de la Iglesia en España.

DON JESÚS IRIBARREN, UN VASCO UNIVERSAL

Cuando en febrero de 1968 se´ constituye la Conferencia Episcopal Española, más

de uno pensó que había un secretario ideal e... imposible: don Jesús Iribarren.

Once años más tarde, cuando el Episcopado español ha tenido ya dos secretarios,

Guerra Campos y Yanes, y cuando Iribarren sigue siendo sólo sacerdote (es

monseñor, pero no obispo) ha sido posible el nombramiento de este cura vasco que

ahora anda por la sesentena y es bien conocido en los medios católicos

internacionales. Viajero de todos los rincones del mundo, políglota —se «maneja»

en siete idiomas, el ruso entre ellos—, consultor de comisiones pontificias,

consejero y emisario más de una vez de conferencias episcopales de varios

países, ex secretario de la U.C.I.P. (Unión católica internacional de la

Prensa), con residencia en París y antes primer director de la revista

«Ecclesia», fundador y primer director de la Oficina General de Información y

Estadística de la Iglesia en España, pionero de la Sociología Religiosa (de 1955

es su libro «introducción a la Sociología Religiosa»), periodista, organizador

de la Oficina dé Prensa durante el Concilio Vaticano II, redactor-consejero del

diario madrileño «Ya»... este aluvión de cargos y saberes no completan, sin

embargo, la personalidad de Iribarren. Hombre, paradójicamente, nervioso y

sereno, amigo de las flores y de la filología, hábil manejador de labores

artesanales, narrador espléndido del mejor anecdotario clerical de la Iglesia

española, modesto hasta la oscuridad y dotado de un especial sentido del humor,

Jesús Iribarren es, sin duda, una de las figuras clericales mejor dotadas y más

y mejor estimadas por quienes tienen la fortuna de conocerle. Es también un poco

simbólico de una cierta trayectoria un tanto paradójica de la misma Iglesia a la

que ha servido y sirve: durante estos últimos años muchos nos hemos preguntado

como era posible que un hombre así estuviera metido en un rincón. Aunque la

verdad es que él estaba a gusto, trabajando en silencio, apareciendo en contadas

ocasiones a través de sus colaboraciones de Prensa o de sus libios (en -1975

publicó una edición de los documentos colectivos del Episcopado español, 1970-

1974, de obligada consulta)

Don Jesús Iribarren fue polémico en los años cincuenta, cuando siendo director

de «Ecclesia», en plena época de la más cerrada censura estatal, se atrevió a

decir cosas —cosas muy sensatas y muy sensatamente dichas, por lo demás— que

entonces resultaban «peligrosas». Aquello le ganó «mala» fama en ciertos

círculos que tuvo que pagar con una especie de dorado ostracismo permanente Pero

monseñor Iribarren es y ha sido siempre, hombre moderado, tenaz, trabajador

Incansable y modesto.

Quizá la mejor noticia de esta Asamblea recién terminada sea su elección

democrática —por mayoría de votos episcopales— como secretario, tercer

secretario de la Conferencia Episcopal española. Sus dotes lingüísticas,

organizativas, literarias, sus contactos internacionales, la seriedad de su

trabajo y su

permanente servicio a la Iglesia le convierten en hombre clave, por lo menos, de

estos próximos cinco años para los que ha sido elegido. Algunas atribuciones

anejas al cargo no podrá desempeñar las —por ejemplo la representación española

ante el Consejo de Conferencias Episcopales de Europa— por no ser obispo. Hay

que tener en cuenta, sin embargo, que en varios otros países la Secretaría del

Episcopado es desempeñada también por un sacerdote. No tendría nada de extraño,

no obstante, que el nuevo secretario español fuera pronto designado obispo.

Aunque esto sea algo que al propio Iribarren le traiga sin cuidado.

Pasados ya los absurdos tiempos de trifulcas Iglesia-Estado y de constante

tencon-ten esterilizador, los tiempos de engañosos triunfalismos o de

humillantes complejos, la Iglesia en España tiene que ponerse, con toda su alma,

a la tarea de cumplir su misión: predicar el Evangelio y hacerlo lo mejor

posible. Con humildad, pero con valentía. Como el mejor servicio que puede

prestar a la comunidad de los ciudadanos del país.

Precisamente el comunicado oficial de esta XXVI Asamblea recién clausurada

comienza asi:

«Los obispos españoles seguimos con esperanza el momento del país y muy

particularmente prestamos atención a su horizonte educativo. AI plantearse

nuestra vida, nacional sobre irnos supuestos de libertad y de respeto a los

derechos -humanos, deseamos que la actividad de la Iglesia apoye decididamente

este proceso y concretamente en el campo que más nos afecta, el de la libertad

religiosa.

Consecuentes con la doctrina conciliar y pontificia, y en sintonía con la

Declaración Universal de los Derechos del Hombre y con otras convenciones

internacionales, la Iglesia en España desea una plena vigencia de esos

derechos, tanto para sus fieles como para todos los ciudadanos.» En «este

espíritu» se ha celebrado esta asamblea y quiere seguir funcionando la jerarquía

católica de España. Que así sea. I

NFORMACIONES

27 de junio de 1977

 

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