XXVI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal. 
 "Es indispensable ahora mirar primero hacia dentro de la Iglesia"  :   
 Discurso del Cardenal Presidente, monseñor Enrique y Tarancón. 
 Ya.    21/06/1977.  Página: 24-25. Páginas: 2. Párrafos: 93. 

INFORMACIÓN RELIGIOSA

XXVI ASAMBLEA PLENARIA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL

ES INDISPENSABLE AHORA MIRAR PRIMERO HACIA DENTRO DE LA IGLESIA

DISCURSO DEL CARDENAL PRESIDENTE, MONSEÑOR ENRIQUE Y TARANCON

Dadas las nuevas corrientes sobre la enseñanza y la educación y los puntos de

vista de algunos movínvbrttos políticos, las asociaciones de padres—que son los

que tienen el derecho y el deber de escoger para sus hi{os la educación que

consideren necesaria—van a tener una importancia singular" • "La unidad

eclesial puede ser cuestión de vida o muerte"

"Nuestro pueblo ha dado una gran prueba de maduración y podrá establecerse

correctamente el diálogo democrático, consiguiendo que España sea para todos" O

"La Iglesia, como tal, no quiso entrar en la lucha electoral. Ño ha querido

entrar en fs pugna electoral, sino que ha tenido un marcadísimo interés en que

no se la considerase beligerante" • "Con buena voluntad, pero con no suficiente

seriedad, los cristianos quieren hacer compatible la fe con todas las

ideologías, con todas las posturas, con todas las concepciones de la vida"

Ayer, a las once Se la mañana, comenzó sa trabajo lo XXVI Asamblea Plenaria de

´a Conferencia, Episcopal Española, bajo la presidencia del cardenal arzobispo

monseñor Vicente Enrique y Tarancón y con la presencia, expresamente invitado

para el acto, del nuncio apostólico de Su Santitud en Madrid., monseñor

Dadaylio.

Monseñor Enrique y Tarancón pronunció un discurso que^ desde muchos aspectos,

jmede considerarse ya histórica´. Fijó el comportarmienio de la jerarquía

española, ante los recientes elecciones, justificó, la postura.de la Iglesia en

los últimos años, reafirmó su linea de conducta en I» •inspiración del Vaticano

U, propuso una serie de cuestiones prioritarias para el inmediato .futuro y

definió la misión cristiana como férvido ni pueblo y canuy nonciencid crítica,

de tó sociedad nueva.

Tras el discurso del cardenal presidente de !« Asamblea, el muido apostólico

pronunció unas breves palabras, muy importancias. Auguró plena libertad

religiosa perra los ciudadanos, destaco el papel muy positivo de la Conferencia

Episcopal, subroyó la importancia de unos ameraos parciales ponderados y

equitativos con la Santa Sede y reclamó la unidad ecíesial.

Ofrecemos el texto integro d* ambas intervenciones.

Iniciamos esta asamblea plenaria en un momento importante par» nuestro pueblo.

"Ha empezado un nuevo capítulo de la historia de España", ge ho repetido dorante

estos días. V es lógico que todos los españoles—también los obispos—nos sintamos

interpelados por esa nueva realidad que abre rumbos nuevos a la convivencia

política y social.

Es evidente además que la estructura democrática va a influir en la vida de

nuestros cristianos, condicionando, al propio tiempo, la presencia y la

actuación de la iglesia, >iue si ttene una misión propia y e*pecíficaj autónoma

« independiente de la sociedad política, por vivir Inmersa en ella, lin de

acomodarse a- sus circunstancias, e incluso ha de prestarle una sana

cooperación, ya que Ja comunidad política y la Iglesia como toa recordado

«I"Concillo, "aunque por diverso t£tulo( están al servicio de la vocación

personal y social del hombre".

A nadie puede extrañar, por lo tanto, que aproveche el discurso de apertura de

esta reunión

episcopal para referirme a esa tema; que está en las conversaciones de todos, «

incluso para introducir unos puntos de reflexión Que juzgo inaplazables.

Tendremos que explicar a loa cristianos, y aun a todos los nombres de buena

voluntad, las razones de nuestra conducta hasta ahora y de nuestras tomas de

postura en el futuro, en ese futuro al que nos dirigimos todos c.on-jel corazón-

abierto a 1» más firme esperanza, pero que va a exigirnos decisiones

importantes.

La Iglesia ha seguía o su camino a través de loa siglos acomodándose a todos los

cambios culturales y a las distintas situaciones políticas y, permaneciendo ´

tiel a si misma, ha sabido prestar una ayuda -eficaz a los nombres y a la

sociedad, ya que el mensaje de salvación que ella predica ee un mensaje de

liberación total.

Estamos seguros de la asistencia de: Espíritu y empezaremos esa nueva etapa- con

el mismo entusiasmo y con Idéntica ilusión que hemos puesto siempre en nuestro

servicio al pueblo de Dice y aun a la humanidad entera.

La Iglesia en el momento actual

Durante unos días hemos estado todos pendientes de las elecciones y del

resultado (le las misnas. En un régimen democrático "tiene el sufragio una

importancia capital—de él depende la orientación, política inmediata—, y es

lógico que todos estuviésemos un tanto preocupados porque se tragaba de una

experiencia nueva para la que nuestro pueblo parecía tener escasa preparación y

sobre todo parque ee ponía en juego nuestra convivencia y el futura de- nuestra

pueblo. " ´´Tambien la Iglesia—obispa, sacerdotes y fieles—participábalos, como

era natural, de «sa preocupación genera], - Pero yo os confieso que mi

"preocupación era más como ciudadano español que como hombre de Iglesia, Me

explicaré:

Es natura] que como ts-paío^ ´.. me preocupase del resultada de las

elecciones porque fie -M –podía depender que la nueva estructura democrática

fuese viable, dado nuestro carácter, y no abriese un camino de

excesivo riesgo que podía producir alarma.

Pero como obispo, mirando a la presencia y actuación de la Iglesia en el futuro,

estaba convencido de que las e\ecciones y él resultado de las mismas no iba a

alterar decisivamente nuestro camino. Dada la postura que había tomado la

Iglesia ante «se hecho, al menos directamente, no debía sentirse influida—ni

podía aparecer influida—en el resultado electoral. V esto por tres razones;

a La Iglesia como ta!, representada por la Jerarquía—por la Conferencia

Episcopal—, no quiso entrar, en la lucha electoral.

Aunque se han producido algunas manifestaciones ile miembros de la Iglesia,

siempre desde un punto de vista ético, lo cierto «s que la Iglesia aficialmente

y lo prueban evidentemente los comunicados que ha publicado la Asamblea

plenarfa, y la Comisión Permanente—no sólo no ha querido entrar en la pugna

electoral, «ino que ha tenido un marcadísimo interés en que no «e la considerase

como beligerante «n uri problema que, aun siendo crucial para nuestra Patria y

afectaba a valores trascendentes, debía s.er debatido en el terreno de las

opciones personales.

La Iglesia, pues, no podía ganar ni perder ,en una lucha en la que consciente,

reflexiva y decididamente no había querido tomar parte. Difícilmente podía

perder una guerra que ella misma no había planteado.

í>) Yo «ataba seguro, además, de que la Iglesia—como tal Iglesia, esto es, como

comunidad o f&mLlia de los hijos d« Dios qu-e tiene una. misión especifica da

carácter religioso—habla ds ealir purificada, ennoblecida y hasta, potenciada de

este .proceso.

Y, efectivamente, gracias a Dios, creo que todos se dieron cuenta do que 1*

Iglesia iio quería »er beligerante ni quería considerar el poder político como

instrumenta de evartgelización;

Nosotros hemos recordado insistentemente la responsabilidad de los cristianos en

el proceso político.

Hemos urgido «u participación responsable, recordándoles que esa responsabilidad

había d« considerarse desde su condición de españoles y desde su compromiso de

fe. Pero hemos respetado al- máximo su conciencia, personal y les1 hemos hablado

de su libertad para escoger la opción política qué en conciencia creyesen más

conveniente, siempre que mirasen atentamente al -&ien común de la Patria y esa

opción estuviese conforme con la concepción cristiana de la vida, esto est con

*U compromiso de fe.......

Y creo que hemos podido comprobar con satisfacción que, quizá por primera vez en

toda ia historia de España, no ha estado la Iglesia en el centro de la lucha

electoral, ni se ha manifestado con motive de la propaganda, aquel

.anticlericalismo feroz que surgía siempre —los que tenemos ya algunos años y

liemos sido testigos de otras luchas políticas podemos calibrar más

acertadamente 1» diferencia en las luchas políticas. No niego que esto puede

obedecer a otros fines o tácticas. Pero, aun así, no ,deja de ser altamente

significativo porque las mismas razones—o q´uizá mayores—existían en otros

tiempos y la táctica era radicalmente distinta. . Estoy convencido de que este

hecho nos da. ahora una mayor independencia y más autoridad para nuestra .

actuación en el futuro, en el que habremos de «eguir recordando derechos y

deberes a unos y * otros¿ actuando como conciencia crítica de fas mismas

opciones políticas y proyectando la luz de (a fe sobre toda te vida de loa

hombres.

- -

c) Porque estaba plenamente convencido de que el resultado, de las elecciones no

podía hacernos variar la linea de conducta que desde hace linos años ha seguiíio

la Iglesia en España, inspirándose en la orientación del Concilio, sunque deba

acomodarse esa línea a las nuevas circunstancias en iaa qu« habremos de actuar.

Línea de conducta que ,=e funda en la independencia de las dos sociedades—

Iglesia y comunidad política—en su prapio campo y «n la sana cooperación eiv

toda tó que ae redera, a la defensa de la dignidad de la persona y de sus

derechos y al bien común de la sociedad.

Sean cuales fueran los resultados de la consulta electoral, esta línea

estrictamente eclesial y plenamente conciliar, conservaría todo su valor y

tendría que ser mantenida decididamente por la Jerarquía,

Por eso no me preocupaba demasiado, desde el punto de vista estrictamente

eclesial, el resultado de las elecciones.

Clarificación de una postura

Es evidente que la Conferencia Episcopal Española na toniaüo desde hace unos

años una sctitud—estaba señalando antes algún aspecto de la misma—¡ mal

interpretada por algunos, Incomprendida por otros y que juzgo conveniente

clarificar.

Brevemente, podemos considerar como claves los principios siguientes:

• La Independencia de lo político.

• El reconocimiento del valor de lo temporal, por sí mismo, y de

sus peculiares reglas de juego que nosotros habíamos de res. petar.

• La renuncia al poder—económico y político—para que apareciese claramente

su faz evangélica..

• El compromiso por la Justicia que Importaba ei ser conciencia

crítica de las injusticias sociales y el tomar decididamente ia causa de los

pobres,

• El reconocimiento de líi libertad religiosa en el ordenamiento

civil, renunciando a los privilegios.

Esta postura, que algunos consideraron oportunista, en loa primeros tiempos, fue

impulsad» no por razones humanas, sino por un deber d* conciencia episcopal.

Nosotros habíamos de íer fíele* al Concilio. Y el Concilio habió claramente

sobre esos temas y señaló Ijua orientaciones oportunas.

Es verdad que por razones evidentes que iodos comprendéis esto resultaba

enormemente difícil «ñire nosotros, no sólo por la coyuntura soclopolítica en la

que debí amos iniciar esa camino, «ino por él peso de una tradición de siglos en

la que catolicismo y patñotistno casi— se confundian y el poder social—incluso

político—de la Iglesia se consideraba como una exigencia ineludible del estado

espiritual de nuestro pueblo, al que considerábamos como total y monolíticamente

católico y en el que incluso se consideraba la unidad político-católica como la

baas fundamental de la unidad. y convivencia de las´distintas regiones de

España,

Esto hizo que nosotros tuviésemos que medir las dificultades y actuar con

criterio pedagógico para ir formando la conciencia de muchos de nuestros fieles,

que a primera vista no podían comprender ése cambio.

Unos nos decían que era excesiva nuestra prudencia y que no temos actuado con la

suficiente decisión.

Otros, por el contrario, nos tachaban de imprudentes y hasta de temerarios—

algunos llegaron a llamarnos públicamente desagradecidos—porque poníamos en

peligro la fe de nuestro pueblo sencillo.

Esa misma disparidad de opiniones acerca de nuestra posición creo son una prueba

de que hemos intentado ser fie1es al Concilio sin aventuras que hubiesen sido

peligrosas.

Pero hay otra razón, más fuerte todavía, a mi juicio, que justificaba y hasta

exigía esa conducta: precisamente ´ parque pesaba mucho esa tradición de siglos

a que antes me refería era indispensable—mirando el cambio que te había

producido en nuestra sociedad v que ha ido acentuándose cada día—que diésemos

íignos claros de que la Iglesia renunciaba e. privilegios —cada día «e aceptan

menos los

privilegios en el orden civil por razones religiosas—, Que quería apoyarse en

Ja, debilidad del Evangelio más que en IB fuerza de la ley o de los poderes

económicos y políticos, y que todos entendiesen q\>e ´ia Iglesia qmtía centrarse

en su misión evangelizadora y en su proyección evangélica, para purificarse por

una parte de las "gangae" que siempre «e adhieren en el transcurso del tiempo;

especialmente cuando la Iglesia tiene una gran fuerza social y para poder

continuar su misión de prociarnadora del mensaje y de conciencia crítica, de la

sociedad, fuesa la que fuese la estructura socio-politica.

Yo estoy convencido de que ahora nosotros tenemos s»nia libertad para discernir

este momento que estamos viviendo y más clara autoridad, no sólo para exigir I»

plena libertad en la proclamación del mensaje, con todo lo que ello comporta, ya

que, como ha dicho el Papa, "la evangelizado^ lleva consigo un mensaje explícito

sobre los derecho* y deberes de toda persona humana,.., sobre la vida

internacional, la paz, la justicia, la libertad, el desarrollo, y un mensaje

especialmente vigoroso en nuestros días sobre la liberación", sino para actuar

como conciencia critica , de la nueva sociedad y de las nuevas realidades socio-

politicas.

Quizás en el orden intraeclefíal no ha sido tan clara, tan coherente y tan firme

nuestra actitud, por razones muy explicable?. Y cuando en la segunda parte de mi

discurso me refiera a lo que nos está exigiendo «1 momento actual de cara al

futuro yo me atreveré a sugeriros unos puntos de reflexión que convendría

examináramos cuanto ant«s para que entonces podamos mirar al futuro con una

firme esperanza.

To considero, pues, qne henao» sido claros y coherentes tratando de responder al

momento histórico que nos ha tocado vivir. Porque no podemos olvidar qu* nuestra

misión no es tan eólo dar criterios y normas abstractas de actuación cotidiana,

sino responder con decisión a la llamada histórica,

Mirando ai futuro

Empezamos, dicen, an nuevo capítulo de la historia. Y es necesario que en un

momento que es crucial nos paremos a reflexionar serena y seriamente sobre la

relación de la línea seguida hasta ahora cotí ¡aa nuevas circunstancias y «obre

la manera cómo la Iglesia habrá de hacerse presente en esa nueva realidad

social—personal • institucionalmente—y cómo habrá de actuar para Que BU posición

pastoral sea. eficaz.

Una sociedad democrática tiene sug peculiares características y aas reglas de

juego que nosotros no sólo no podemos desconocer, sino que habremos de utilizar

para la proclamación de la verdad y para ta defensa del bien. La Iglesia actúa

en- un 0oeleda>I determinada. Por medio de sus jerarcas, >ie sus miembros y dé

sus instituciones habrá de hacerse presente en ella de una manera acomodada, de

lo contrario— no sería aceptada.

Una sociedad cada día más secularlzada tmpnme carácter en sua miembros, aunque

sean cristianos, y puede reclamar otras formas de presencia institucional a la

Iglesia si desea evangelizar y no ser rechazada.

Una sociedad, además, religiosamente pluralista, no porque porque existan otras

confesiones religiosas con fuerza social, sino porque el mismo cristianismo y la

misma Iglesia admiten un pluralismo legitimo dentro tje BU seno. El magisterio

de !a Iglesia, base de su unidad, que no siempre es aceptado cordialmente por

muchos españoles, está exigiendo también que pensamos seriamente sobre la manera

corno nenio» de planear nuestra acción evangelizadora y cómo hemos de realizarla

para que sea más eficaz.

Xoí encontramos verdaderamente en el umbral de un nuevo mundo—cultural, social y

políticamente—, y la Iglesia ha d« buscar las nuevas formas de encarnación. ¥

esto es, a mi .hílelo, urgente, más bien inaplazable para no llegar tarde.

Sé que tenemos temas importantes en esta asamblea, aunque alguno de ellos—e! de

la, enseñanza, por ejemplo—batirá de *er considerado y resuelto coo esa visión

da futuro. Pero creo qu* no poetemos excusarnos de aprovechar esta coyuntura

providencial de estar reunidos para afrontar decididamente esa problemática que

está llamando a las puertas de nuestra Iglesia con urgencia inusitada.

El momento es interesante, pero difícil, dentro de la misma Iglesia. Xo &« ai no

liemos podido \\acei mis o hemos fallado «n nuestra misión, Ix> cierto e* que

tengo la impresión en estos momento» de que es indispensable mirar primero hacia

dentro para poder hacernos más presente» aJ mundo que nos rodea.

Permitidme, pues, que presente unas sugerencias en «se doble sentido.

Obietivos de nuestra reflexión

1. IDENTIDAD CRISTIANA

¿Os escandalizareis si digo que deberíamos «rnpeaar por reconstruir el

•significadoo cid «er cristiano, la que podríamos llamar la Identidad cristiana?

Porque con buena voluntad sin duda, pero, a mi juicio, con no suficiente

seriedad, los cristianos quieren hacer compatible la fe con todas las

ideologías, con todas las posturas, con todas las concepciones tíe la vida.

Bien sé que el cristiano no debe ser "anti". Donde exista un destello de verdad

o una migaja de bien allí está Dios. Todo debe ser recogido y santificado por el

cristiano.

Y quizás juzgando los acontecimientos actuales del mundo y de España, con mirada

histórica, pueda presentarse a la Iglesia una tarea importante—y tan dificil

como importan :e—para -discernir y aceptar cualquier huella evangélica que pueda

encontrarme en otras corrientes o movimientos aunque no sean cristianos.

Pero lo cierto es que es indispensable >i«e clarifiquemos la» cosas en cuanto

esté en nuestra mano para que, por Dios, no perdamos I» identidad .cristiana en

medio de esos movimientos e ideologías, que tienen, no cabe duda, una fuerza de

fascinación para muchos, pero que pueden -hacernos olvidar lo principal o, al

menos, dar Ja sensación de un cristianismo vago, sin exigencias fuerte* y sin

apoyos firmes y seguros.

Tarea Importante para la que necesitaremos la ayuda de teólogos y humarjista=

auténticamente cristianos. Tarea urgentísima que no podemos descuidar ni

aplazar.

2. UNIDAD ECLESIAL

Es necesario que reflexionemos también sobre la necesidad urgente de reconstruir

Ja unidad eclesial Y esto en todos Sos estratos de la Iglesia, pero

principalmente entre les sacerdotes. y religiosos.

Unidad eclesial que exige:

• La, unidad en la fe según la» enseñanzas del Magisterio auténtico.

El reconocimiento explícito de la. dimensión institucional de la Iglesia,

procurando, desde luego, que esa institución en lo que tiene de humano se

atempere a !as necesidades ´de hoy y a la psicología de los hombres de nuestro

tiempo.

• El fortalecimiento de la autoridad en la Iglesia con e] nuevo concepto,

desde luego, de autoridad y obediencia que ha perfilado el Concilio,

ya que sin el afianzamiento de esa autoridad —no de] poder de

imposición— no pueda manter.arse 1* unidad de Ja Iglesia. .

Y yo diría que para conseguir esa reconstrucción de la unidad eclesial es

indispensable que la Iglesia se gane la confianza Se los hombres, que los

presbíteros fie ganen la confianza de los fieles y que los obispos nos ganemos

la confianza de todos. Cosa nada fácil, lo sé, pero indispensable y que debe

obligarnos a buscar los medios y procedimientos a propósito para conseguirlo.

Puede ser cuestión de vida o muerte, considerando el problema de*de un punto de

vista humano.

MIRAR PRIMERO HACIA DENTRO DE LA IGLESIA

3. ASOCIAC1ONISMO CRISTIANO

Como un te_reer objetivo de nuestra reflexión yo propondría el de la promoción y

fortalecimiento de las fuerzas sociológicas cristianas—el asociacionismo

eclesial de seglares que actúa en tos diversos campos de la sociedad—como

instrumento indispensable para una presencia Afectiva de la Iglesia en esta

sociedad futura.

Todos reconocemos, por ejemplo, que, dadas las nuevas corrientes sobre la

enseñanza y educación y los puntos de vista de algunos movimientos, políticos,

las asociaciones de padres de familia, que son los que tienen el derecho y el

deber de escoger ´ para sus hijos la educación que consideren necesaria, van a

tener una Importancia singular.

Existen, desde Juego, una .Confederación Nacional Católica de Padres de Familia

y algunas federaciones diocesanas. ¿Con qué vida? ¿Con qué influencia social?

¿Con qué visión de la futura batalla que se habrá de librar en ese campo?

No podemos quedarnos tranquilos cuando una encuesta serla nos ha dicho que

más del 90 por 100 de los padres españoles quieren educación cristiana para sus

hijos. En una sociedad democrática será necesario defender ese derecho no sólo

con declaraciones dé los obispos ni aun, entendedme bien, con acuerdos con la

Santa Sede—aunque nuestras declaraciones sean indispensables y pueden continuar

siendo convenientes los acuerdos con la Santa Sede—, sino con la acción conjunta

de .toda la Iglesia, defendiendo los derechos Inalienables de los padres.

Las asociaciones de apostolado seglar—llámense Acción Católica o tie cualquier

otra manera—apenas si tienen peso social; no sé si tienen vida exuberante.

Los mismos educadores cristianos necesitan un apoyo. Las asociaciones de

maestros, de inspectores, etc., necesitan una revitalización.

Existen ahora, es propio de regímenes democráticos, otras asociaciones

elementales ´humanas —de vecinos, de aínas de casa, juveniles, .etc.—que han de

merecer también nuestra atención. Son ellas un campo de acción magnífico para

militantes cristianos. Lo mismo se podía decir de las asociaciones

profesionales, etc.

Hasta ahora nos preocupábamos poco de este campo; no lo necesitábamos, podíamos

creer con ingenuidad. Ahora todos nos damos cuenta de que existe un vacío entre

el magisterio de la jerarquía y la realidad de ia vida social que tan sólo

podrían llenar esas asociaciones.

4. INSTITUCIONES ECLESIALES

En esta sociedad nueva habrá" de organizarse de alguna manera la presencia de la

Iglesia en las distintas actividades y estructuras sociales—la presencia de los

militantes cristianos—y la presencia :

institucional—colegios, asociaciones eclesiales, etc.—, pero será necesario

repensar cómo habrán de ser esas instituciones para que puedan ejercer una

influencia importante y cómo se habrá de orientar la presencia de los militantes

cristianos. .

Porque es evidente que se va a necesitar Imaginación creadora para buscar los

procedimientos adecuados, que no pueden ser los mismos de antes y que habremos

de encontrar entre todos.

8. PROBLEMAS INMEDIATOS

Y habremos de formar un criterio, a. ser posible uniforme, sobre los problemas

concretos qua ya han empezado a asomar durante los ´últimos meses y se nos van a

plantear en seguida:

• Confesionaiidad del Estado,

• Enseñanza,

• Matrimonio y familia.

• Economía de la Iglesia, eto.

Estamos en un momento interesante, pero difícil. Va a ser una problemática nueva

la qua va a ´solicitar nuestra reflexión y nuestras decisiones. Es ahora cuandá

habremos de utilizar todos los recursos, empezando por una muy seria reflexión,

para hacer frente adecuadamente a. la nueva realidad.

Yo soy optimista mirando" al futuro. Aunque comprendo que tenemos problemas

serios intraeclesiales y que tendremos nuevos problemas para realizar con

eficacia y acierto nuestra acción pastoral. Pero estoy convencido de que la

Conferencia Episcopal ha conseguido ya su madurez y está en condiciones de

afrontar con gran esperanza esa nueva realidad.

Creo, además, que nuestro pueblo ha .dado una gran prueba de. maduración y podrá

establecerse correctamente el diálogo democrático, consiguiendo que España sea

para todos y superándose los entren tamientos que tantas veces nos han dividido

a los españoles.

Dios quiera, hermanos, qua acertemos en nuestra reflexión y que, consiguiendo

fortalecer la unidad de ¡a Iglesia, podamos colaborar -eficazmente en el bien

común de nuestro pueblo.

Pag. 25 -ya

 

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