Autor: Llanos Pastor, José María de. 
   Ignacio y su obediencia     
 
 Ya.    31/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Ignacio y lo de su obediencia

VAMOS de crisis, ¿quién lo duda?, y esto de la obediencia con su patrono o

ejemplar en cabeza duele hoy a no pocos, desconcierta a demasiados y plantea una

cuestión que puede y debe tcmbién tener su página periodística.

— Porque de ningún modo hay hoy que sostener que esto da Ignacio de Loyola,

cuyo recuerdo en esta fecha activamos, no tiene que ver en nada con el problema

dé la obediencia eclesial. De ningún modo, ahí está la historia, aunque también

aquí estemos nosotros tejiéndola a nuestra hora.

—• No es posible, pues, orillar el tema, si recuerdas a Ignacio —y sobre todo un

hombre de su congregación—lo de la obediencia prima y debe atenderás con

preferencia a otras consideraciones. Dar de lado a esta no fácil atención ni es

digno ni es sincero. Ahora bien:

— Reconozcamos con los preocupados de actualidad que sí, que Ignacio acentuó

tanto lo de la obediencia como virtud clave en loa tiempos en que la rebeldía—en

cristiano el cisma y la herejía—andaban de moda y herían a la Iglesia. L,a

Insumisión —¿qué fue en parte el Renacimiento semilla de la Reforma, qué fue

sino la insumisión florecida y vanidosa?—desafiaba a loe cristianos de Reina. E,

Ignacio era, no dejó nunca de eerlp, un militar de imperio. Había que combatir

al enemigo, con el arma contraria. Es cierto. AquS de la obediencia.

— COMO cierto es que hoy no andamos en la. misma circunstancia, inquietud *

interrogantes loa hay y más posiblemente ahora que entonces, poro lo de la

rebeldía y desafío a la Iglesia católica no. Hasta los teólogos y pensadores más

avanzados, y hasta avilados desde Roma, dicen que de marcharse nada, que son y

están dentro de casa. El único trance doloroso en esto de la desobediencia

enaltecida viene del otro lado, y el caso Lefebvre no es precisamente de los

fieles que avizoran más el mañana que el ayer. No, la desobediencia descarada y

el afán por dar lugar a otra Iglesia dejando la de Roma en estos tiempos tan

ecucnenistae apenas tiene ya sentido. Lia misma Roma levantando excomuniones, y

no excomulgando a nadie a pesar del lío presente, nos dice que el la confusión y

la audacia y muchas más cosas denotan esta ectualidad, lo de Ja desobediencia y

BU énfasis no es problema del día, no ee eu cruz reactualizada. Lna peligros

amenazan por otro lado.

•— De aquí que la figura del gran campeón de la obediencia haya podido perder—o

ganar—actualidad en estos tiempos tan lejanos del Renacimiento y la Reforma

desafiantes, ítem más.

— Ignacio, verdadero penetrador de lo que la obediencia cristiana

incluía, siempre la consideró necesaria en tanto que lo que se mandase "no

incluyera pecado"´, Y nos hallamos con otra novedad al día que ya han

considerado los entendidos de veras: la noción de pecado, noción antigua y un

tanto infantilmente tenida como mera infracción de una ley escrita ante todo.

Hoy «e. parte para considerar el caso "pecado""Me lo que ya siempre se dipo

pero por mucho tiempo se había olvidado un tanto, se parte d« la conciencia.

Pecado es no sólo rebelarse contra lo escrito o mandado, sino romper con la

conciencia propia donde lo escrito y mandado encuentran su "locus theologicua".

Pecar, pues, hoy ea lo mismo pero considerado más en profundidad, y por ello

pecado puede haber en actitudes externamente sumisas e internamente

contrariadas. Opino desde mis limitaciones -que con ello hemos avanzado y... la

doctrina y enseñanza de Ignacio también,

— De aquí que el «n cierta manera y visión uif tanto superficial lo de la

obediencia ignaciana haya perdido puntos en estos tiempos revueltos y sutiles,

desde otra cierta óptica ha ganado y ha dado en la diana de lo que Ignacio, que>

no podía hacer otra cosa ni hizo más que repetir humildemente lo ensañado por

Jesús liberador del oprimido por el rigor del "sábado", quiso enseñar o recordar

en sus tiempos, tan alejados de nosotros no tanto por el número de años cuanto

por la velocidad con que estamos recorriéndolos.

— Ignacio y lo de su obediencia; cuantío se serena uno y se cree en Jesús con

fe auténtica liberada de pasioncillas y temorcillos, entonces no sólo se

mantiene todo eino se agradece y se continúa obedeciendo en profundidad y con la

esperanza abierta a la llegada de Aquel que por encima de la historia

espera mientras nosotros bien metiditos en la historia buceamos y perplejeamos.

José María DE LLANOS, S. J.

 

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