Autor: Sánchez Torrado, Santiago. 
   Señores obispos     
 
 Diario 16.    04/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Señores obispos

Santiago Sánchez Torrado

La reciente declaración episcopal sobre el tema de la enseñanza religiosa en la

escuela produce al lector atento y lúcido una desazón ya conocida. Valorando las

nuevas actitudes de nuestra jerarquía española, vuelve, sin embargo, esta

incómoda sensación, que es fruto de los antiguo.3 lenguajes y cautelas. Los

obispos están en su pleno derecho de reivindicar que se imparta de la forma más

adecuada la enseñanza de la religión en las escuelas, dentro del nuevo contenió

sociopolítico y cultural que ,se perfila. Pero tienen también el deber de ser

más sensibles y atentos en profundidad a los tiempos, que corren. La fidelidad a

la historia sigue siendo, me parece, un .signo evangélico inesquivable e

irrebatible. Y dentro de esta fidelidad, es importante el saber captar las

señales que el tiempo presente-ofrece.

Una de ellas es la corriente secularizadora, honda y potente, que nuestros

obispos —tomados en bloque— han aceptado con ciertas reticencias en teoría, pero

rechazan temerosamente en la práctica. Esa corriente alcanza, claro está, al

tema de la enseñanza. ¿Por qué retornar al miedo —latente y casi patente en la

declaración episcopal— cuando la consigna democrática general del país ha sido

superar los traumas y las viejas herencias y afrontar gallardamente el futuro?

Afirmar que la familia y la comunidad creyente son los espacios de cultivo

propios de la formación´ religiosa, a pesar de todas sus imperfecciones y

dificultades, seria mucho más coherente. Pero esto no está suficientemente claro

en el documentó de los obispos.

Hay que denunciar también ía impureza de (as motivaciones que llevan a muchos

padres a buscar la enseñanza religiosa para sus hijos. ¿Se traía de verdad de un

interés limpio y .sincero o de un afán de prestigio social, de una rentabilidad

cultural y profesional, de una búsqueda de seguridad 311 conciencias deformadas?

Nuestros obispos deberían ser en esto menos ingenuos.

Yo les invitaría a pisar el terreno concreto de la enseñanza, que conozco un

poco- A entrevistarse con unos chavales de BUP normales y corrientes que viven

una indiferencia religiosa como obvia y aceptada, no agresiva, ni politizada, ni

ateísta. Esta es la pura realidad, y nuevamente la desconexión de ella de

nuestra jerarquía es preocupante. Ciertamente, los alumnos han pasado

bruscamente de una mala formación religiosa al vacío, y hay que suministrarles

formas correctas de llenar esta grave laguna. ¿Pero es el colegio el cauce más

adecuado?

A monseñor Tarancón, que desde su tenaz tribuna de las "Cartas cristianas"

acepta con tanta reserva las críticas dentro de la Iglesia y condena las

intentos "de construir Iglesias paralelas", yo le diría que considero esta

crítica imprescindible, realizada siempre en las formas y tonos adecuados. Si

éstos son a veces destemplados o agresivos, acaso sea porque la excesiva

lentitud y ahistoricismo de la Iglesia institucional —todavía— provoca una

impaciencia que también puede ser evangélica. Porque las declaraciones y

documentos no siempre van acompañados de una voluntad real de cambio,

comprobable y transparente^ El lenguaje de esta última toma de postura epiícpoal

no nos libera de esta preocupación.

 

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