Autor: Salmador, Víctor. 
   Política y matemáticas     
 
 ABC.    05/12/1981.  Páginas: 2. Párrafos: 11. 

ABC/ 5-12-81

Política y matemáticas

Por Víctor SALMADOR

Nadie negará que una de las cuestiones subyacentes bajo la crisis interna de UCD

es la pretensión de unos de formar un bloque electoral con Fraga y la oposición

de otros a esa posibilidad. Él vuelco del electorado a favor de Fraga, la

certeza de que el espectáculo de Galicia va a repetirse en Andalucía y la

sospecha de que ocurrirá igual fenómeno arrollador en las próximas elecciones

generales, dan la razón a los aliancistas y provocan el alejamiento de UCD de

quienes consideran tal alianza como inevitable, pero no les gusta.

Sin embargo, la tendencia alcista de Fraga constituye a estas alturas la única

variante positiva que podrá compensar el desplome de UCD. Ha cambiado la

dirección del voto útil. Pero, como el electorado es el mismo, los programas son

equivalentes, algunos candidatos resultan intercambiables y -como dicen las

bases de ambos partidos- «tanto monta, si es en pelo.

Fraga que Calvo-Sotelo», los votos en lugar de entrar por un embudo lo harán por

otro. ¿Procede continuar la ficción de los dos embudos o sería mejor utilizar

uno solo, de más ancha boca? Para los disidentes de UCD, el uso de un solo

embudo equivale a la reducción del enfrentamiento político a dos opciones y

ellos entienden que los electores requieren más variadas ofertas, Éste criterio

no es avalado por la estrategia del PSOE. El socialismo se ha erigido en el

ancho embudo hegemónico y representativo de la «gran izquierda»; puerta por la

que entran el marxismo, parte de la social-democracia, parte del centro

izquierda, y en su día entrará el eurocomunismo. La fuerza que desea ocupar el

espacio entre UCD y PSOE se presenta a sí misma como «bisagra», lo que de hecho

consiste en no actuar de puerta sino en decidir que la puerta se abra hacía la

izquierda o la derecha.

Pero entre los argumentos que se manejan existe uno que tiene radical

contundencia práctica: dos fuerzas que se presentan unidas a unas elecciones

captan más votos que yendo por separado; o, a la inversa: la suma total de

sufragios obtenidos por quienes concurren separadamente es superior a la que se

consigue yendo juntos en la misma candidatura. Será útil, pues, aportar datos

objetivos que despejen la contradicción entre ambas afirmaciones.

Estos datos son los de la verdad que arrojan las matemáticas. Aparte de las

apreciaciones de carácter ideológico, político y aun psicológico, que influyen

en las uniones y alianzas, hay un hecho concreto, que es el factismo de las

cifras. ¿Qué nos dicen, objetivamente, las cifras del sistema D´Hondt como

respuesta a esos criterios opuestos de si la separación es o no es más

rentable que la unidad?

El ejemplo más sencillo es imaginar una disputa para dos escaños con un

caprichoso resultado en sufragios, que podría ser éste: UCD obtiene cien mil

votos; el PSOE, ochenta mil, y Fraga, setenta mil. Yendo así, o sea UCD y Fraga

por separado, se asigna un diputado a UCD, el otro al PSOE y ninguno a Fraga. El

mismo cuadro, adjudicando al PSOE la misma votación, a Fraga los cien mil votos

y a UCD setenta mil, otorga un diputado al PSOE, un diputado a Fraga y ninguno a

UCD. ¿Qué ocurre, en cambio, yendo juntos UCD y Fraga? Pues que salen dos

diputados para esa coalición y ninguno para el PSOE. La prueba es concluyente.

Por separado, uno de los dos obtiene un diputado, mientras que juntos, con las

cifras sumadas previamente, logran dos escaños.

Utilizando otras cifras hipotéticas más cercanas a la posible realidad, los

resultados son igualmente espectaculares. Pongamos ejemplos concretos. En España

hay provincias a las que corresponden cuatro diputados, otras a las que

corresponden siete, nueve, etc., etc. Distribuyamos varias cifras de votantes

entre UCD, Fraga y el PSOE. Si en cualquier distrito electoral 139.000

ciudadanos han de votar para que salgan cinco diputados, imaginemos que éstas

son sus preferencias: 55.000 votos a UCD, 44.000 al PSOE y 40.000 a Fraga. Las

cifras de Calvo-Sotelo y Fraga son intercambiables; así que a quien no les

gusten cómo se adjudican en este ejemplo, que las invierta. El caso es que los

cinco diputados serían: dos para UCD (o para Fraga, si se han intercambiado las

cifras), dos para el PSOE, y uno para Fraga (o para UCD, si se trasladan de

nombre las cifras). Y aquí viene lo que importa: los mismos 139.000 votos,

divididos solamente en dos grupos, o sea: 95.000 para una alianza de Calvo-

Sotelo y Fraga, y 44.000 para el PSOE, distribuyen los cinco diputados, por las

«magias» de la matemática D´Hondt, de esta manera: cuatro para la coalición y

uno para el PSOE; es decir, se obtienen cuatro donde antes con los mismos votos

se obtenían tres.

Otro ejemplo. Supongamos que 282.000 electores otorgan siete escaños mediante la

siguiente votación: 102.000 al PSOE, 100.000 a UCD y 80.000 a Fraga.

Corresponderían tres diputados al PSOE, dos a UCD y otros dos a Fraga. Los

mismos votos, sumados Fraga y UCD, es decir, yendo juntos ambos partidos en la

misma candidatura electoral, arrojarían cinco diputados a favor de la alianza,

uno más que yendo separadamente, y en lugar de tres, el PSOE pasaría a

tener dos.

Por si fueran insuficientes los datos anteriores, he aquí un fenómeno más

contundente aún: en todos los casos imaginables en que -sean cuales sean las

cifras que se barajen- los resultados para Calvo-Sotelo y Fraga fuesen iguales

yendo juntos como yendo por separado, sólo con que el sufragio a favor de la

coalición de ambos aumente el uno coma setenta y cinco por ciento (1,75 por 100)

-digamos el dos por ciento para redondear-, aumento justificado, al menos en su

expectativa, por el formidable aliciente o estímulo que supone siempre para

electores confusos, o indecisos, o desilusionados, las candidaturas de

integración, sólo ese ligero aumento repercute en los resultados produciendo un

escaño más. Y si esto se repitiese en todos los distritos electorales, el cuadro

final arrojaría una diferencia a favor de las candidaturas de cincuenta y dos

diputados Acaso esto no resulta justo ni equitativo, pero es la consecuencia del

arte de birlibirloque inventado por D´Hondt. Este arte obliga a calificar de

pintoresca jugarreta del Destino el que perjudicase a Coalición Democrática en

1979 al reducir a nueve diputados los diecisiete que con otro sistema hubiera

obtenido, y ahora sea un aliado de Fraga. Es que en la historia puede haber

siempre un «corso» donde se castiga y corrige a unos, y luego un «rícorso» en el

que los castigadores suelen resultar castigados.

A pesar de todo, los votos de CD fueron imprescindibles para la investidura,

bien que como apéndice o complemento. Hoy eso ha cambiado. Hoy las fuerzas

electorales de UCD y de Fraga han de ser consideradas por lo menos equivalentes.

Se impone, por tanto, una conclusión: ir separadas esas dos fuerzas políticas

significa que las dos perderán separada, pero irremisiblemente, frente al PSOE.

Él suceso, una vez consumado, les obligaría a sumar los escaños obtenidos -menor

número de escaños que si el pacto fuese preelectoral- para pactar la investidura

de presidente, el programa del Ejecutivo, la colaboración legislativa o... la

estrategia que oponer a las Iniciativas surgidas desde las fuerzas ganadoras. Si

el pacto es poselectoral, como ha de hacerse sobre la base de menor número de

diputados, puede que por esto mismo resulte estéril.

El grupo más votado es quien toma las iniciativas al ser llamado el primero a

consultas en la Zarzuela. Siendo los pactos poselectorales, los resultados no

aparecerían en dos, totales, sino en tres, y el PSOE presentaría números más

altos que cualquiera de los oíros dos; en este caso el-virtual vencedor

sería el PSOE, con toda la carga psicológica y emocional que ello conlleva.

Pensar que UCD o Fraga vayan a obtener, uno de ellos, por separado, la mayoría

total de escaños sería estar en la luna, por mucho que sean asegurables el

aumento masivo de Fraga y cierta recuperación de UCD, consecuencia de

algún éxito de Calvo-Sotelo. De modo que el pacto para «después» es inexcusable.

Y si es inexcusable para después y entonces podría ser el «pacto de los

derrotados», no se ve por qué no pueda y deba hacerse antes.

¿Por qué correr el riesgo y además confundir o engañar al electorado

ofreciéndole dos opciones que están condenadas sin remedio a convertirse más

tarde en una sola? ¿Cómo puede lograrse, entonces, la conciliación entre estas

realidades fácticas insoslayables y los criterios divergentes? Como en otros

sitios: mediante la coalición previa y la lista electoral conjunta; pero con la

presentación de las candidaturas de modo que los candidatos de UCD y de Fraga

aparezcan diferenciados. Esto lo ha hecho el PSOE en Galicia. Lo permite la ley

electoral vigente. Se inspira en la «ley de lemas» que funciona con éxito en

algunas democracias y contribuye a materializar el triunfo de los aliados, que

no necesariamente han de ser iguales y a veces ni siquiera afines.

Un próximo día, con la misma objetividad de hoy, repasaremos las cifras desde la

perspectiva y expectativa socialista y aun desde el partido.«bisagra» y de las

restas que éste introduce en el cuadro. Por el momento, sólo he traducido las

matemáticas y puesto sobre la mesa datos objetivos que se refieren al sector

bicéfalo Calvo-Sotelo - Fraga. Cada cual es libre de asentar sobre ellos

preferencias y subjetividades. Y cegueras; porque también es sabido que a veces

«Dios ciega a quienes quiere perder».—V. S.

 

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