Las obras de arte de la Iglesia     
 
 Diario 16.    12/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Las obras de arte de la Iglesia

El robo y simultánea destruido»-de las obras de arte custodiadas en la Cámara

Santa de la catedral de Oviedo —auténtico acto de barbarie y de salvajismo, que

coloca a sus autores en la escala más baja del delito— plantea de nuevo uno de

los temas más graves de la cultura española de nuestro tiempo: la suerte de las

obras de arte y objetos preciosos que forman parte fundamental del patrimonio

cultural español y se halla en manos de la Iglesia. El arte religioso español

representa una porción mayoritaria de hecho eri el conjunto de ese patrimonio

cultural. Durante épocas muy dilatadas el arte de nuestro país ha sido, en lo

fundamental, un arte religioso y las circunstancias históricas hicieron que una

gran parte de nuestra riqueza artística se acumulara en catedrales, iglesias y

monasterios.

Y son muy pocos los casos en que esa riqueza —tan importante en lo histórico-

artístico como en su propio valor material— se conserva en unas condiciones

técnicas y materiales aceptables. Cuadros invadidos por la humedad, esculturas

muchas veces abandonadas y retablos polvorientos, constituyen un triste

espectáculo en cualquier rincón del país. Por cada iglesia, catedral o

monasterio donde las obras de arte se conservan en condiciones óptimas, hay

cientos que carecen de esas condiciones.

En los últimos tiempos, son tres los peligros principales que se ciernen sobre

este patrimonio cultural que pertenece a todos los españoles: el abandonó—con

riesgo-de total pérdida material o desaparición—, la venta sistemática por parte

del personal eclesiástico que tiene encomendada su custodia y administración y,

por último, los robos, que han alcanzado niveles más que alarmantes, para

culminar en la tragedia que acaba de ocurrir en la catedral de Oviedo. Robo

escandaloso, cuyos precedentes inmediatos -—y bien cercanos— hay que buscarlos

en los perpetrados en la catedral de Murcia o en los numerosos que ocurren con

frecuencia insospechada en numerosos templos y ermitas.

Lamentarse, a estas alturas, de la falta de seguridad —totalmente culpable— con

que se conservaban estos tesoros de la historia y del arte, de. la cultura

española en. definitiva, resulta bastante inútil. Lo que sí conviene preguntarse

es si la Iglesia española se halla en condiciones de conservar, guardar o velar

por la integridad de tan importante riqueza nacional o si, por el contrario, no

sería conveniente pensar en que el Estado se hiciera cargo de estos bienes •—

puesto que constituyen, como hemos dicho, una parte fundamental del patrimonio

cultural del país— mediante una nacionalización que, cada vez, se hace más

inevitable. Nacionalización -—cuidado— que no quiere decir despojo masivo de los

objetos ni retirada masiva de los lugares donde se conservan desde hace siglos y

con los cuales forman unidad indivisible.

La solución está en nacionalizar esos bienes, pero vinculándolos de forma

indefinida ai lugar y al uso tradicionales, salvo que las circunstancias

aconsejen lo contrario. De esta forma, los propios continentes de estas obras

de. arte —catedrales, monasterios, edificios- monumentales— pasarían a ser

propiedad nacional y —sin perjuicio de sus funciones— a estar administrados

directamente por el Estado.

 

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