Autor: Sánchez-Vicente López, Consuelo. 
 Conflictos matrimoniales. 
 ¿Reformar o suprimir los tribunales eclesiásticos?  :   
 Juan Luis Acebal (secretario general del simposio). 
 Arriba.    09/09/1977.  Página: 2-3. Páginas: 2. Párrafos: 33. 

Conflictos matrimoniales

¿REFORMAR O SUPRIMIR LOS TRIBUNALES ECLESIÁSTICOS?

JUAN LUIS ACEBAL (secretario general del Simposio)

• «Pretendemos actualizar y adecuar o la realidad los problemas que

surjan en los Tribunales»

• «Las separaciones matrimoniales (lecho, mesa y habitación] no corresponde a

la Iglesia decidirlas, sino al f sítalo»

• «En los últimos cinco años, las peticiones de anulación matrimonial se han

multiplicado por seis o siete

PASAR por tos Tribunales Eclesiásticos es, en opinión de muchos (Clientesi, un

auténtico cqlvorio. Si tienes pasta ganso en cantidad, nada, porque corrupción,

coacíón, cohecho y chanchullos varios mandan; pero si no... Dicen que ailí se

cometen algunas irregularidades que empañan muy mucho Ja justicia que pretenden

impartir. Hoy de todo, por supuesto, gente sana y senté menos sana, pero parece

que por no sá qué extraño prejuicio producto de nuestro baga[e cultura! de

«reservo espiritual, etcétera, etcétera», nos resulta más feo que Jas

irregularidades a cualquier nivel las cometan sacerdotes que seglares.

El lunes día 12 comienza -en Sevilla el V Simposio de Tribunales Eclesiásticos,

que das efe 1973 —^Salamanca, Valle de Andorra, Valle de los Caídos y Santiago

de Compostela— viene organizando ki Facultad de Derecho Canónico de la

Universidad Pontificia de Salamanca.

—La Idea fundamental de estos simposios —dice Juan Luis Acebal, secretario

general del mismo— es abordar tos tema» de mayor actualidad, en lo que a la

cuestión matrimonial se refiere, así como los nuevos puntos de visto existentes

en lomo a lo procesa), la jurisprudencia o el derecho que Inciden en la

problemática de los Tribunales.

—¿Qué cuestiones ven a abordar este año fundamentalmente? —En materia procesal,

la» que puedan derivarse de la nueva legislación vigente tras la firma del

Concordato Iglesia-Estada. Con ello pretendemos actualizar y adecuar a la

realidad los problemas que «urjan en los Tribunales. También vamos a tratar e)

proyecto de unos nuevos norma» para tos causas de separación, capaces de

hacerlas más ágiles, breves Y económicas.

EL CONCORDATO QUE VIENE

—A propósito, tengo entendido que somos casi el único país del mundo en el que

las separaciones están a cargo de los Tribunales Eclesiásticos en lugar de

depender de los civiles.

¿Siguen siendo ustedes partidarios de retenerlas, a pesor de que una separación

no afecta al vínculo, ni al sacramento, ni o la doctrino?

—En el Simposio de Santiago ya se habló del tema y hubo, por decirlo así,

división de opiniones. Un amplio sector pensamos que esas causas debería

llevarlas e) Estado. A este paso, nos vamos a quedar sofos en el campo católico

en lo que a esto se refiere. Creo que seguir manteniendo la situación es

anómalo. Las separaciones (de mesa, lecho y habitación, que no afectan al

vínculo) deben estar en manos del Estado. Ahora se está negociando el Concordato

y nosotros vamos a Intentar que esto sea así, pero por los visto no hay ambiente

favorable por parte del Estado. Vaya, que «n principio no tienen ningún Interés

en que estas causas pasen a los Tribunales seculares. Suponen una carga

económica, más trabajo, y ahora esa papeleta la tienen resuelta sin que les

cueste un perro chico.

.—¿Van a tocar el temo de) divorcio?

—Directamente, no, porque, según me parece, no hay proyecto inminente de

establecerlo; pero la primera ponencia del Simposio. «El sacramento del

matrimonio en la teología actual», lo toca de algún modo, en base a una futura

legislación divorcista por parte del Estado.

—¿Qué hay de nuevo sobre anulaciones matrimoniales?

ANTONIO ARADILLAS (periodista, especialista en este tema)

4o mejor que podrían hacer (os Tribunales Eclesiásticos es desaparecer»

«Es la propia pareja, ante Dios y a partir de su condénela adecuadamente

formada, la que debería decidir sobre la validez de su matrimonio»

«Si los jueces eclesiásticos estuviesen casados, ya habría divorcio en España»

«Dentro de no muchos años, la referencia al tema de los Tribunales constituirá

un capítulo tan triste en la historia de la Iglesia como la Inquisición»

•—Que siguen aumentando ¡as peticiones. En cinco anos se han multiplicado por

seis o siete. Una ponencia titulada «Materia procesal en el derecho futuro*

tratará de cómo hacer estas causas más rápidos y menos costosas. El aumentó de

peticiones y la necesidad de humanizar un poco los Tribunales así lo aconsejan.

Las leyes siempre van por detrás de la realidad. Precisamente las cuestiones más

interesantes que vamos a tratar al respecto se derivan de la jurisprudencia.

Así, por ejemplo, la jurisprudencia ha ampliado las causas de anulación,

introduciendo algunas que no están tipificadas en las leyes, como anomalías

sexuales graves, error sobre la persona (error doloso, con engaño) y otras

cuestiones derivadas del Derecho Natural.

—Señor Acebal, cada día se habla más, y con más datos, de la corrupción de

algunos jueces y abogados de los Tribunales Eclesiásticos. ¿Van a abordar esto

de algún modo?

—Una ponencia sobre la Función Eclesial del abogado en las causas matrimoniales

tratará seguramente este problema de la corrupción. No olvide que más del

ochenta por ciento de los ponentes y asistentes no son curas, sino abogados

DENUNCIAS

Antonio Aradillas, sacerdote, periodista y experto en el tema Tribunales (más de

ocho libros al respecto en su haber), piensa que a pesar de las «...gravísimas

denuncias contra la Ley, los procedimientos y la actuación de los Tribunales

Eclesiásticos se nota poco en España un cambio de orden a una nueva

sensibilidad, más evangelizada y humanística, del fracaso de la relación de la

párela».

—Hay algunos ensayos en los que, tímidamente, ; comienzan a utilizarse

procedimientos y usos aceptados por la Iglesia en algunos países, en los que

cuentan tan decisivamente las aportaciones de las ciencias antropológicas. La

verdad es que no muchos matrimonios resisten un análisis antropatógico serio en

relación con su consistencia, estabilidad y razón de ser. No muchos matrimonios

tenidos como sacramento resisten un mínimo de análisis teológico doctrinial una

cosa es casarse por la Iglesia y otra casarse en la iglesia. Dada la dinámica

actual de la Teología y el conocimiento de la persona, es a partir de la

relación interpersonal desde donde únicamente habría que colocarse a la hora de

contemplar la realidad de un matrimonio y de decidir sobre su disolución.

—El próximo simposio de Sevilla tratará de adecuar un poco más los Tribunales a

las personas y la realidad. Esto es un propósito loable, ya que. hoy por hoy, no

hay otra forma de separarse definitivamente, pero, ¿prensa que los Tribunales

Eclesiásticos tienen alguna razón intrínseca de ser?

—Lo mejor que podían hacer es desaparecer. Los procedimientos de los Tribunales

y su misma existencia datan del siglo XII. Se crearon fundamentalmente para

dirimir los conflictos de la nobleza. Esta clase social, ante una sepa* ración,

tenía importantes cuestiones económicas que solucionar, por lo que eran

necesarias unas normas rígidas y precisas. Hoy las cosas han cambiado y el

verdadero valor del matrimonio no son los bienes de cada cónyuge, sino la

relación interpersonal. Por toda esto, se requiere un mayor espíritu evangélico

en los procedimientos canónicos. Las leyes que actualmente los regulan no nos

sirven, por mucho que guaramos actualizarlas, porque e) Derecho Procesal Romano,

base fundamental del Derecho Canónico, estaba más ai servicio de la Institución

que al de ia persona, y esto es una auténtica monstruosidad. Yo, personalmente,

ante los he´ chas y las leyes vigentes no tengo más remedio que reafirmarme en

la ideo de que en la Iglesia,

paternalísticamente, sólo se obtiene la justicia por recomendación.

SI AL DIVORCIO

—¿Eres partidario del divorcio?

—Sí, y además pienso que lo Iglesia no sólo no debería obstaculizar una ley de

divorcio, sino facilitar una ley civilizada de divorcio para resolver problemas

cívicos, legales, familiares y sociales a tantas parejas españolas que sólo son

católicas sociológicamente, pero no religiosamente.

—Si se suprimiesen los Tribunales Eclesiásticos, ¿cuál sería el papel de la

Iglesia respecto a este tema?

—Establecer Consejos Pastorales constituidos por especialistas (médicos,

psiquíatras, psicólogos, sociólogos, etcétera) miembros de la comunidad —porque

ya me contarás qué puede opinar un sacerdote, célibe, en estos terrenos—,

casados o solteros, que fueran capaces, por estar capacitados para ello, de

educar la conciencia de la pareja para que fuese la propia pareja la que

responsablemente, ante Dios y a partir de su conciencia, decidiese sobre la

validez de su matrimonio en estos casos. SI la Iglesia no se fía de una

conciencia correctamente formada, no sé hasta qué punto el cristiano puede

fiarse de la Iglesia.

—Ha solido el tema del celibato. Mucha gente piensa como tú que un sacerdote,

célibe, no puede opinar en materia de matrimonio.

—Mira, si los [ucees eclesiásticos estuviesen casados, ya habría divorcio en

España. Pero no es asi y, claro, los jueces no viven los problemas sobre tos que

tentencian. Por eso suelen estar más a favor de la Institución que de la

persona, olvidando que, como dijo el mismo Cristo, «no se ha hecho al hombre

para el sábado, sino el sábado para el hombre». Apuntaría también hacia una

explicación más o menos freudiana, dado que no todo celibato sacerdotal se basa

en una opción libre. Conozco a mis compañeros y me conozco a m¡ mismo y sé que

en muchas ocasiones el celibato no genera felicidad precisamente. Y si yo no soy

feliz, ¿por qué lo van a ser {os demás...? Además, está la pereza Innata de la

ley para adecuarse a la vida. Creo que sumando todos los factores expuestos no

exagero al predecir que pasados no muchos años la referencia al tema de los

«Tribunales Eclesiásticos» constituirá un capítulo tan triste en la historia de

la Iglesia como el de la Inquisición.

Consuelo SANCHEZ-VICENTE

 

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