Autor: González Álvarez, Ángel. 
   El derecho a la educación religiosa     
 
 Ya.    11/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 19. 

EL DERECHO A LA EDUCACIÓN RELIGIOSA

EN el nivel de nuestro tiempo no se concibe un proyecto de vida humana,

Individual o social,, que no esté trazado sobre el plano de ¡a libertad. Buena

razón hay para ello, porque la libertad bien entendida pertenece a la sustancia

de lo humano. Aunque no enteramente tal, nuestra realidad es espiritual.

Espíritu incorporado, abierto a tcdos los horizontes: he ahí la puntual

definición del hombre. El acto libre es la revelación de una plenitud inagotable

del espíritu, cuyo dinamismo no reconoce obstáculo y trasciende todo limite. Por

su naturaleza espiritual, el hombre es un ser en libertad.

Se trata de la injertad profunda, enraizada en Is. sustancia humana. La libertad

personal tiene poco que ver con esas frecuentes invocaciones al presunto derecho

de hacer lo que aos venga en gana. Eso seria confundirla COTI el capricho o con

el antoja. Hay que ver en la libertad la, más excelsa prerrogativa del hombre,

la capacidad de autcrrealización de la persona, la posibilidad misma de

promoción y desarrollo hasta el estado de perfección postulado por nuestra

naturaleza. De esta libertad personal derivan tedas las libertades de los

Individuos e, inclusive, todos los verdaderos derechos humanos.

El concilio Vaticano II discurrió también por esta vía. Una y otra vez apela a

la libertad de espíritu; la encuentra una exigencia de la dignidad. de la

persona y un signo de la imagen de Dios ea el hombre. Un texto de la

constitución "Gaudium et spes" sobre la Iglesia en el mundo actual {n. 17) lo

expresa con toda claridad. La libertad posee un valor que los hombres de nuestro

tiempo ensalzan con entusiasmo. Y con toda razón, aunque algunas veces la

fomentan de forma depravada como al fuera pura llcencia para hacer lo que Íes

plazca. La verdadera libertad es signo eminente de la imagen divina en el

hombre. Dios ha querido "dejar al hombre en manos de su propia decisión" para

que, adhiriéndose libremente, a El, alcance la plena perfección. La dignidad

humana requiere que el hombre actúe según su conciencia y libre elección, es

¿ecir. movido e Inducido por covicción interna personal y no bajo la presión de

un ciego impulse interior o de la mera coacción externa.

Entre los derechos que pertenecen al ámbito de la libertad se destaca el

correspondiente a la libertad religiosa. A su investigación y exposición dedicó

el mismo concilio Vaticano n la declaración "Dlgnitatis humanae". Repárese que

se trata del derecho de la persona y de las comunidades a la libertad social y

civil en materia religiosa. Como en tantas ocasiones, el derecho aquí va

precedido de la necesidad de respetar un deber. Trátase, si se quiere, del hecho

constitutivo de la dimensión religiosa del hombre. Partiendo de esta situación,

el derecho a la libertad religiosa debe ser entendido como una exigencia o una

reclamación del derecho a cumplir con el deber.

La declaración conciliar arranca de cuatro comprobaciones perfectamente

enlazadas: la conciencia cada día más extendida entre los hombres de la dignidad

de la persona; un aumento también del número de quienes exigen que el hombre en

su actividad use de su propio criterio y goce de libertad responsable, sin ser

movido por coacción alguna, sino guiado por la conciencia del deber; un clamor

universal de la delimitación jurídica del poder público, a fia da que ao se

restrinjan Jos limites de la justa libertad de la persona y cíe la saciedad, y,

finalmente, la referencia primordial de esta exigencia de libertad a loa bienes

de] espíritu, entre los cuales ocupa lugar preferente el libre ejercicio de la

religión.

Añádase a cuanto queda dicho la obligación que tienen todos los

hombres de buscar la verdad en lo que hace referencia a Dios y de ponerla en

práctica en la medida en, que baya sido conocida. Estos deberes ligan la

conciencia de los hombres. Y como la libertad necesaria para el cumplimiento de

las obligaciones religiosas se refiere a la inmunidad de coacción en la sociedad

civil, el Concilio entienda iiaber dejado intacta la doctrina tradicional de 3a

Iglesia catolica sobre el deber moral de los hombres y de las sociedades para

con la verdadera religión.

Sólo ahora estamos en condiciones de apreciar los justos términos de la

declaración del Vaticano II: La persona humana tiene derecho a la libertad

religiosa, consistente en que todos los hombres deben estar inmunes de coacción,

tanto por parte de personas particulares como de grupos sociales y de cualquier

potestad humana, y ello de tal manera que en materia religiosa ni se obligue a

nadie a obrar contra su conciencia ni se le impida que actúe conforme a ella en

privado o en público, solo o asociado con otros, dentro de los límites debidos.

Este derecho de la persona humana a la libertad religiosa debe ser reconocido en

el ordenamiento jurídico de la sociedad, de forma que se convierta en un derecho

civil.

•Se habrá observado que el derecho a Ja ´libertad religiosa se funda en la

naturaleza misma del hombre, en el rango y- ¡la dignidad de la. persona. Aquí

está la Cuente de .todos los derechos humanos. EI hombre confiere a sus actos

trascendencia de futuro. Su vida entera está marcada por un sentido profundo de

perennidad. Por eso los hombres se sienten responsables de las opciones que

ponen en juego su futuro sin término. Por ¿a misma razan son inviolables los

•derechos del hocnbreí a las opciones que dicen relación a esta finalidad úátlma

de la. vida. No se puede .maltratar a los hombres hasta ea •extremo de violar

tales derechos. Se atenta, pues, contra Ja dignidad de la persona humana cuando

se niega a los hombres «1 -libre ejercicio de la religión «n ia. sociedad.

Lejos de tales injurias, debe reconocerse que la actitud propia ante estos

asuntos del hombre debiera, ¡ser la veneración. La dignidad de que cada, hombre

está investido Je hace portador de valores con -trascendencia de eternidad. Ya

Séneca, supo verio asi al formular esta Idea: ".homo sacra rea homini", el

hombre debe -ser una entidad, sagrada para el hombre. Sobre concepción semejante

descansa toda la civilización cristiana. Es necesario aprender a respetar al

hombre, a venerarlo en el valor que encierra. Para que esta veneración llegue a

ser efectiva se requiere que la libertad religiosa sea protegida y fomentada en

todas partes. Pertenece al ámbito de los deberes y derechos supremos del hombre

la libre promoción y el consiguiente desarrollo de la vida religiosa.

.Llevar la vida humana a, plenitud por el perfeccionamiento délas virtualidades

que Ja generación comunicó a, cada hombre es ed concepto preciso y adecuado de

la educación. Es la educación, en. efecto, una exigencia de la naturaleza

humana, para la cual toda incoacción de perfección se endereza hacia la,

perfección consumada. Por eso precisamente puede hablarse de -un derecho natural

a la. educación. -Surge, en efecto, de la naturaleza humana el derecho a

participar en Sos bienes de la cultura y en Jos beneficios de la civilización y,

«n consecuencia, «1 derecho a una educación fundamental y a tina ´formación

profesional.

Por brotar de la naturaleza humana, el derecho a la educación es doblemente

universal. Se extiende a todos los hombres y comprende ei desarrollo de cuanto

en cada. uno de elíos hay, Es. muy fácil ponerlo d-e relieve. Todos los hombres

I oseen la dignidad de la persona y tienen ia misma vocación al crecimiento, que

sólo alcanza su fin en ¡la plenitud de la naturaleza, humana, iPero ia plenitud

y perfección de cada hombre no admite disonancias y exige Integridad. El

desarrollo- parcial atenta a ia perfección del aer humano.

El hombre -no es puro espíritu, sino también materia. La persona humana es -

espíritu incorporado, según expresión empleada más arriba. La razón de semejante

espíritu clava sus raíces en una sensibilidad y está en contacto con 3a carne.

La formación, de la razón descansa en. la educación ñe la sensíbilidad, como

ésta exige la cultura física. Pero aquella misma razón se despliega en tres

líneas, que unas veces parecen paralelas y «tanas «e encuentran interferidas.

Los ´griegos dieron a sus respectivos actos los nombres de teoría, .praxis y

poiesis. En su seguimiento hablamos hoy de educación especulativa, práctica y

técnica.

Dígase, si se prefiere, educación intelectual!, morad y profesional. A los

amigos de las palabras aún podemos ofrecerles la nueva .trilogía de educación

para la contemplación, la acción y la producción.

Conviene, sin embargo, no cl-vldar que Ja razón humana se abre por su ápice a la

fe y está llamada a definitiva trascendencia. El hombre as un ser de vinculación

y comunión. La plenitud a la que aspira sólo se -logra cuando su formación se

orienta hada la educación religiosa. Existe, pues, también el derecho a ella. El

hombre de la antigüedad y de la Edad Media ponía la cumbre de la perfección en

Ja participación de la verdad, la bondad y la belleza, -que procedían siempre

>*e Dios sí es que no se Identificaban con E!. Aquí estaba también Ja fuente de

la religiosidad:

Con el Renacimiento se abandonaron tan excelsos puntos de partida; Las aguas

vivas de la religiosidad fueron a buscarse en. la naturaleza, Una -tradición

interrumpida nos acostumbró & contemplar el mundo ccorui creación y, en

consecuencia, a ver en Dios >a causa de su existencia y de -su natural esa. Pero

-también se ha secado semejante manantial de tos sentimientos religiosos de los

hombres. Ya no vemos la naturaleza como Bruno, Espinosa ni ninguno de los

Innumerables panteístas. Tampoco la, vivimos «ano los grandes creadores de la

física clasica, entre ´tos que destacan Galileo. Kepler y Newton, Tiempo ha que

se -produjo e! nuevo giro copernícano que nos llevó al centro mismo del hombre.

Kant inaugura la nueva forma de pensar en este asunto. Puso limites a la razón

para dar paso a la creencia. Quienes se encierren en los límites de la razón y

no se abran a la fe tendrán que resignarse al agnosticismo o emplearse a fondo

en la postulación del ateísmo. Kant no admitió semejante postulado ni saltó al

agnosticismo religioso. Expresó, empero, el «principio de la autonomía, en estos

términos: "Obra de tal modo que trates la humanidad, tanto en tu persona como en

la. de Jos demás, siempre como fin y nunca como medio." Tal vez haya sólo

formalismo en la posición kantiana. Pero se pueda ver también en ella 3a mejor

salvaguardia de la dignidad humana. Y ya sabemos que con la dignidad humana está

emparentada la verdadera libertad que, según vimos, es el signo más claro de la

imagen de Dios en el hombre.

El derecho a la educación religiosa brota también de la naturaleza humana. Nadie

puede privar a los hombres de semejante derecho sin grave injuna a la dignidad

de la persona. Una educación que no se proponga la educación del hombre en orden

a ´su fin último no merece semejanté nombre. Es la persona un ser comunitario.

Debe, en consecuencia, ser también formada en orden a las comunidades en que

habrá de participar. La educación moral y religiosa tiene que andar este camino.

Por eso fi! Concillo Vaticano II declara que loa niños y adolescentes tienen

derecho á que se les estimule a apreciar con recta conciencia loa valores r>cr?-

les y a. prestarles su adhesión personal, así como a que se les incite a conocer

y amar más a Dios, y ruega muy encarecidamente que nunca se les prive de este

sagrado derecho.

La educa ción religiosa tiene dos particularidades que no pueden ser ignoradas.

Consiste la primera en una situación da hecho. No existe la religión; existen

*is^ religiones. Hay una pluralidad de" confesiones religiosas. -Precisamente

por ello carece de sentido la posición de quienes propugnan. una educación

religiosa, pero no confesional. El hambre es por naturaleza religioso. Pero esto

no significa que haya una religión natural en la que comulguen todos los

hombres. La vinculación del hombre a la divinidad ha tenido y sigue teniendo

gran variedad y diversidad de manifestaciones. Puede hablarse en singular de

filosofía de la religión, pero es preciso hablar de historía de las religiones.

La segunda característica expresa una exigencia apremiante. La educación

religiosa necesita libertad. Y la necesita porque su misma sustancia está

transida de ella. La religión es el encuentro libre y amoroso del espíritu

incorporado con el Espíritu absoluto. Y como el espíritu es el ser en libertad,

la educación religiosa sólo puede programarse, como dice Hanssler, con miras a

la libertad, que es la máxima posibilidad del hombre tanto en el ámbito natural

como en el sobrenatural.

Tiene esto especial cumplimiento en la educación cristiana.. El hombre cristiano

ha sido hecho hermano de Cristo, hijo del Padre en el amor del Espíritu. Al

hacerse Cristo obediente hasta la muerte nos ha adquirido a gran precio y nos ha

regata ¡le libertad. Y no solo a los hombres. San Palito dice que todas l¿s

criaturas serán liberadas de !a servidumbe de la- corrupción para participar en

la libertad de la gloria de los hijos de Dios.

Ángel González Alverez

 

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