Autor: Roldán, Adolfo. 
 En la localidad vizcaína de Ortuella. 
 Dejan morir a su hija al negarle una transfusión de sangre  :   
 Los padres son testigos de Jehová. La Guardia Civil impidió su linchamiento por parte del Pueblo, indignado. 
 Ya.    28/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EN LA LOCALIDAD VIZCAÍNA DE ORTUELLA

Dejan morir a su hija al negarle una transfusión de sangre

Los padres son testigos de Jehová • La Guardia Civil impidió su linchamiento por

parte del pueblo, indignado

BILBAO

(De nuestro corresponsal, Adolfo Roldan.)

Una niña de ocho años de edad, María Albertina Martín González, ha fallecido en

la Ciudad Sanitaria dé la Seguridad Social de Cruces-Baracaldo al negarse sus

padres, testigos de Jehová, a que se le hiciera una transfusión de sangre,

indispensable por haber sufrido la pequeña una peritonitis.

El triste suceso se produjo el pasado lunes. Luis Martín. González y Sofía

Magdalena González Damas, padres de la niña y testigos de Jehová desde hace

cinco años, se negaron hasta el último momento a la transfusión, con la

consiguiente desesperación por parte de los abuelos maternos y paternos de la

niña y demás familiares.

El martes se celebró en Ortuellá^ municipio vizcaíno donde reside la familia, un

funeral, al que asistió prácticamente todo el pueblo. A la salida corrió la

noticia de que los padres de la víctima habían decidido enterrarla en el

cementerio civil, en una fosa excavada por ellos mismos. Inmediatamente un

numeroso grupo de vecinos decidieron, indignados, impedirlo, produciéndose un

fuerte alboroto,, llegando incluso algunos a agredir al padre. Al tener noticia

de estos hechos intervino la Guardia Civil para impedir, tal era la´Indignación

del vecindario, un posible linchamiento.

"La - niña estaba bautizada y era católica, debe descansar en tierra santa",

afirmaron algunos de los vecinos.

A fas cuatro y media del miércoles, con asistencia del abuelo paterno y abuela

materna de la niña y demás familiares, compañeros del colegio y todo el pueblo

prácticamente, se procedió al entierro de los restos mortales de la niña.

Mientras tanto, números de la Guardia Civil montaron un servicio de vigilancia

en torno a la casa de los padres, que no pudieron asistir al acto porque el

vecindario de Ortuella les impidió entrar en el cementerio.

"No nos explicamos—dijeron algunos vecinos tras el funeral—por qué el médico que

atendía a la niña no puso en conocimiento del juez con la debida antelación lo

que ocurría, notificando la postura de los padres, máxime cuando existen

antecedentes similares con intervención del juez autorizando la transfusión." El

hecho ha pasado a diligencias judiciales.

 

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