Autor: Castro Zafra, Antonio. 
 La nueva Iglesia. 
 Revolución económica en la Iglesia española     
 
 Arriba.    30/10/1977.  Páginas: 5. Párrafos: 62. 

LA NUEVA IGLESIA

UN ser distimo y extraño, eso es «/a nueva Iglesia» que comienza a existir

entre nosotros, fatigosamente. Todo es diferente en ella, y hasta los rasgos del

Dios que ahora nos ofrece han perdido aquella tradicional dureza y severidad

para esbozar un perfil bondadoso. Los anatemas han sido bloqueados, las

excomuniones retiradas del uso y una especie de desarme cívico comienza a

imponerse sobre la legión de sacerdotes, religiosos, monjas y prelados, que

constituyen la antigua *milicia de Cristo». Ya no hay *apartheid* religioso y

todos los hombres son iguales.

Esta serie, cuyo prólogo fue la entrevista a monseñor Estepa (Catequesis),

Cardenal Tarancón (Iglesia), arzobispo de Zaragoza. Yanes (enseñanza de

religión), Miguel Roca (teología política), es una laboriosa expedición al

centro mismo de esa nueva Iglesia, en España. Como en el caso del eurocomunlsmo,

también es lícito preguntarse aquí si esa nueva Iglesia no es una estrategia, un

puro móntale táctico y por lo mismo provisional.

Nos proponemos abordar a los líderes de esa nueva Iglesia durante varias

semanas. Y que nuestros lectores juzguen su autenticidad.

REVOLUCION ECONOMICA EN LA IGLESIA ESPAÑOLA

63 de los 64 obispos se han manifestado totalmente a favor del nuevo programa

OPERACIÓN «ELIAS»

Bernardo Herráez Rubio, gerente del Episcopado, prepara una ordenación económica

que significará un cambio trascendental en el terreno de las «finanzas»

eclesiásticas

Hace tres años, silenciosa y pausadamente, fue puesta en marcha la «Operación

Elias», que iba a dinamitar las estructuras económicas de la iglesia española.

Hoy, quizá mañana o pasado, uno de estos días, va a saltar en pedazos ese

tinglado del dinero de los curas. Quiero decir que reventará por fin el eterno

«bunker» de los secretos del dinero de la Iglesia, motivo siempre de polémicas,

de demagogias y, con demasiada frecuencia, de atropellos, de injusticias y de

escándalos.

(«Una cosa es predicar y otra dar trigo», se dice desde hace tiempo,

socarronarnente, ea nuestro país.)

Acabo de hablar durante varías horas con el hombre que ha organizado la

demolición (antes de concretar hasta el último detalle la nueva estructura

económica).

Se trata de un sacerdote de Avila, Bernardo Herráez Rubio, de cuarenta y siete

años, él es el hombre en la sombra. ¿Quién conocía hasta ahora su nombre, fuera

de los círculos clericales? Esta es la primera entrevista en la que Herráez

habla del dinero de tos curas españoles, precisamente cuanse se dispone a

apretar el botón para el estallido. La dinamita, la goma-Z que ha utilizado para

encender las luminarias de esta revolución, se compone mitad por mitad de

«cuentas claras» y de «comunicación de bienes», I en la Iglesia española.

Bernardo Herráez es lo síntesis de un mecanismo de alta precisión y un talante

evangélico de servicio, ír contra él sería luchar contra las dos ciencias más

implacables del saber humano, los números y la vida, es decir, las matemáticas y

la historia. De modo que cuando se te escucha casi puede percibirse el runruneo

de una computadora y el vaho de dos dos mil años de fe sobre Jas llanuras de

Castilla. Recio y serio, firme y corpulento, su perfil sugiere una palabra

precisa y segura, que se hace avasalladora por un simple dato: su asombroso

conocimiento del mundo económico y su extracción clerical.

—Un día, el secretario del episcopado español cita en Madrid a un cura de Avila,

porque le han dicho que vale para la tarea que quieren realizar. ¿Qué era

exactamente?

—Quería poner luz y claridad en la economía de toda la Conferencia Episcopal

Española. Reorganizarla bajo una nuevo dimensión teológica del dinero. Al

principo, comencé a venir un día a la semana; poco a poco se alargaban las

estancias, y al final tuve que quedarme aquí.

:

—Esa consigna encierra un cambio. ¿Qué significado tiene la nueva actitud?

—El cambio ha sido posible por la convergencia de dos hechos sustanciales. De

una parte, la revisión teológica de la pobreza testimonial en la Iglesia, que se

abra paso a raíz del Concilio Vaticano II, y que exige una coherencia elemental:

la Iglesia teine bienes Indispensables para una acción pastoral eficaz, pero Id

administración de esos bienes debe ser transparente. De otra parte, al proponer

al Estado la vieja liquidación del viejo sistemo beneficia!

REVOLUCIÓN ECONÓMICA EN LA IGLESIA ESPAÑOLA

de «piezas eclesiásticas y sugerir la entrega a la Conferencia Episcopal, en

forma global, de la totalidad de la dotación, , facilito extarordinaríamente una

nueva estructura económica, en la que el dinero circule nivelando diferencias no

solo a niveles de diócesis, sino de personas.

—¿Puede hablarse entonces de un «cambio histórico» en la Iglesia española?

—Rotundamente, sí. Este cambio viene fuego caracterizado por una serie de

elementos complementarios, en el caso de la Iglesia española, que facilitan su

desarrollo. Por ejemplo, la relativamente reciente constitución de la

Conferencia Episcopal en nuestro país como respuesta o una nueva conciencia da

eorresponsobflidad supradlocesana, y hasta colegial, que respeta, por supuesto,

la autonomía de cada obispo en su diócesis, pero que coordina sus actividades

por cauces uniformes: la actual revisión del código de derecho canónico, que

facilita la revisión del antiguo sistema beneficia] y patrimonial; los cambios

profundas de orden cantitativo y cualitativo en la composición y distribución

del clero; la presencia cada vez más numerosa de religiosos y religiosas en ía

pastoral de la diócesis, y aun la nueva situación sociológica de España. Todo

ello hace que nos encontremos en el tiempo más adecuado paro levantar de una

nueva planta un sistema económico a escala nacional, rigurosamente técnico,

eficaz e inspirado, naturalmente, en la doctrina del Cóndilo y en fe» cada vez

más fuerte conciencia de la comunicación cristiana de bienes.

—Antes de continuar, querría saber cómo ha venido a parar Bernardo Herráez

Rubio, sacerdote de Avila, a este puesto de mando. La Iglesia forma curas, y aun

especializa a algunos en derecho fiscal y económico, pero suele carecer de

hombres que tengan ese sexto sentido de ios negocios, hombres que, como dicen en

Soria, las vean venir.

—Cuando estaba en el seminario de Avila, el obispo me 41(0 que me preparara a

venir a Madrid a hacer estudios civiles, porque necesitaba licenciados en

Ciencias para el colegio diocesano que tenía. Convalidó Jos estudios y vine a

Madrid al colegio mayor de San Pablo, y me licencié en Ciencias Biológicas. De

manera que, por los años cincuenta, en contacto con don Ángel Herrera y su

equipo, yo adquiría una formación no sólo clerical, sino seglar; me asomé a otro

mundo. Cuando regreso a Ávila, y de una manera casi Imperceptible, me va

envolviendo el trajín de la gestión como profesor de| colegio, pera sobre todo

desde la delegación de Caritas, que potencio y procuro utilizar al máximo para

el servido de una provincia con muy bajos niveles de renta. Nace así un centro

para subnormales (trescientas plazas de internos, de seis a dieciocho años).

Pero al cumplir los dieciocho años, los subnormales se encuentran con problemas

graves de aceptación, Incluso laboral, en la sociedad, y pongo en marcha otra

obra que les ayude. Se trata de un centro de empleo protegido, una granja

experimental que les dará trabajo y medios de subsistencia. Por otro lado, va el

colegio diocesano...

—Veamos, por ejemplo una, operación económica «¡n situ».

—Puede ser la del nuevo local para el colegio, que, de unos pocos centenares de

alumnos, tiene ahora unos 1.700. Bien; el nuevo edificio que tienen ahora se

debe a un cambio que ie propuse al oblsjo: él no veía una oportunidad para

abandonar aquel palacio viejo, destartalado y medio derruido. A nosotros nos

vendría bien para el colegio. Le propuse el cambio: un piso para él y otro para

tas oficinas, a cambio del pelado, y aceptó.

—¿El gerente del episcopado español, realmente, cómo se ve a sí mismo metido en

esta danza, desde su perspectiva de cura?

—Me veo como una especie de perito, de técnico en canales subterráneos, en

drenaje y seguridad aquí abajo, para que, de este modo, los otros construyan ía

dudad. Tiene que habar gentes como yo, que estemos abajo para que el edificio se

eleve con seguridad. Naturalmente, mi trabajo no está soto en esta mesa;

planificando economías, voy habitualmente a una parroquia madrileña a

administrar sacramentos.

—Parece claro que se trata de un trabajo que usted cree necesario.

Merece la pena trabajar, dejarse ahí fa vida, sencilla e ilusionadamente, en

esos canales subterráneos que decía, y, por supuesto, sin dramatismos, para qua

la Iglesia española pueda vivir como un pueblo libre en sus actuaciones y

difundir sin estorbos su mensaje evangélico. Se trata de cooperar a la autonomía

de la Iglesia en materia económica. Y una cosa está clara: la Iglesia, aquí y en

todas partes, está condicionada en su actuación y, por tanto, en su eficacia por

tos instrumentos humanos.

—¿Cuál es la actitud de los obispos ante ia nueva ordenación económica y hocía

ef gerente del episcopado, que les va a complicar lo vida con tantos controles y

reformas?

—De absoluta colaboracion. Tengo aquí, por ejemplo, el módulo para el

presupuesto de la diócesis en 1978, que es ya la aplicación del plan

presupuestario de la Iglesia. Pues bien, sesenta y tres de los sesenta y cuatro

obispos Eo han aceptado, y al que queda espero persuadirte con las respuestas o

las objecciones que me ha planteado. Más aún, creo que cuento con la plena

confianza del episcopado: este aliento es vital para mí,

ORDENACIÓN ECONÓMICA

(El periodista quiere hacer constar aquí, y antes de que el tema pase a otras

zonas, algunos de los datos que posee sobre la ordenación económica de la

Iglesia en otros países. Por ejemplo, en Italia no ha sido aún posible oigo

semejante a España. El Parlamento quiso meter manó en el tema y promulgó una ley

en 1974 por lo que se establecía, de modo obligatorio, la verificación de las

rentas patrimoniales de ia Iglesia, a partir def primero de enero da 1977. Poco

después, otro ley bloqueaba a la anterior por cinco años. Parece que es en

Estados Unidos y en Alemania donde los presupuestos de la Iglesia se sitúan a la

luz de todos. Pero lo circulación de bienes no acaba de aplicarse, y ese retraso

es fácil de entender si se piensa que la tal comunicación no es und teoría, sino

una práctica: compartir lo que se tiene con los que no tienen hada, o tienen

menos. Se comprende así que, la semana pasada, el nuncio en Madrid comentara, a!

conocer ía reforma económico eclesiástica que dirige el cura Herráez, que «la

Iglesia española se va a colocar en cabeza del resto de las Iglesias».)

En cualquier caso, parece que aquí damos por supuesto que la Iglesia necesita

dinero, cuando lo que se dice es que le sobra dinero...

—Desde luego, la Iglesia necesita dinero, sustancialmente, para atender cuatro

capítulos: culto divino (templos), subsistencia del deró, obras de apostolado y,

por último, para atender a los menesterosos. Esto es válido, para toda la

confesión religiosa. Ahora, en el caso concreto de la Iglesia española, puedo

afirmar que circula una apariencia de riqueza que no responde a (a realidad. Los

tesoros artísticos e históricos que posee la Iglesia son de valor Incalculable,

cierto, pero sus repercusiones económicas san mínimas. La Iglesia carece de

medios Incluso para conservar adecuadamente esos tesoros (esci). Luego, hay

derlas diócesis que administran con fines específicos de terminadas donaciones,

y esto crea una imagen de riqueza que desaparecería de saberse que la Iglesia no

obtiene nada de esos bienes, o, en todo caso, un 2 por 100 de administración. Un

estudio responsable y riguroso de la situación económica de la Iglesia española,

como el que han realizado diversas instituciones especializadas en estos

informes, concluirá Invariablemente que la verdadera Iglesia española es pobre.

—¿Cuál es el monto actual de la renta que obtiene la Iglesia por su patrimonio?

—La renta oscila alrededor de los cuatro mil millones de pesetas al año.

Indudablemente, podría rentar más, y creo que ahora sólo se obtiene alrededor de

un sesenta por ciento de lo que es posible conseguir, y se conseguirá, cuando

todo esté normalizado y uniformado.

—¿Existe yo un balance, un inventario de los bienes de la Iglesia española?

¿Cuáles son las perspectivas de ese patrimonio?

• En la actualidad está realizándose en España un inventario de los bienes

eclesiásticos

• En 1978 la Iglesia dispondrá de un presupuesto de 10.000 millones de

pesetas, pero el déficit será de la misma cantidad

• «En la Iglesia española circula una apariencia de riqueza que no responde

a la realidad»

• De los 24.500 sacerdotes que hay en España, 500 viven muy bien; unos 2.000,

no viven mal, y el resto vive en una situación de necesidades primarias

• La renta anual de la Iglesia española por su patrimonio oscila alrededor de

los 4.000 millones de pesetas

—El Inventario de los bienes de la Iglesia está realizándose, pero aún no se ha

completado. Como decía antes, gran parte de los bienes están materializados en

edificios religiosos, obras de arte, etcétera. Lo grave es que, dado el costo

elevado que supondría la vigilancia y su seguro contra robos e incendios, se

está produciendo una considerable pérdida en ese patrimonio por multitud de

causas, algunas de ellas ciertamente lamentables. De otra parte, la orientación

pastoral de la Iglesia hace que sus Inversiones no busquen básicamente la

rentabilidad, sino el desarrollo de sus fines específicos, o, en último término,

se obtienen unas rentos monetarias sin tener en cuenta las plusvalías. De ahí

que hoy gran parte de las diócesis obtengan rendimientos negativos, que, desde

el punto de vista contable, crean obtener ingresos por este concepto, ya que no

tienen en cuenta la inflación o la depreciación.

—Está claro que el dinero no es mucho ni poco si no es en función de un destino,

de un presupuesto.

¿Cuál es el presupuesto de la Iglesia española, o. dicho de otro modo, para qué

quiere dinero la Iglesia?

¿Cuáles son sus gastos?

—MI objetivo aquí en la gerencia es que la economía de la Iglesia y el

patrimonio que tenga estén racionalmente al servicio de un programa pastoral, de

modo que ese dinero sirva para pagar un servicio religioso al pueblo. Y quiero

dejar clara una coser; que el hecho religioso es tan necesario como el comer.

Pero, hablando de presupuesto, y antes de espedificarcar partidas, la Iglesia

española dispondrá de unos diez mil millones de pesetas para 1978; pero tenga en

cuenta esto: el déficit de este presupuesto será de otro tanto, es decir, de

otros diez mil millones.

—De esos diez mil millones, cuatro mil corresponden a rentas de la Iglesia. ¿El

Estado aporta el resto?

—Sí, |a dotación estatal es exactamente de seis mil trescientos millones, pero

ahí está incluida la cuota para la Seguridad Social.

—Sin embargo, parece mucho dinero. ¿Cuáles serían, en esta época de paro, de

restricciones económicas, los gastos mínimos vitales de la Iglesia?

—Todas las necesidades que totalizan esa suma son de primer orden. Tratamos de

garantizar a los veinticinco mil sacerdotes seculares y a los religiosos

integrados en el servicio diocesano catorce mensualidades de quince mil pesetas.

Realmente, esa cantidad se reduce a poco más de quinientas pesetas diarias.

Luego hay pequeñas cantidades para ayudar a los desplazamientos, a impedir que

caiga agua encima da los altares, a que la casa parroquial tenga un cuarto de

aseo, a que alguien le haga la comida al cura. Es preciso que no perdamos de

vista el contexto social en que nos (novemos —en cualquier empresa, el coste

total resultante de un peón no especializado es superior al medio millón de

pesetas—. Las percepciones de un sacerdote, desde un punto de vista funcional,

debieran ser equivalentes a las de un profesional con un nivel de estudios y

conocimientos parecidos, lo que remontaría la cifra por sacerdote al año al

millón de pesetas de coste para la empresa. Aquí nos movemos en unos índices

mucho menores. (La prefectura de los asuntos económicos da la Santa Sede la

lleva un triunvirato de cardenales, además de cuatro religiosos y cinco laicos.

Uno de los cardenales es el italiano, (romano de Roma», Vagnozzi, que pasó nueve

años da diplomático en los Estados Unidos. Otro es el cardenal Cody, de Chicago,

ung de las diócesis con mayor presupuesto del mundo católico, casi nueve mil

millones ds pesetas —cuatrocientas cuarenta escuelas y cuatrocientas cuarenta Y

cinco parroquias—. Y el tercero es el cardenal oHffner, de Colonia, con nada

menos que setecientas noventa parroquias. Parece manía Federal él que tratan de

imser que es el sistema de la Aleponer en España a la larga. El fondo para el

presupuesto de la Iglesia se.obtiene msdiante un impuesto sobre´las rentas y

salarios. La cuantía del impuesto está en relación directa con la d3 las

necesidades de la Iglesia.)

—En toda esta conversación flota todavía el fantasma de una pregunta que es

preciso plantear. En general, parece que los curas y los obispos, viven muy

bien. Y mientras no 59 demuestre lo contrario nadie va a tomar en serio el nuevo

talante y la reforma qu3 lleva adelante la Conferencia Episcopal.

—En líneas generales, puedo decirle que de ios veinticuatro mil quinientos

sacerdotes que hay en España, unos quinientos viven pero que muy bien, con todo

desahogo económico: Todavía habrá unos dos mil que no viven mal, pero el resto,

los´ otros veintidós mil sacedotes, viven en una situación de necesidades

primarias. Para precisar este capítulo del sueldo sacerdotal quiero dejar bien

claro, de una porte, que todo sacerdote, por el mero hecho de serlo y servir a

la comunidad, debe ser atendido por ella. A mi juicio, la retribución debe

reunir estas característcas: que sea básica, suficiente e igual a todos y que

cubra los casos de enfermedad o vejez mediante los subsidios de Seguridad Social

y la oportuna compensación diocesana que asegure a los enfermos y ancianos un

nivel de «ida equiparable al resto de los sacerdotes, A cambio, es necesario

exigir a) sacerdote una disponibilidad fundamental y permanente a las órdenes

del obispo diocesano. Asi, en «I caso de curas obreros o taxistas, cuando el

sacerdote no agota el tiempo de su disponibilidad y hace compatibles otras

actividades profesionales, retribuidas de forma regular y permanente, éstas

deberán entenderse justifica» das mientras el obispo no requiera a ese sacerdote

para un servicio de mayor dedicación directa diocesana,

´—Eso de «vivir como un obispo* parece que comienza a pasar oí refranero por lo

que llevamos hablado.

—Aquí, en el libro que publica los presupuestos genérale? Del preciso, tres

veces más que otra no consagrada; sólo en nombre de su consagración a Dios y al

prójimo, por ejemplo, se le puede pedir, y se le pide, a una monja catorce o

dieciocho horas de trabajo, O a un cura. Bajo este aspecto, el celibato es muy

rentable, y un duro en la Iglesia adquiere así una rentabilidad tres veces mayor

que colocado en otro sitio: da para más. De otra parte, por lo que se refiere a

las necesidades, cierto que al no tener el sacerdote mujer e hijos se reducen

sus necesidades, pero tampoco recibe el sueldo de los familiares (del orden del

cuarenta por ciento del cabeza de familia}. Además hay que tener encuenta que,

actualmente, es más barato mantener una familia que una empleada del hogar o que

tener que comer fuera de casa.

«Determinadas opciones políticas o partidos querrían inmovilizar a la Iglesia, y

creen que para ello es necesario empobrecerla»

Estado, tiene usted lo que gana un obispo. Su sueldo base, que recibe del

Estado, es de tres mil quinientas setenta y siete pesetas al mes para este año,

aunque con otros complementos alcanza las ocho mil, exactamente ocho mil

cuatrocientas ochenta y siete. Los arzobispos ganan mil pesetas más. Cierto que

el obispo tiene derecho a una serie de subvenciones que recibe del patrimonio de

la diócesis, pero esto no es ilimitado ni mucho menos. Hay obispos en España que

no .ganan, en total, más allá de las veinte mil pesetas. Yo lo sé, y les

conozco, y por una elemental delicadeza no doy sus nombres. Pero viven con sus

familiares en unas condiciones realmente impresionantes de pobreza.

(En Italia, el ejemplo más próximo a España, los curas reciben del Estado una

signaclón —«congru»— que era de 2.000 liras en 1944 (unas 200 pesetas mensuales)

y hoy es de algo más de 15.000 pesetas; los obispos cobran alrededor de las

60.000 pesetas di mes. Aparte, el Estado italiano tiene instrumentados diversos

medios de ayuda económica para casos especiales de culto, sacerdotes y obispos.)

—Pero las necesidades de un célibe son menores que las de un padre de familia.

—Esto es parcialmente verdad, porque una personq «consagrada» puede rendir y

rinde, cuando es

¿CUENTAS CLARAS EN >LA IGLESIA ESPAÑOLA?

—¿Cuentas claras, entonces, por fin, de la Iglesia española?

—Mire, e| déficit previsto para 1978 es de diez mil millones de pesetas, que

vamos a pedir a los fieles, para que los aporten. Y nosotros no vamos a salir a

pedir un solo céntimo sin decir antes lo que tenemos por medios propios, lo que

recibimos del Estado y lo que nos falta para esto, esto y esto. Ahora, eso sí,

vamos a poner los medios necesarios para que la aportación de los fieles no vaya

a engrosar las arcas de las parroquias bien instaladas, cuando su destino es las

zonas rurales sobre todo.

—Y los suburbios de las grandes ciudades.

—Bien. Pero a mi juicio, hoy, los suburbios de la Iglesia, del clero, están en

las zonas rurales. Es urgente estimular, y aún primar. las zonas rurales.

•—Comunicación de bienes, en consecuencia. Para ello es preciso saber qué gana

cada cura.

—Y espero que lo declaren y lo digan. Aquí no se trata ya de una declaración a

la renta, que´ hay que redactar en verdad por justicia, sino de una obligación

especial Impuesta por la vinculación de

unos acuerdos aprobados por lo» propios obispos y ratificados por el Papa. La

retribución básica única para todos los sacerdotes es Inapelable.

—De vez en cuando es posible escuchar un runruneo político que niega ayuda a la

Iglesia en España.

—No creo que haya aquí equívocos en lo que le voy a decir. Determinadas opciones

políticas, o partidos, queman Inmovilizar a la Iglesia, y creen que para ello es

preciso empobrecerla, dejándola a merced de las limosnas de sus fieles.

Naturalmente, que esto, en último término, no nos asustaría. Pero está claro que

la Iglesia defenderá la permanencia y vigilará la evolución de la dotación

estatal, justificada en toda circunstancia política y en todo contexto social

por los servicios que esa Iglesia presta a los ciudadanos católicos, que son hoy

(a mayoría de las nación. Además, el ejercicio de la libertad religiosa y de los

derechos dimanantes de ella pueden quedar en pura declaración abstracta si se

niegan luego los complementos legales necesarios o los soportes económicos. Esto

sucede en lodo Occidente. La dotación del Estado es debida en justicia. La

Iglesia acepta y defiende la fórmula de entrega global de la dotación otorgada

por e| Estado, ´dotación que cada vez estará más desligada de los motivos

históricos y de las partidas tradicionales de los presupuestos por «piezas*. Y

cada vez habrá de destinarse a objetivos actualizados en la situación pastoral

de la Iglesia.

—Es de suponer que tos obispos estarán dispuestos a la comunicación de bienes.

¿La próxima Conferencia Episcopal, a Ja vuelta de un par de semanas, va a ser

dedicada a todos estos temas?

—La aceptación a nivel episcopal es plena. Es evidente. Muchos curas viven en

situaciones precarías, los templos se caen, no hay dinero para hacer nuevos. Una

organización económica a la luz pública que ordene todo esto, solucionando hasta

unos límites dignos, ¿cómo no va a ser bienvenida?

—En realidad, ya hemos terminado. Me gustaría saber qué comentaban, allá en

Avila, cuando le veían acometer todo aquel tinglado sin pedir un duro a la

gente.

—MI obispo me decía que cómo me las arreglaba. «Leyendo el ´Boletín Oficial del

Estado´», le respondía yo. La cantidad de subvenciones y ayudas que pueden

sacarse para el servicio a los demás leyendo con atención esas páginas.

(Cuando finalizó la entrevista acaba de llegar a la mesa de cada uno de los

obispos españoles el nuevo modelo de presupuesto económico, al que deberán

ajustarse en 1978. La partida de «gastos previstos», en e| número 67, dice así:

«Aportaciones a Ja comunidad eclesial-comunicación de bienes.» Y (a partida de

«Ingresos previstos», número 77, especifica: «Aportaciones recibidas de

comunidad eclesial comunicación de bienes.» Esto no será papel mojado a la

vuelta de dos meses.

Antonio CASTRO ZAFRA

 

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