Autor: Castro Zafra, Antonio. 
 La nueva Iglesia. Entrevista a Miguel Roca, obispo de Cartagena-Murcia. Desde el "ghetto" a la interperie:. 
 Nace la teología política     
 
 Arriba.     Páginas: 4. Párrafos: 71. 

La nueva IGLESIA

UN ser distinto y extraño, eso es -te nueva Iglesia* que comienza a existir

entre nosotros, fatigosamente. Todo es diferente en ella, y hasta los rasgos del

Dios que ahora nos ofrece han perdido aquella tradicional dureza y severidad

para esbozar un pertil bondadoso. Los anatemas han sido bloqueados, fas

excomuniones, retiradas del uso y una especie de desarme cívico comienza a sobre

la legión de sacerdotes, religiosos, monjas y prelados, que constituyen la

antigua *milicia de Cristo». Ya no hay «apartheid» religioso y todos los hombres

son ¡guales.

La serle que comenzamos ahora —y cuyo prólogo fue fa entrevista a monseñor

Estepa (Catequesis), cardenal Jaraneen (iglesia), arzobispo de Zaragoza, Yanes

(enseñanza de religión}— es una laboriosa expedí´ don a! centro mismo de esa

nueva Iglesia en España. Como en el caso del eurocomunlsmo, también es licito

preguntarse aquí si esa nueva Iglesia no es una estrategia, un puro montaje

táctico y por lo mismo provisional.

Nos proponemos abordar a los líderes de esa nueva Iglesia durante varias

semanas. Y que nuestros lectores juzguen su autenticidad.

ENTREVISTA A MIGUEL ROCA, OBISPO Di CARTAGENA-MURCIA

Desde el «ghetto a la intemperie:

NACE LA TEOLOGÍA POLÍTICA

Miguel Roca, treinta y seis años, es el guardián de] pensamiento ortodoxo de la

Iglesia española, aunque entre sus funciones es preciso incluir también la de

levantar la antorcha. Diariamente otea ef panorama del pensamiento teológico

español, conoce Ea docena de autores y el centenar de caminos que se abren y se

cierran sucesivamente al creyente con la invitación a> recorrerlos. Puede

señalar anticipadamente la zona exacta sobre la que se va a desencadenar una

polémica, una crisis o incluso ej huracán de las doctrinas Inquietantes. Sin

embargo, ha pedido libertad para la investigación teológica, y sigue reclamando

techos altos para esa libertad.

Alto, fuerte y tranquilo —sobre todo reposado y sereno—, viajó desde una

parroquia de los repliegues de la sierra madrileña a las Universidades europeas,

donde alcanzó famas que hicieron inevitable su traslado

a Roma; allí convertiría una residencia clerical, la Iglesia Nacional de

Montserrat, en un cotizado centro de alta investigación histórica. Acababa de

rebasar la frontera de tos cuarenta y cinco años, cuando le alcanzó el

nombramiento de obispo a la iglesia que preside todavía, la de Cartagena-Murcia.

NACE LA TEOLOGÍA POLÍTICA

Los obispos estudian una carta de identidad que reseñará los mínimos exigibles

para todo el que quiera ser miembro de la Iglesia

El Vaticano II señala el paso del anatema al diálogo

La comunicación de la Iglesia con la sociedad era breve y a base de puentes

levadizos

El teólogo necesita, por encima de todo, libertad

El obispo conduce un camión de remolque y el teólogo un coche de carreras

Uno de los temas más apasionantes de nuestra época es la relación cristianismo-

marxismo

Para hacer bien al prójimo, la Iglesia tiene que estar en la política, porque

hay determinadas cosas que no se pueden hacer sin el concurso político

Desde el Vaticano II, la Iglesia española ha hecho una renuncia inicial e

incoativa a la tentación del Poder

La Iglesia nunca ha, reconocido la validez objetiva de la opción de algunos

cristianos que creen

subjetivamente que la je es compatible con la opción marxista

Desde hace tres años, un grupo de obispos .españoles examina el tema marxismo-

cristianismo

En españa abundan más los teólogos técnicos que los teólogos con garra

HOY se habla abiertamente de una teología nueva, nacida, al parecer, durante las

jornadas del Concilio Vaticano II. y desde luego es fácil advertir que el

planteamiento Ideológico de la Iglesia responde a unos criterios nuevos- ¿Qué

sucedió en realidad?

—«Desde antes del Vaticano U, la Iglesia se había replegado a una actitud de

.defensa y de «ghetto». Su comunicación con el mundo moderno era escasa y breve,

a base de puentes levadizos y de muchas cautelas. De modo que existía ya una

conciencia —también a nivel teológico— de fin de etapa, de necesidad de una

formulación de la fe de manera asequible para el nuevo hombre, producto a su vez

de la nueva cultura y la nueva civilización. Gráficamente, el problema podía

describirse como una cuestión de trasvase de vino viejo a odres nuevos. Por

supuesto, los intentos para realizar con éxito esta operación habían comenzado

mucho antes de tos años sesenta y del Vaticano II, por ejemplo, con el

movimiento de «La Nouvelle Theologique» en Francia, con teólogos como Chenú.

—Tal vez puede hablarse aquí de un desafío pastoral a la Iglesia: ta necesidad

de buscar fórmulas y expresiones que dijesen algo al hombre; de redactar un

nuevo vocabulario para que sus palabras «lleguen?;

—Indudablemente, el problema que existía —y existe— es de comunicación, dé

conectar con los campos de interés del nuevo hombre. Más que un problema de

vocabulario es de lenguaje. Y aquí se sintetizan todos los ingredientes de un

desafío: en el empeño de encontrar las nuevas formulaciones de la fe que

atraigan al hombre de hoy y al lenguaje inédito con el que expresar un mensaje

que, sin embargo, mantiene fidelidad a una tradición. No hay duda de que un reto

de esta categoría, desde el momento en que la Iglesia bajaba sus puentes

levadizos para permitir la entrada de los problemas del mundo moderno, iba a

excitar y estimular respuestas en centenares, millares de teólogos; la reflexión

buscando puntos de

conexión es, pues, masiva y, por supuesto, necesaria.

-¿Parece, sin embargo, que el pape] del Vaticano II ha sido muy importante en

este empeño de buscar un nuevo lenguaje.

—El Concillo abre las ventanas de ia iglesia, hasta alojar en ella toda ia

baraúnda —y la vitalidad— moderna. Pero, sobré todo, señala el paso del anatema

al diálogo.

—Dos mil años de historia para la Iglesia hacen suponer que, a lo largo de

semejante período de tiempo, ha tenido que enfrentarse con una situación

semejante en algún momento anterior. ¿Cuál es el punto de referencia para la

Iglesia cuando se enfrenta con el desafío del mundo moderno?

—El siglo XIII. Concretamente, romas de Aquino. Ese es un punto muy feliz de ia

Teología. Un hombre que conoce a la perfección el lenguaje de las Universidades,

corrige e| aristotelismo —o cristianiza a Aristóteles—, utilizándolo para

redactar una síntesis teológica |ue es la Suma Teológica. Una bacana.

—¿Cree usted que la de nuestra jpoca es una situación semejante? ´Existe

expectación por un «Tomás

de Aquino» que solucione en solitario este problema de comunicación entre

Iglesia y Sociedad?

—La tarea es hoy mucho más difícil que en tiempos de Tomás de Aquino. Primero,

porque no hay un lenguaje común como lo había en las Universidades del siglo

XIII; de ahí el pluralismo teológico, o mejor, la pluralidad de las teologías

que es posible encontrar hoy. Y en segundo lugar, existe un factor nuevo

externo: la actitud de la Sociedad ante la Iglesia, que es de cerrazón. Uno y

otro elementos, sobre todo el primero —el de la pluralidad de lenguajes o

culturas— hacen prácticamente imposible que un hombre pueda realizar esa

empresa.

—Entonces, y concretamente, la aceptación de este desafío por parte de cada

teólogo o grupo de teólogos que se ponga a reflexionar buscando el nuevo

lenguaje, ¿a qué se traduce?

—A la formulación de síntesis parciales. Sobre un área determinada, el teólogo

crea, pone al máximo su capacidad creadora buscando los nuevos caminos. Ese es

el honor y el riesgo del teólogo: puede des* cubrir nuevos horizontes, nuevos

paisajes sobre los que la comunicación Iglesía-Sociedad se realice sin esfuerzos

especiales. Pero también puede saltar en el vacío, desviarse de la fidelidad.

—Sin embargo, ¿qué pediría usted para el teólogo que comienza esa aventura?

—Libertad. Sin libertad, toda creación es imposible, y esto lo saben tos poetas,

los filósofos, los científicos. El teólogo necesita libertad y confianza. El

propio Tomás de Aquino fue condenado por el arzobispo de París.

(Noticia sobre los sacerdotes •sociales* de Murcia, facilitada al escritor por

un fotógrafo, un cura, dos guapas guias de la escuela de turismo local y un

miembro de la asociación de helenistas. Miguel Roca no se alarma fácilmente. La

pasada primavera, cuando los rumores relacionaban al obispo Roca con la sede

vacante de Zaragoza, una treintena de sacerdotes —de los cuatro centenares que,

en números redondos, totalizan el clero dioce sano— puso en circulación cierta

carta al nuncio en la que pedían •un obispo pastor y no otro obispo teólogo´.

Hace pocas semanas, cuando ios rumores han vuelto a referirse a ñoca, a

propósito de su probable incorporación a Granada, los mismos sacerdotes, en otra

carta pública, dejan a un lado el discurso obispo-teólogo obispo-pastor y

centran su petición en un candidato murciano, que sea elegido o propuesto al

menos por ef clero toca/. Así que el destinatario de estas epístolas —sea el

nuncio, o la opinión pública, o ambas cosas a /a vez o ninguna— tiene

oportunidad de medir las dosis de protagonismo de los escritos. Luego, nada

tiene de extraño que el nombre de Miguel Roca —más de diez años da obispo en

Murcia— circule con frecuencia a propósito de arzobispados vacantes. Aunque el

escritor opine —s¡ se le permite— que el destino final de este obispo será

fíoma, y ha podido constatar que adquiere cada vez mayores probabilidades la

candidatura que presenta en primer término el nombre de Miguel Roca para vna de

tas con gregaciones —´Jos ministerios», def gobierno central de la Iglesia—,

cosa que el tiempo dirá.)

—El teólogo corre un riesgo en la investigación que le descubrirá formulaciones

idóneas de la fe para nuestra época. Sin embargo, en Miguel Roca coinciden

obispo y teólogo. ¿Es más seguro entonces

nes teológicas podía publicar los resultados en una revista de investigación o

de ensayo. Desde que soy obispo, y precisamente por eso, tengo detrás una

muchedumbre de creyentes, el pueblo de Dios. El obispo señala una ruta concreta,

conduce y guía. No es un solitario, como el teólogo, sino e) clásico

paterfamilias evangélico. Más claro aún, podría ser el caso del conductor de un

coche de carreras, que circula a altas velocidades, realiza giros bruscos, y su

pericia le permite abordar maniobras escalofriantes con riesgos mínimos. El

conductor de un camión con remolque —o de un autobús— circula a velocidades

bajas y no puede realizar brusquedades en los giros porque el vehículo no se lo

permite: si no respeta esas normas se estrellará con todo lo que lleva detrás.

Ej primer caso sería el del teólogo; e| segundo, el conductor de un camión o de

un autobús corresponde al obispo,

—No obstante, parece que la función del obispo está esencial menta relacionada

con la autoridad, y bajo esa perspectiva se tiende a juzgarle.

—El obispo mantiene el elemento jerárquico en la Iglesia, pero- hay el lagar que

ocupa ej obispo que el papel del teólogo?

—El teólogo es riesgo, riesgo puro. El obispo tiene una función diversa:

anunicar el mensaje evangélico íntegro, Con relación al teólogo, el obispo

garantiza la autenticidad de la traducción; testifica que el trabajo creador del

teólogo —que no hace una traducción «literal», sino libre y creadora— es fiel a

su origen.

—¿Cuál es, sin embargo, el riesgo del obispo? ¿O no corre riesgo alguno?

—El obispo corre el riesgo del inmovilismo, de no querer la apertura por miedo a

las Innovaciones y, sobre todo, a las desviaciones. Ese e» su riesgo.

—Sin embargo, el obispo es juez y parte. ¿Qué hay en e\ teólogo y en e] obispo

que, de repente, los ha* ce tan distintos? Mientras que el teólogo recibe

invitación —digamos— para saltar en el vacío, la estructura de la Iglesia sólo

permite al obispo bajar por escaleras bien seguras. ¿Qué distingue al obispo del

teólogo?

—La responsabilidad. Cuando yo sólo era sacerdote, si reflexionaba —porgo por

caso— sobre cuestío-

diversos modos, cien modos diferentes de ejercer la autoridad. A mi juicio, este

tema es presa fácil para la demagogia y las acusaciones precipitadas y vistosas.

El tono de autoridad, y sobre todo el modo de ejercerla, está influenciado

sustancialmente por el contexto histórico, por el entorno social. Durante los

tiempos feudales hubo, naturalmente, obispos feudales; el período de monarcas

absolutos produjo a su vez obispos absolutistas. Con la misma fuerza puede

concluirse hoy que nuestra época facilita la aparición de un tipo determinado de

obispo, distinto del anterior: más asequible y más comprometido en cuestiones

que afectan al hombre. El que alguien siga empeñado en aplicarnos el antiguo

baremo es Inevitable, aunque injusto, como es injusto juzgar desde nuestra época

y con nuestra óptica determinadas situaciones anteriores, olvidando su contexto.

(De cómo los dogmas políticos pueden convertirse en espadas que siegan cabezas

propias, según pudo saber el vla¡ero de labios de un taxista. La mañana que

comenzó amenazando lluvias, alela por tln las nubes recibiendo-a pecho

descubierto al sot. Los murcianos, cuyo eterno tema es el agua, emplazan a

intranquilizarse por la tardanza de las lluvias y del trasvase. Resulta que

algún partido político de tendencia social ha dictado desde su sede madrileña a

todas ¡as provincias algo así como ´revisionismo absoluto de toda obra

faraónica*. Esta consigna ha sido traducida por un *Alto al trasvase» en la sede

local del partido. «/Pero si ya sólo faltaba abrir el grifo!», ¡ura el taxista.

Los pueblos murcianos reaccionan ahora organizando ´pronunciamientos* a favor de

•las aguas cuanto antes». Los afl Hados al partido en cuestión están

desconcertados: el tema puede costarles muy caro a nivel de votos.)

—A manos de teólogos o de obispos, parece cierto, sin embargo, que el

cristianismo necesita hoy una formulación nueva. No se detecta el interés de la

saciedad por Eo religioso o lo teológico.

—Creo que cada época tiene sus Intereses y una problemática diferente. Aquel

espectáculo de los cristianos que acudían a las carreras de caballos de

Constantinopla, fanáticamente divididos en rojos o verdes, según la doctrina que

hubieran escogido a propósito de la naturaleza de Cristo, son difíciles de

imaginar hoy; pero en esa época las gentes tomaban parte, apasionada, ante un

problema teológico. Como más tarde los partidarios de jesuitas o de dominicos,

celebrando corridas de toros para festejar triunfos de una u otra orden

religiosa. Hoy la Iglesia tiene el desafío de cómo anunciar el mensaje cristiano

de modo que este mensaje vaya expresado en un lenguaje significante para el

hombre.

—Pero ya no puede hablarse de pasión por las cuestiones religiosas.

—A mí me parece que también nuestra época tiene un tema apasionante en lo

religioso como es la relación marxismo-cristianismo.

—Esto nos lleva a un tema complejo, el de la teología política, es decir, la

Iglesia presente en la política. Porque aunque el hombre da hoy salude una nueva

Iglesia española con agrada, o al menos con un cierto interés, la verdad es que

en determinadas ocasiones no acaba de aceptar ciertas presencias o silencios.

¿La relación Iglesia-política se realiza hoy sobre esquemas nuevos?

—Absolutamente, sí. En e) Vaticano II coinciden dos movimientos aparentemente

contradictorios, pero coherentes. Uno, por el que la Iglesia acepta la

secularización social, la separación de poderes Iglesia-Estado. Y el otro,

«tediante el que la Iglesia insiste en estar presente en «lo» político (como

distinto de «la» política). El resultado para el cristiano es que su papel en la

sociedad pluralista en que vive no consiste en imponer su propia políticar sino

en procurar que, al trabajar políticamente, introduzca allí su óptica cristiana.

—¿Esto quiere decir que la Iglesia no juzga la política, sino que se introduce

en ella y no tendría reparos en hacerse con e| poder?

—No. Esto quiere decir que la Iglesia se introduce en la vida de la sociedad hoy

más que nunca, y porque al abrirse al mundo actual se encuentra con la política

como un factor envolvente y totalizador tiene que adoptar ahí una actitud que

será la de cooperar con lo político en la medida en que hace bien al prójimo.

El amor al prójimo pasa también por lo político, y está claro que para hacer

bien al prójimo hay que estar en la política porque hay determinadas cosas que

no se pueden hacer sin el concurso de lo político. De modo que la actuación >ie

la Iglesia es de independencia y «sana colaboración» con el poder, es decir,

acepta la separación del poder, la liquidación del connubio Altar-Trono, pero

coopera. Y desde ¿negó está.

—Esta, que podíamos llamar da algún modo Teología Política, que se sintetiza

durante las jornadas del Vaticano II y que proclama presencia de la Iglesia y al

mismo tiempo independencia, ¿hasta qué punto es válida para España?

—Desde el Vaticano II, la Iglesia española ha hecho una renuncia inicial e

incoactiva a la tentación del poder, a buscar la unión con el poder para llevar

su mensaje.

—Sin embargo, el discurso principal sigue siendo marxismo-cristianismo. Su

compatibilidad o incompatibilidad. ¿Cómo está hoy ese proceso?

—Se ha pasado de un período de pura y simple condenación, que se prolonga hasta

el pontificado de

Juan XXIII, a otro período que comienza con la «Pacen» in Terris», de distinción

entre ideología y movimientos históricos nacidos de esas ideologías. Esta etapa

es de diálogo y se traduce durante varios años en una situación efervescente,

Luego, del anatema y el diálogo se pasa a la opción, que es la tercera etapa, la

actual.

—En ella tienen entonces que ser incluidos, por ejemplo, los cristianos para e¡

socialismo.

—Se trata, sí, de algunos cristianos que hacen su opción y creen subjetivamente

que es compatible la fe cristiana con la opción marxista.

—Aquí, en España y para los cristianos que puedan plantearse esa opción, ¿cuál

es el juicio de la Iglesia?

—La iglesia nunca ha reconocido la validez objetiva de esa pretensión.

—Hay, sin embargo, un confusionismo muy extendido en este punto: desde el

eurocomunismo de Santiago Carrillo, que en su libro invita a los cristianos a

trabajar en el PCE porque vivirán un espíritu de generosidad y sacrificio

semejante al de les primeros tiempos del cristianismo, hasta la postura de

quienes identifican socialismo con ateísmo.

—Desde luego, está claro que el pensamiento histórico de Marx es incompatible

objetivamente con el cristianismo.

—Pero fenómenos como «eurocomunismo» y cristianos para el socialismo, etc.,

aportan nuevos datos para una reflexión teológica sobre el marxismo.

—E{ problema es muy complica´ do. Personalmente, entiendo que es necesario

esperar las nuevas interpretaciones de] marxismo que se vayan produciendo. En

química existe la suspensión, cuando un líquido se decanta hasta que se produce

la precipitación clarificadora. Habrá que aguardar a que se produzca la

precipitación. Hay signos en estas ideologías que sugieren unas ciertas

mutaciones y la desaparición de -asentamientos ateos, aunque esto sólo es una

hipótesis.

—De otra parte, está la opción marxista de algunos cristianos. Este problema en

Italia alcanza cotas extraordinariamente altas. Se comenta que el Papa prepara

un largo documento sobre cristianismo y marxismo. ¿Qué hacen mientras tanto Jos

obispos españoles a este propósito?

—El tema es muy complejo y complicado. Un grupo de obispos españoles llevamos ya

para tres años reflexionando sobre el tema; aportamos todos los datos nuevos,

pero aún no hemos encontrado salida.

(Postal de paisaje secreto murciano mostrada ai forastero por un cura

capitalino. La noticia de que 80 feligreses de Llano de Brujas se encierran en

la Iglesia protestando por el traslado del párroco ha merecido los honores de la

reseña a escala nacional. El cura alega ante los encerrados su Impotencia porque

«se debe a la obediencia del obispo», pero silencia un dato definitivo: que fue

él mismo quien pidió al obispo, hasta conseguirlo, su traslado a otra parroquia

mejor situada y, perdón, con un nombre menos solanesco.)

—Sería interesante conocer el panorama teológico de la Iglesia. ¿Es fuerte?

¿Alcanza sus objetivos,

es decir, cumple eficazmente su desafío?

—Salvo excepciones, no aparecen teólogos creadores, ios hombres de «La Nouvelle

Theologique» han muerto en Francia; en Alemania, los teólogos son más técnicos

que teólogos. El panorama, con ser positivo, no es optimista.

—España ha contado siempre con una tradición teológica notable. ¿Dónde están Jos

semilleros de teólogos españoles para el siglo próximo?

—Yo diría que nuestros teólogos españoles están más en contacto con la realidad

que en etapas anteriores. Pero con la misma sinceridad tendría que añadir que

hay más esfuerzo que realidades. Es una tarea muy difícil, y lógicamente abunda

más el teólogo técnico que el teólogo con garra. Hoy no puede hablarse de una

escuela española teológica; pero nada nos impide esperar una etapa más intensa.

—Luego está el tema de las Facultades de Teología, donde se produce un doble

hecho: descienden los alumnos que acuden allí para prepararse al sacerdocio y

aumenta el de quienes asisten a ellas desde su condición de laicos.

—En realidad, este fenómeno tiene lugar actualmente en los Estados Unidos, en

los pueblos de había alemana y en ios Países Bajos; en zonas donde se suele

anticipar (a evolución de la Iglesia, a decir de algunos. No es una cuestión

generalizada. Por lo que se refiere a España, los alumnos seglares que estudian

teología son escasos. Claro que alegra saber que cada vez son más numerosos los

seglares que se interesan en nuestro país por estos estudios. Pero en las

actuales circunstancias de la ordenación educacional española el estudio

teológico para el seglar no pasará de ser un ahobby», una dedicación de tiempo

libre. No tiene salida profesional, como en Alemania, por ejemplo, donde una

graduación en teología es requisito indispensable para la enseñanza de la

religión, que suele correr a cargo de seglares.

—Miguel Roca preside la Comisión para la Doctrina de la Fe o sección teológica

de la Conferencia Episcopal, aunque también forma parte de la privilegiada media

docena de prelados de todo ej mundo, que constituye con una docena de cardenales

el consejo supremo de la Congregación para la Doctrina de la fe, en el Vaticano.

A nivel de España, ¿qué trabajo tiene entre manos la Comisión?

—Ahora estudiamos una especie de condiciones esenciales y mínimas para ser

cristianos. En la época de pluralismo teológico que atravesamos conviene poner

en manos de ios creyentes una especie de carta de identidad que reseñe ios

mínimos exigibles a todo miembro de (a Iglesia que quiera considerarse tal.

Hablamos luego de la Iglesia loca! murciana, que ha superado ya la crisis

posconciliar y desemboca lentamente en un panorama de serenidad y trabajo. Y de

la región murciana peculiar ella, ni andaluza, aunque conserve características

de esa región de] mismo modo que reúne ciertas tipificaciones de Levante sin ser

país valenciano. *Esta es una tierra de gentes abiertas, sencillas y emotivas.*

Antonio CASTRO ZAFRA

 

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