Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
   El riesgo es un bunker     
 
 Ya.    04/06/1982.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 2. 

DIARIO DE UN ESPECTADOR

El riesgo es un bunker

La decisión del Partido en el Poder -aunque con el Poder en precario- es la de regresar al origen de su

fundación y perseverar en el "centro-centro" En aquel tiempo, 1977, aparecía la Izquierda que regresaba

del destierro y de la proscripción, y se conformaba la derecha con políticos democratizables del Régimen

anterior. La operación Suárez, que detentaba el Poder y tenía el encargo del cambio hizo deprisa y

corriendo la Unión de Centro Democrático con un abanico de familias o de grupos políticos que

ambicionaban una situación entre la izquierda y la derecha de entonces. Adolfo Suárez no se contentaba

con ser el politico pasajero entre un Régimen u otro Régimen, sino el político beneficiado por un cambio

del que había sido protagonista. Las tres víctimas principales de esta ambición fueron Torcuato Fernández

Miranda, José María de Areilza y Manuel Fraga. El centro de 1977 tuvo el éxito electoral que no tuvo el

centro de Portela Valladares en 1936. La carrera política presidencial de Adolfo Suárez estaba asegurada.

Las dos víctimas siguientes serían sus valedores: Leopoldo Calvo-Sotelo y Alfonso Osorio. Al primero lo

desterró doradamente a Europa; y al segundo lo dejo en la estacada. Los sucesos políticos, de entonces en

adelante, registran la moderación de la izquierda y el consenso de Ucedé con ella hasta la primavera de

1980. A la derecha la entiende como la pieza maltratada y necesaria para configurarse en progresismo y

en reformismo, frente al concepto no rentable de una denominación -la derecha- que entiende como

anacrónica y desacreditada. El centro se plantea entre dos supuestos excesos: el socialismo marxista, y la

derecha inmovilista o conservadora. Lo que ocurre unos años más tarde es que el socialismo es social

democrático, es moderado, a la usanza europea; y la derecha la dirigía el inventor moderno del centrismo,

Manuel Fraga, metiendo en el mismo cesto, conservadurismo a la inglesa, liberalismo a la alemana y

reformisme gaullista, a la francesa. El centrismo se agotaba desde 1980 en adelante. Paralelamente a todo

esto empezaba a producirse el corrimiento del electorado hacia sus horizontes auténticos: el progresismo,

o la socialdemocracia de Ucedé se iba hacia el socialismo; y el conservadurismo y el liberalismo se

orientaban hacia la derecha. Los exponentes personales eran éstos: Ordoñez se dirigía al camino de

Felipe; y Herrero de Miñón y Ricardo de la Cierva se encaminaban hacia Fraga. En las elecciones de

Galicia y de Andalucía las cosas quedaban muy claras. El centro-centro ya no tenía razón de ser como en

sus orígenes; era un anacronismo al que se aferraban los intereses y los protagonismos de los que temían

por su suerte en esta recomposición de los espacios y convertían el fondo de su naufragio en una

escollera. Aparecían en 1982 el centro-izquierda y el centro-derecha que era ese gran bipartidis

mo real -y todavía no oficial- en que se divide el electorado español, o la soberanía nacional. O lo que

es lo mismo: es la alternativa, felizmente, de dos grandes moderaciones como solución final y positiva a

los antagonismos irreconciliables de las dos Españas. Contra esta gran esperanza nacional conspira ahora

mismo el llamado centro-centro. La batalla interior de Ucedé está siendo hasta ahora cruelmente

silenciosa. El Suarecismo levanta su cabeza y se propone reconquistar el Partido del brazo de Martín Villa

y mediante la purga de liberales y de democristianos. Estas son mis noticias. La reconstrucción de Ucedé

-se ha pensado- empieza por el Partido, puesto que el Gobierno es siempre la consecuencia, o la obra

de un Partido. Leopoldo Calvo-Sotelo tendría -por el momento- la exclusiva responsabilidad del

Gobierno hasta la disolución de las Cortes Generales. Loe barones fundadores y selectos del Partido

confeccionarían las candidaturas, fijarían el rumbo, llevarían a cabo las renovaciones, y el protagonismo

volvería a estar en la organización y en el liderazgo. Ni cambio de signo, ni alianzas. Los liberales a sus

nubes, y Fraga al infierno. Antes que un centro-derecha se prefiere un centro-centro fuera del Poder, o en

la Oposición. Y en el caso de que sucediera lo de Andalucía a nivel nacional, aunque no fuera apabullante

para gobernar en solitario los socialistas, asumirían con gozo el papel de bisagras. El bisagrismo no es

otra cosa que poder en espacios reducidos. Los socialistas, con evidente talento político, tienen ya

preparados los pesebres para bisagristas necesitados. La gran operación socialista ha consistido en la

voladura de Ucedé en Andalucía, y ahora la voladura del centro-derecha.

José Ramón Lasuen, en su libro «La España mediocrática», dice «que los Partidos políticos no tienen un

valor absoluto, sino instrumental. El país no está a su servicio, sino ellos al de él». El protagonismo actual

de los Partidos políticos es el más fuerte de todas nuestras experiencias democráticas. El país se subordina

al Partido. Nos orientamos hacia el subdesarrollo económico y estamos perdiendo todos los trenes. La

respuesta no es la de encasillarse en los Partidos, en sus formas actuales, cuando éstos, con sus

comportamientos, no fueran útiles. Su reforma no es otra que ponerlos en disposición de ser útiles a los

graves problemas nacionales. El voto útil de la izquierda y del progresismo a los socialista en Andalucía

es un indicio de la población que aspira a soluciones. El voto útil de la derecha democrática podría ser

otra aportación valiosa. No es de recibo la transformación de un Partido en un bunker, por lealtad, o por

interés, a las meras ruinas de una fundación.

Emilio ROMERO

 

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