Autor: Castro Zafra, Antonio. 
   La Iglesia y la información     
 
 Arriba.    13/11/1977.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LA IGLESIA Y LA INFORMACIÓN

£1 presidente de ¡a Conferencia Episcopal cárdena! Taran´ con ha acusado

reiteradamente a los medios informativos de haber ignorado e! Sínodo de los

Obispos, celebrado en Roma. Esta acusación no puede referirse a nuestro

periódico, que tuvo aiii su enviado especia!. Es, sin embargo, una buena

oportunidad para una aproximación a ciertos anacronismos de las estructuras

informativas de la Iglesia.

El Sínodo de los Obispos ha sido la última oportunidad desperdiciada por la

Iglesia, para poner en circulación un panorama sugestivo y atrayenfe.

Trescientos periodistas habíamos acudido al Vaticano, cumplidos los trámites

burocráticos de la acreditación, para escuchar que no tendríamos acceso af aula.

Las intervenciones, resumidas, podríamos saberlas en unas miniruedas de Prensa,

por grupos lingüísticos, cada mediodía. (El texto de las intervenciones más

interesantes era posible adquirirlo luego, a través de un aburrido proceso de

*lo tienen, no lo tienes*; ¿espera, mira, calla*, y fotocopias al canto}.

Dé modo que disponíamos allí de una sala de Prensa enorme, con ciertas

facilidades. Por ejemplo, a base de paciencia, era posible utilizar una máqufna

de escribir, naturalmente con tecledo Italiano; el télex y eí teléfono

funcionaban mes adecuadamente, y el servicio >fe. boletines fnformstlvos, que

ofrecía resúmenes de ¡as intervenciones, no circulaba con mucho retraso si tino

entendía bien el italiano. Esta estructuré, digamos normal, hubiera bastado para

salir de! paso si en su último tramo, el que nos llegaba, hubiera transportado

una mercancía útil y sugerenfe. Pero no era así. V, aunque pueda Investigarse

aquí una cierta responsabilidad de los hombres puestos el frente de ¡os grupos,

serla preciso localizar ese fallo donde estaba, al comienzo del proceso: en ¡a

propia aula sinodal.

El Sínodo de ios Obispos ha sido ignorado por gran parte de la Prensa, porque,

informativamente, careció efe valor. El propio cardenal Tarancón hubo de

reconocer que sí alguien quería enterarse de lo que sucedía en el aula sinodal,

leyendo el diario *L´Osservatore Romano*, no lo conseguiría, y que hasta él

mismo dio más de una cabezada, porque las sesiones resultaban a veces

soporíferas. Aparte el hecha tí e que e¡ Sínodo comienza por encontrarse una

Prensa cansada ya de lo religioso, por la cuestión previa sobre la dimisión del

Papa a los ochenta años, la verdad es que los padres sinodales se-enceramaron

rápidamente en Is parra: se impuso la abstracción, ¡a gimnasia intelectual. £¡

tema ~Ia educación en ¡a fe— SB prestaba e ello, y el idioma obligatorio en el

aula sinodal, el latín, hizo el resto. Recordemos que ia lengua latina tiende

inevitablemente hacia la ampulosidad, y que esta inclinación es mucho mayor,

cuando quien utiliza e¡ ¡atín es un clérigo: un hombre que ha estudiado tres

años de filosofía y cuatro de Teología en latín, y que dispone, por lo mismo, de

un amplísimo vocabulario abstracto, académico y escolástico. Pero que

probablemente es incapaz de decir en fstín algo concreto, por ejemplo, *jvaya

gol!´.

Cuando el periodista intentaba cada tarde trasvasar aquella Información a los

moldes de una crónica, comprobaba, penosamente, que se le evaporaba todo. La

información sinodal sonaba a hueco. Y ¡a fragilidad de los datos que alü se

manejaban era tai que crónicas «cantadas», como la ´que esperábamos escribir,

una vez escuchado e! informe sobre *el panorama de la,-Iglesia», se convirtieron

en auténticos desafios y hubo que sudar para componer un texto de doscientas

palabras; porque el «panorama* era una sarta.de generalidades.

De modo que cuando (os obispos repetían en el aula que la ¡aventad o la sociedad

tenían ´hambre de Dios*, y cosas así, los periodistas pensábamos que continuaban

patinando sobre aquellos elevados, etéreos y lejanos campos ds la abstracción:

que no sabían una palabra de la vida. Muy pocos plantearon la necesidad de salir

al encuentro de la gente alelada, y la pregunta del padre Arrupe, a propósito de

la catcquesis parroquia!—*¿0t/é pasa con el otro 90 por 100?»—, no parece que

quitara el´sueño. Los obispos siguen pensando que iodo es noticia en la Iglesia:

se resisten a entender que el hecho religioso pierde Interés aceleradamente. Y

no quieren advertir que la Iglesia necesita vitalmente los medios de

comunicación social.

Convocarlos para no informar, es un fraude:

Como botón {fe muestra de la apatía de la iglesia hacia la Información, en

España, citaremos hoy un dato: la ausencia de programes religiosos en Radio

Nacional y en Televisión Española.

A poco que se conozca la situación de nuestro país, esa falta de programas

religiosos no puede ser atribuida en absoluto a los directivos de Radio Nacional

o Televisión Española; la responsabilidad cae sobre la comisión correspondiente

del Episcopado —Medios de Comunicación Social—, que no negocia las

programaciones y deja pasar el tiempo, sin prisas.

Aunque muchos obispos no lo crean. Iglesia e información en general,-*no se

llevan bien*.

Antonío CASTRO ZAFRA

 

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