"El poder político tendrá siempre la tentación de apoderarse de la escuela"  :   
 Carta cristiana del cardenal Tarancón. 
 Ya.    12/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 18. 

"El poder político leñará siempre le tentación de apoderarse de la escuela"

"En un régimen democrático, fo que tiene verdadera importancia es el pueblo, al

que debe representar y respetar el Gobierno" • El Gobierno tiene el deber

ineludible de organizar •I sistema educativo respetando el derecho de los padres

en todo lo que se refiere a Ja educación de sus hijos"

CARTA CRISTIANA DEL CARDENAL TARANCON

Sobre el tema "¿Quién decide 91 sistema de enseñanza?", el cardenal Tarancón

publica esta «emana en "Iglesia en Madrid" su séptima carta de la serle sobre

"La educación en una sociedad democrática". He aquí »1 texto íntegro:

"¡Quién puede imponer el modelo educativo que haya de Inspirar el sistema de

enseñanza?

Es ésta una cuestión Importante —mejor diría decisiva—que es necesario resolver

con acierto para juzgar de los distintos planes de educación que se proponen en

los distintos regímenes políticos.

Porque es evidente que el poder político tendrá siempre la tentación de

apoderarse de la escuela, esto es, de formar a los niños según gu propia

Ideología, para asegurar su futuro. Bien sabemos que regímenes totalitarios—

dictaduras personales o de grupo—exigen un compromiso .ideológico y político a

los educadores y llegan incluso a reformar, según sus peculiares ideologías,

algunos libros de texto.

Y para nadie es un secreto además que los partidos políticos fuertemente

"ideologizados"—con un sentido concreto de la vida y de la naturaleza del

hombre— pretenden apoyarse en la enseñanza porque la consideran como el gran

medio para lograr su objetivo.

No es extraño,- por lo tanto, que el problema de la enseñanza, mejor dicho, de

la educación, sea casi siempre el campo de batalla en el qué se enfrentan las

distintas fuerzas políticas.

DICTADURA Y DEMOCRACIA: DOS COMPORTAMIENTOS ANTE LA ENSEÑANZA

Es lógico, en cierta manera, que un régimen dictatorial quiera tener en sus

manos los resortes de la cultura y de la educación para evitar que la libertad

interior de los subditos, que se fomenta por esos medios, pueda minar su

autoridad y hacer cada día más difícil su gobierno.

Pero ¿puede aceptarse ese modo de proceder en un Estado que se asiente sobre

bases democráticas? ¿Puede fijar el Estado por cuenta propio el modelo educativo

en una sociedad democrática? ¿O pueda éste cambiar sustancialmente según el

criterio alternante de los equipos de gobierno, ya que una de las

características esenciales de toda democracia es el cambio de los equipos

gobernantes según el resultado de las elecciones?

En,un régimen democrático, lo que tiene verdadera importancia e» el pueblo: IB

sociedad, a la que debe representar y respetar el Gobierno. La autoridad debe

limitarse a reconocer la tabla de valores que acepte la sociedad y las creencias

del cuerpo social. Debe respetar la cultura propia del pueblo—fruto, en gran

parte, de su historia—y procurar el desarrollo y el progreso de esa sociedad a

la que representa y en cuyo nombre actúa.

EL DEBER DEL GOBIERNO

El Gobierno tiene el deber Ineludible de organizar el sistema educativo

respetando no sólo la libertad religiosa de todos los ciudadanos, sino el

derecho de los padres en todo lo que se/ refiera a la educación de sus hijos. Es

ésta una exigencia ineludible de una auténtica democracia. Por eso, "en lo que

atañe a los niños y a los adolescentes corresponde a sus padres el derecho y el

deber de señalar a los poderes públicos y a los educadores el tipo de enseñanza

que desean para sus hijos".

Un equipo gobernante que contase con la mayoría de los votos podría crearse con

el derecho de imponer su propio modelo educativo. Pero ¿tiene derecho un

gobierno democrático, aunque sea mayoritario, a violentar la conciencia d esus

subditos imponiendo Una concepción del hombre y de la vida que algunos o muchos,

*o quizás la mayoría, no aceptan?

Porque no siempre se descubren claramente las intenciones en este campo cuando

sa hace propaganda política. Con los nombres de igualdad, de libertad, de

democracia, pueden fácilmente desorientar a muchos de ios electores. Y nunca se

puede atentar, en un régimen ´democrático, contra los derechos inalienables de

la persona o de los grupos sociales.

LA EXPERIENCIA DE OTROS PAÍSES

Los obispos, en nuestro comunicado, constatábamos un hedió que es por de nás

elocuente y que deberían tener en cuenta todos los que se preocupan de este

problema: "En la mayor parte de los países de nuestra tradición cultural y

religiosa se han arbitrado fórmulas de organización del sistema educativo

respetuosas con la libertad religiosa de todos los ciudadanos y que, por ello

mismo, garantizan a los padres cristianos la formación moral y religiosa, de sus

hijos según las enseñanzas de su comunidad religiosa como materia ordinaria y

común de la enseñanza general."

La experiencia democrática de esos países les ha he«ho encontrar una fórmula

adecuada. Es lo que debemos intentar nosotros si .en verdad queremos que se

consolide la democracia ea nuestro pueblo."

 

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