Autor: Castro Zafra, Antonio. 
 La nueva Iglesia. Entrevista a Felipe Fernández García, obispo de Ávila. 
 Rechazo el marxismo en nombre del hombre     
 
 Arriba.     Páginas: 5. Párrafos: 63. 

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la nueva IGLESIA

ENTREVISTA A FELIPE FERNANDEZ GARCÍA, OBISPO DE AVILA

UN ser distinto y extraño, eso es la nueva Iglesia´ que comienza a existir entre

nosotros, fatigosamente. Todo es diferente en ella, y basta los rasgos

del Dios que ahora nos ofrece han perdido aquella tradicional dureza y

severidad para esbozar un perfil bondadoso. Los anatemas han sido bloqueados,

lis excomuniones.

retiradas del uso y una especie de desarme cívico comienza a sobre la legión de

sacerdotes, religiosos, monjas y prelados, que constituyen la antiguo ´milicia

de Cristo*, Ya no hay apartheid* religioso y todos los hombres son iguales.

Esta serie, cuyo prólogo fue la entrevista a monseñor Estepa catequesis).

cardenal Jaraneen (Iglesia), arzobispo de Zaragoza. Yanes (enñanza de religión),

Miguel ñoca (teología política), Bernardo Herráez. Rubio. gerente del

Episcopado, es una laboriosa expedición al centro mismo de esa nueva Iglesia en

España. Como en el caso del eurocomunismo. también es licito preguntarse aqui si

esa nueva Iglesia no es una estrategia, un puro montaje táctico y por ¡o mismo

provisional.

Nos proponemos abordar a los líderes de esa nueva Iglesia durante varias

semanas. Y que nuestros lectores juzguen su autenticidad.

RECHAZO EL MAR

EN NOMBRE DEL

Los años sesenta marcan en España le presencia de una generación de obispos cuyo

lema es la sencillez.

Ni oros pectorales ni sotanas moradas, ni tratamientos ampulosos: utilizan

transportes públicos y coches utilitarios, carecen de escudos de armas y de

escolta clerical. Resulta difícil identificarlos a primera vista, con sus trajes

grises o negros, y la muceta blanca al cuello. Son los obispos de a pie.

Uno de ellos es

Felipe Fernández García,

el obispo más joven de España

cuarenta y dos años, titular

de Avila, donde vive en una

casa de vecinos

de la calle Eduardo Marquina, 27,

piso segundo, letra C.

(*El primer día que vine a vivir aquí fui llamando a la puerta de cada piso para

saludar a los vecinos y ofrecerme a ellos.») Es fácil imaginar la escena: Suena

el timbre de la puerta.

•Niña, abre, que llaman*.

•¡Mamá, el obispo!»

El soponcio inicial

era reemplazado

muy pronto por (a curiosidad

primero y el afectuoso

respeto después

hacia aquel hombre

con traje gris y aire

desamparado,

solitario y sencillo,

con el que se Iban

a encontrar diariamente

en las escaleras,

y que repite al estilo leonés,

"Servidor».

Todavía un dato-

El nuevo talante episcopal no nace en España por generación espontánea, sino que

es la última síntesis de una renuncia al poder iniciada la década anterior.

El resultado es que comienzan

a apagarse aquellos

deslumbrantes

resplandores

que iluminaban noche y día

el trono episcopal,

mientras que se extiende

rápidamente

el convencimiento

de que ni los niños vienen

de París, ni los obispos

descienden en persona

del paraíso.

RELATO INÉDITO

UN CURA SE ENTERA QUE VA

A SER OBISPO, PERO TODAVÍA

NO PUEDE DECIRLO

—En realidad, nunca llegué a saber exactamente quién dio mi nombre para la lista

de candidatos a obispo. El caso es que yo aparecía en la lista, aunque no lo

supe hasta mediodía del lunes 16 de agosto de 1976.

De un tiempo atrás estábamos sin obispo en Plasencia, y yo ejercía de Vicario de

Pastoral. El trabajo era muy intenso y sólo cuando llegó el verano pude atender

varios compromisos de tandas de ejercicios espirituales y cursillos. Pero le

había prometido a mi madre que acudiría al pueblo —San Pe. dro de Trones— para

la Virgen de agosto y allí estaba yo aquel fin de semana, el sábado 14, cuando

sonó el teléfono. Era una conferencia de Madrid y se oía franca, mente mal. «Sí,

Felipe Fernández, servidor. ¿De la Nunciatura? ¿Que vaya urgente?» A grito

pelado les dije que estaba solo en el pueblo—el cura se había ido a descansar,

cuando llegué— .y aue tenía que decir la misa del domingo. «¿El lunes? ¿Que vaya

el lunes?». Total, que cuando colgué el teléfono me topé con mi madre, aue me

contemplaba en léñelo y gozosa. Tengo que decir aquí/que somos cinco hermanos

sacerdotes, pero nue mi madre estaba persuadida de que su último hijo, yo,

llegaría a obispo. De modo que aunque traté de convencería de que aquella

llamada carecía de importancia, no se to creyó. Ni yo. Desde la tarde del sábado

hasta las doce del lunes siguiente tuve tiempo de pensar y hacer conjeturas,

porque natural, mente no me habían dicho una sola" palabra sobre el motivo de

aaueda¡insólita cita. Por "muchas vueltas que le daba al asunto sólo encontraba

dos razones. Una, que me llamaban para que tes facilitase determinados informes

sobre la diócesis de Pía. senda, aún sin obispo. Y la otra que —como creía mi

madre— me iban a hacer obispo. No parecía lógica otra alternativa. El peso de la

segunda rozón, yo obispo, me Intranquilizaba profunda, mente, aero la oersuasión

de que de producirse esto —que. la verdad, lo veía casi

imposible— sería para ir de auxiliar con algún obispo experimentado me apuntaba

a estar algo más tranquilo.

El Nuncio comenzó preguntándose datos de varias diócesis y, por último, sobre

Avila. Y entonces me dijo: «¿Aceptaría usted ser obispo de Avila?» Me quedé

helado. Yo jamás había movido un dedo por pedir algo para mí y marchar solo a

una diócesis me parecía extraordinariamente superior a mis fuerzas. Así que le

dije al Nuncio: «Pero ustedes han pensado bien este asunto antes de preguntarme

si acepto?» Me respondió que sí. «Entonces yo no tengo razones para decirle que

no», le contesté. Cuando hube aceptado, el Nuncio me explicó que aquello no

quería decir, al cien por den, que iba a ser obispo de Avila. Se trataba de que

iban a proponer mi nombre a Roma, y lo más probable es que lo aceptaran. Pero

que todo era simple hipótesis aún. Le dije que no se preocupara, que si decían

que no lo aceptaría con tranquilidad. Además, nadie lo iba a saber.

Regresé a casa achacando a un tema sin mayor importando la entrevista, además de

que todo aquello de «ni. pótesis» y «no seguro» echaba bastante agua al asunto.

Por lo que he sabido después, desde el momento en que toman nota de üh nombre

para obispo envían diversas cartas . interrogatorio -informe a personas que co.

nocen al candidato, obligándoles bajo severas penas a mantener el secreto de su

informe. Superado este tramite, y obtenido el consentimiento del candidato, el

expediente es enviado a Roma, a una comisión de obispos que examinan

cuidadosamente todo; ademas, creo que Pablo VI controla esto muy personalmente y

no firma por ti anille. Pues bien, ese camino Hevaban entonces mis papeles, en

la segunda quincena de agosto. Además, yo iba a ser el primer obispo que era

nombrado según el nuevo protocolo acordado tras la renuncia del Rey al derecho

de presentación.

El 6 de octubre, «el padre

Tal» llamó por teléfono a la casa de Plasencia, donde yo vivía con otros tres

sacerdotes. Me habló en clave, para decirme, «ya ha llegado eso, lo que

esperábamos». «¿Cuándo puede usted venir a firmar? ¿Mañana?» Al dia siguiente,

fiesta de la Virgen del Rosario, le dije a mis tres compañeros que me iba «a ver

a un cura», cosa que acostumbraba a hacer por mi cargo de vicario, y viajé a

Madrid. En la Nunciatura firmé una especie de «entera, do», en el que poco más o

menos decía que «habiendo sido informado de mi nombramiento para la sede de

Avila manifestaba mi disponibilidad y libertad absoluta para aceptar. ¿I Nuncio

me advirtió que debería mantener secreto absoluto todavía durante quince días.

Esas dos semanas son las que se conceden al Gobierno por si tiene que formular

algún reparo sobre el nombramiento,

«quedando libre la Iglesia de aceptar o no el reparo de las autoridades

civiles». ¿Podía decírselo por lo menos a mi madre? No. Los familiares revelan a

veces el secreto Involuntariamente, y había casos en que por la imprudencia sin

molida de un familiar se había suspendido el nombramiento de un obispo. Hasta

las doce del mediodía del 23 de octubre, secreto total. Aquellas dos sema, nos

me dieron varias ocasiones de sobresalto y de regocijo, como cuando en una

reunión de curas afirmaron que Elias Yones venía, seguro -seguro, de obispo de

Avila. Me llevé un buen, susto con dos chicas que se me acercaron preguntando

«si podian saludar al nuevo obispo de Avila». Me quede de piedra, pero pronto vi

que era una broma y que no sabían una palabra. El 23 llamé a un tío mío, cura de

Plasencia, para que viniese a mi casa a las doce, porque quería hablar con él.

Pedí una conferencia con mi pueblo para esa hora. Cuando llegó mi tío, a las

doce, estaba yo al teléfono y. le hice señas de que escuchara lo que iba a decir

en aquel momento: «Madre, el Papa me ha nombrado obispo dé Avila».

ENTREVISTA CON EL OBISPO DE AVILA

Hoy se entra a pie llano y casi sin protocolo para visitar a tos hombres de

autoridad y poder; los únicos obstáculos son tal vez ahora tos cordones de

seguridad en ciertos casos. Al parecer, los obispos no son ajenos a estas nuevas

formas sociales.

—La jerarquía eclesiástica ha estado afectada por tos modos mundanos, pero ahora

se Impone una vuelta al Evangelio. Los obispos no somos «príncipes de este

mundo», ni en el evangelio es posible encontrar una Invitación al prestigio y al

autoritarismo. De modo que los obispos y la Iglesia entera se plantea hoy con

más conciencia que en otras épocas la tarea de redescubrir su misión a la luz

del evangelio. La función del obispo bajo esa luz es la del apóstol, es decir,

la del testigo de Jesús; eun creyente que vive la Buena Nueva del Reino y la

anuncia a los demás».

—Sin embargo, y hablando con algunos obispos, he captado un cierto sentido de

privilegio en cuanto que ellos se sienten llamados, digamos, «para mantener el

orden jerárquico en la Iglesia».

—Probablemente está usted confundido. El obispo no es un guardián del orden

jerárquico. El obispo es un hombre que nace de Jesús a través de quienes Dios ha

puesto al servicio de la Iglesia, y recibe el Evangelio para proclamarlo no por

vía de autoridad, sino por vía de servicio.

Si se olvida uno de que está hoy delante de un obispo —y esto es relativamente

fácil, porque ninguna señal extema en su vestimenta advierte su categoría—, la

conversación circula con facilidad. Sin embargo, ciertos sobresaltos parecen

inevitables, por to menos ahora, al principio. De otra parte, la diócesis de

Avila ocupa uno de los últimos puestos en la clasificación de renta «per cápita»

nacional. Me pregunto entonces si este talante, esta forma de presentación del

obispo de Avila no le crea a veces algún problema, por el apego de las gentes a

tos símbolos externos y su falta de costumbre en prescindir de colores» de

autoridad.

—Al principio, sí. Acostumbro a coger el coche y visitar sin aviso previo alguna

parroquia de aldea. Más de una vez me encontré al párroco desconcertado por mi

visita. «¿Pero ha venido usted soto en ese cochecillo?», me preguntaba sin

ocultar del todo su asombro, y si me apura un cierto escándalo. «¡En ese coche

utilitario, y sin banderín, ni escudo, ni nodo! ¡Ademas, sin sotana! ¿Cómo le

digo yo ahora a esta gente que usted es el obispo?». Churo que mi relación con

tos curas y mis diocesanos ha cambiado sustancialmente desde entonces. Avila

tiene más de doscientos núcleos rurales, aldeas hasta de treinta vecinos, por to

que es posible que pueda estrecharte ta mano a todos, y hasta intentar

establecer una relación personal con cada uno de mis diocesanos.

—Metidos ya en la harina de las

relaciones del obispo, ¿cómo se realizan esos contactos en los diversos planos?;

la Conferencia Episcopal, fa archidiócesis, y luego, ya aquí, los curas y tos

creyentes.

—A nivel de Conferencia Episcopal soto tengo una experiencia: la del pleno que

se celebró en junio. Fue el primero al que asistí, y queda todo dicho

anticipándole que ahora cuento tos días que faltan pora la plenaria que se

celebrará dentro de unos días. Voy muy a gusto, y escucho muchas cosas que me

vienen muy bien; allí uno se forma. La plenaria de la CE es una especie de

cursillo de formación para obispos. Por lo demás, el clima es el normal de un

grupo de familia que se reúne. Las otras reuniones, tas que celebro con tos

obispos de la archidiócesis de Valladolid, a ta que pertenece Avila, son más

frecuentes. Desde que soy obispo, hace un año, hemos tenido medio docena de esas

reuniones, que duran de la mañana a la noche. Es-

• EN II EVANGELIO NO HAY INVITACIÓN ALGUNA AL AUTORITARISMO

EN CADA TRASLADO DE CURA PROCURO BUSCAR SIEMPRE SU CONSENTIMIENTO PERSONAL

• LA MISIÓN DE UN OBISPO EN EL CAMPO POLÍTICO

ES AYUDAR A DESCUBRIRLA IMPORTANCIA CRISTIANA QUE TIENE LA

POLÍTICA COMO SERVICIO AL PRÓJIMO

m SEMBRAR FE

ES SEMBRAR VALORES DE

PROFUNDA

REPERCUSIÓN POLÍTICA

• EN ADELANTA

LOS CRISTIANOS TENDRÁN QUE MOVERSE EN LA POLÍTICA NO POR CONSIGNAS DE LA IGLESIA

-QUE NO LAS VA A DARSINO POR AUTENTICA FE

M LA IGLESIA ESPAÑOLA DEBE RESPETAR SIN AMBIGÜEDADES, LA LEGITIMA OPCIÓN

POLÍTICA DE LOS CRISTIANOS

tas son jomadas muy sobrecargadas de trabajo, porque lo agenda siempre abarca

mas de lo que podemos hacer. Naturalmente, (as relaciones con mis sacerdotes (as

cuido también mucho. Aparte que el obispo no puede apacentar sin ellos su

diócesis, y de que son la prolongación de mi ministerio, procuro darme cuenta de

que ellos también son personas a ios que está enviado el obispo, y me Intereso

por sus situaciones personales, cómo viven, si tienen o no familia,

profundizando en estos extremos. Por ejemplo, he procurado de manera especial

también, por las circunstancias que vfve el país, ayudarles o estar preparados

para afrontar la situación política española.

—Uno de los mejores (test» para valorar la relación obispo-cura puede ser el

capítulo de traslados y de nombramientos. Hace unas décadas vivió en Granada un

arzobispo que, un día determinado de septiembre —tos nombramientos y traslados

suelen hacerse en ese mes para ios curas— se encerraba con su sotana y capa

morada en uno habitación donde había sido colocado un gran mapa de la

archidiócesis. en el que aparecían banderitas sujetas con alfileres, con los

nombres de los párrocos y coadjutores clavados sobre sus respectivos pueblos.

Entonces el arzobispo, durante varías horas, celebraba una especie de danza de

tos alfileres, desclavaba y clavaba en otro sitio, corregía, y finalmente

abandonaba la habitación haciendo un gesto al salir que sus secretarios

interpretaban como: Señores. ¡ahí queda eso!» Sin ir más lejos, en Madrid,

todavía hoy el procedimiento más usual

es la carta. ¿Cómo es en Avila, con un «obispo de a pie»?

—Fundamentalmente, estudio cada problema con coda uno de ellos. Este año ha stdo

la primera vez que he firmado traslados y cambios, efectivamente, en el mes de

septiembre. Procuro buscar «I consentimiento personal del interesado, aunque a

veces el traslado exije un sacrificio, pero se le explican entonces las razones

para que asuma el sacrificio, en libertad. Puedo decirle que me he encontrado un

grado de aceptación plena por parte de los sacerdotes. Ai saber cada uno de

ellos e! porqué del traslado, cómo he llegado a esa conclusión y que no hay la

más leve sombra de autoritarismo, aceptan sin reservas la decisión que les

propongo. Otra cosa puede ser las comunidades parroquiales, que se resisten en

ocasiones a aceptar que se mar che un sacerdote con e| que han convivido y al

que quieren. Por ejemplo, ahora tengo un caso que resolver, y viajaré uno de

estos días a ese pueblo, para reunirme con ellos y explisarles por qué tengo que

trasladar a sus dos curas. Son dos sacerdotes ejemplares, pero no acaban de

llevarse bien entre ellos, porque tienen caracteres distintos —como Pablo y

Bernabé taaibopo hacían buenas migas—, y ¿qué necesidad hay de amargarse la

vida, de sufrir también por esto? En estas ocasiones es preferible, para mí,

explicar el asunto a las gentes y recibir las comisiones que vienen con sus

pliegos de firmas y sus razones a defender, conmovedoramente, a su sacerdote

contra una decisión que creen equivocada. Les escucho, hablamos, y al final,

cuando ven que e| obispo no ha obrado por capricho, acatan y aceptan la decisión

que tes propongo.

—El objeto de estas entrevistas es intentar explicar un hecho que se está

produciendo en la sociedad española, el nacimiento de una Nueva Iglesia. Hoy

toca el turno a los obispos como tales. ¿Qué es to que da unidad interior a los

obispos de esta Nueva Iglesia? ¿Qué es este obispo «a pie»?

—E| obispo es un hombre que ha visto a Jesús, que ha sentido la luz y la verdad

que nos viene de Jesús, y da testimonio en la sociedad de todo ello. Es un

hombre religioso, un creyente hondamente persuadido. Lo que me da unidad es el

hecho de sentirme testigo y saber que estoy asistido por el Espíritu Santo. La

misión que tenga que realizar cada día es total y absolutamente desproporcionada

para mis fuerzas, y algo semejante dirán todos mis hermanos del episcopado. Pero

estoy asistido y seguro mientras sepa cuáles son mis raíces.

—La falta de sotana morada, e Incluso de sotana, pues prefiere el traje gris con

alzacuellos btancu y de vistoso pectoral, {a ausencia misma de una guardia

pretoriana que imponga protocolo, ¿se puede interpretar también como uno especie

de «sicología de asalto», tipo Dalie Camegie?

—Cuando se hizo publico mi nombramiento, una casa especializada en el tema se

puso en contacto conmigo y me pidió que te diera los datos para hacerme mi

escudo, con su leyendo abajo. Procurando no molestarles, me opuse a mantener

una. tradición que coda vez tiene menos sentido. Mi escudo, mi lema, mi trabajo

y mi ministerio es el Evangelio, y basta. Un apóstol de Jesús. ¿Hace falta para

ser «so un escudo, o una sotana morada? Lo de la so-

ENTREVISTA CON EL OBISPO DE AVILA

taño tiene gracia, porque el sastre, cuando me tomaba las medidas para hacerme

un par de sotanas porque me habían nombrado obispo, se negó en redondo a

obedecerme cuándo le sugerí que nada de sotanas moradas. «SI le han nombrado

obispo tiene que hacerse una sotana morada. Obligatorio. SI no es como si no

fuera obispo.» Me la hice, y nunca me la he puesto ni creo que me la pondré. Es

decir, mis actitudes son inductivas en este punto: arranco de una postura

mental, el Evangelio, para llegar a unas conclusiones. Naturalmente, considero

tuera de lugar cualquier argumento de tipo «sicológico», que sólo podría

explicarse por unas motivaciones ajenas por completo al Evangelio.

—Saludos en la calle aparte, el obispo de Avila se relaciona con sus diocesanos

mediante frecuentes visitas a los núcleos urbanos y rurales. Allí, además de

celebraciones de la fe. mantiene unas catcquesis con los diversos grupos de

gentes, según Jas edades. ¿Cómo les habla?

—Por ejemplo, suelo celebrar la misa y saludar a todos, antes o después. Sólo

acostumbro a visitar las casas de los enfermos. Y al final del día me reúno en

la iglesia con las personas mayores —antes lo hago con los jóvenes—, y allí les

lanzo unas preguntas escalonadas, y hablamos. Con los adultos suelo comenzar:

«¿Es más difícil hoy ser cristiano o es más fácil que antes?». Después: «¿Es

posible ser cristiano hoy, o no?». Allí les explico cómo no nos apoyamos ni en

la cultura, ni en la política, ni en la economía, sino en Jesús, para ser buenos

cristianos. Y terminamos buscando respuestas a otra pregunta: «¿Cómo se puede

ser un buen cristiano hoy?». Les explico, en resumen, que Jesús no nos llama al

miedo, sino a la fe. Insisto mucho en que valoren tas celebraciones de la fe.

Hay mucha gente despistado que a fuerza de oír decir «ser cristiano no consiste

en ir a misa, sino en ser honrado», ya no va a misa. Pero ser cristiano

«también» consiste en ir a misa. Al dejar de participar en esas celebraciones

pierden sintonía, y la vida se hace más secularizada.

—El obispo de Avila parece un hombre optimista.

—Todos tos cristianos debemos serio: tenemos que manifestamos salvados.

—En toda sociedad, y también en la española, por lo tanto, hay unas grandes

líneas de fuerza que caracterizan la época. Parece que la política es una de

ellas.

—Creo que si. Y el papel de un obispo ante una situación como la de nuestro país

es. a mi juicio, sembrar fe. La siembra de la fe es también la siembra de unos

valores que tienen profundas repercusiones políticas. Ante la inflación política

de partidos que padecemos hoy. estamos menospreciando la importancia que tiene

el Evangelio, no sólo para quien lo acoge, sino para la vida de los pueblos. Más

allá de todos tos

«pactos», ¿no estamos necesitados de una vuelta a los valores evangélicos de

solidaridad, de justicia, por ejemplo, asumir equitativamente los costos de uno

crisis económica, honradez? Un pueblo que pierde este suelo de hombre se queda

en puro pragmatismo, pierde quizá lo más serio e importante que tiene.

—Históricamente, la misión de un obispo ante la política ha querido ser

instrumentalizada por todo el arco constitucional de los partidos. Sin embargo,

parece que se acabó la misión participativa» y directa del obispo en la

política.

—La misión de un obispo en este campo de la política es ayudar a descubrir la

importancia cristiana que tiene la política como servicio al prójimo. Ayudar a

los cristianos a descubrir una sociedad, también cristiana, de servicio, y

alentarlos y estimularlos con actitudes cristianas en esa vida política. Por

ejemplo, ayudar a los cristianos a adquirir criterios de

es uno de los mayores expertos en marxismo y cristianismo del episcopado

español. Doctorado en Ciencias Sociales por la Universidad Gregoriana de Roma —

carece de grados académicos en derecho canónico, lo que no deja de ser un dato

significativo, pues los estudios jurídicos superiores han sido, durante mucho

tiempo, «conditio sine qua non» para el episcopado— ha leído tas obras completas

de Marx y su especialidad tiene que ver con este filósofo, creador del marxismo.

—Capté la fuerza enorme que tiene el marxismo, lo estudié a fondo, y he llegado

a la conclusión de que es una doctrina que, junto a elementos muy valiosos,

tiene lagunas muy serías, por lo que es preciso Situarse ante ella desde una

postura crítica que ni condene todo ni bendiga todo tampoco.

—Sería interesante que el obispo analizara las diferentes opciones que el

marxismo ofrece, digamos, o un cristiano.

discernimiento de tas vías políticas diversas, fomentar la ética y hacerles ver

también que ta política no es todo para el hombre, que no da la respuesta total:

que el hombre tiene dimensiones a las que no responde lo política.

—Ante determinadas opciones políticas que se ofrecen al cristiano hoy. los

obispos, sin embargo, no señalan ya nombres y apellidos políticos.

—Los cristianos, en adelante, tendrán que moverse no por consignas de la iglesia

—que no tas va a dar—, sino por su auténtica fe. A 1a Iglesia no corresponde ni

decir a qué partidos hay que votar, ni siquiera condenar partidos. La Iglesia

española debe respetar sin ambigüedades ta legítima opción política de tas

cristianos.

Resulta que el obispo de Avila

—Los planos podrían ser tres: teórico, afiliación y voto. El primero, el

marxismo teórico, exige a su vez una postura crítica. El cristiano tiene que

agradecer al marxismo el descubrimiento del peso que tiene en la vida de tas

pueblos 1a economía, y esto es algo que puede asumir. Sin embargo, ese cristiano

tiene que rechazar la visión marxiste de 1a historia que cierra el hombre a la

transcendencia. Personalmente rechozo el marxismo, no en nombre de ta fe, sino

en nombre del hombre. El marxismo tiene que restaurar el concepto del hombre. El

segundo plano de opción seria ta multando, adquirir el carné. Puedo decir que la

aplicación, en tas reuniones de partido, de un determinado tipo de análisis,

unilateral, constantemente mantenido, acaba por mu-

tilar al hombre. Este puede ser el caso de los Cristianos para el Socialismo,

que a fuerza de aplicar ese análisis lo transfieren luego a la Iglesia, con lo

que acaban ellos mismos por no encontrar ya a la Iglesia. Y por útimo, en el

tercer caso, hay cristianos que, por determinadas razones, se preguntan si dar o

no un voto al marxismo en unas elecciones. Ellos creen que esta acción, que se

reduce sólo a un momento determinado, el voto, tiene menos repercusión para el

Individuo. Sin embargo, la verdad es que tiene unas influencias enormes en la

sociedad.

—El eurocomunismo se presenta, a la luz de las últimas polémicas en Italia, como

un sistema que ya no aplica el ateísmo en su análisis.

—El eurocomunismo parece encontrarse con dos posturas en nuestro país. La de

quienes afirman que asistimos a una evolución real dentro de los partidos

comunistas; una opinión que respeto. Y la de quienes aseguran que todo es pura

táctica; opinión que respeto también. Que cada uno escoja. Personalmente sólo

voy a decir que me gustaría ver en qué acaba la experiencia italiana. Como

Delibes, también digo aquello de «yo prefiero que ensayen en otro sitio».

—Avila es una diócesis altamente rural, con unos índices de población envejecida

igualmente elevados, a cuenta de la emigración. No parece que el obispo pueda

hacer mucho por modificar este panorama.

—Más de la mitad de 1a población —el cincuenta y uno por ciento— vive de la

agricultura, y estamos entre las cinco últimas provincias españolas, por lo que

se refiere a ta renta «per cápita». Casi una tercera parte ha emigrado de aquí.

La Iglesia lo único que puede hacer es ofrecer personas, despertar conciencias.

Pero es la Administración ta que tiene que Intervenir.

—A las gentes de Avila, castellanos puros ellos, ¿cómo los define el obispo?

—Son gentes sencillas y nobles, austeras y con alta capacidad de sacrificio. Su

religiosidad es muy profunda Por lo demás, es una población unitaria, aquí

votaron muchos por el mismo partido en ios elecciones, como sabe, por la UCD.

—El Presidente del Gobierno es abulense, ¿le conoce el obispo?

—No líe tenido ocasión alguna de saludarle.

—O sea, que el obispo de Avila se siente confiado y seguro, incluso ante tos

políticos y ios partidos políticos.

—El cristianismo tiene una experiencia y un sentido de lo que es el hombre del

que carecen tos partidos políticos. Por eso yo me siento sin complejos ante tas

diversas ofertas de los grupos politicos, y procuraré que esto sea también

criterio para los creyentes de ta diócesis. Yo les digo que el cristianismo ha

vivido bajo toda clase de regímenes. Que tas leyes civiles pueden ser las que

sean, y ojalá sean las mejores posibles. Pero que lo que realmente importa es fo

que seamos nosotros.

(Luego, el fotógrafo se me puso de mal humor porque no se atrevió a hacer unas

fotos cuando el obispo, botella en mano, nos sirvió unas copas.)

Antonio CASTRO ZAFRA

 

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