Autor: Unciti, Manuel de. 
 Revolución en la vida económica de la Iglesia (III). 
 Igual retribución económica para todos los sacerdotes     
 
 Ya.    16/11/1977.  Página: 22. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Revolución en la vida económica de la iglesia (III)

IGUAL RETRIBUCIÓN ECONÓMICA PARA TODOS LOS SACERDOTES

Se tomará como base el salario mínimo de los trabajadores • La aspiración a

la autofinanciación de la Iglesia no invalida las razones contempladas para

justificar la subvención estatal La comunicación de bienes entre los

sacerdotes, parroquias y diócesis, criterio

básico para el futuro inmediato de la Iglesia

La entrega en forma global de te. subvención del Estado a la Iglesia, permitirá

a ésta la libre administración de su vida económica. Se alcanza en 1978 una

vieja aspiración de la Iglesia. Ya lace cosa de siglo y medio resultaba anormal

que el Estado administrase, capítulo por capítulo, las sunias que, bajo uno u

otro titulo, aportaba, para el culto y clero en los presupuestos estatales. Pese

a la reiterada petición por´ parte de la Iglesia de que se le permitiera

administrar,´ según •us criterios pastorales, la "subvención del Estado, tal

exigencia no fue nunca atendida. Hoy, por fin, va a serlo, porque el Estado, con

un criterio más moderno y democrático, entiende que no es su papel rebajarse a

fijar la nómina mensual de un monaguillo de la concatedral de Melilla o los

honorarios de un párroco de Las Hurdes, que a estos extremos y a otros más

minuciosos y pintorescos venia descendiendo el presupuesto de la Dirección

General de Asuntos Eclesiásticos.

Pero no basta con protestar contra una situación presupuestaria a todas luces

anacrónica y contra la falta de libertad a que ce veta condenada la Iglesia en

la administración d« las subvenciones estatales. La entrega globalizada fuerza

al Episcopado «-pañol a fijar un conjunto de criterios para una, equitativa

distribución de la suma recibida.

Y el primer criterio, que el Episcopado tratará de honrar, es el de qu«

subvención estatal ha de ser considerada como complementarla o subsidiaria. La

Iglesia no quiere vivir o actuar BU´ acción evangelizadora y pastoral a partir

de la subvención estatal. Entiende que la comunidad «reyente, por un lado, y sus

propios bienes patrimoniales, por otro, han de constituir la base de

financiación de la actividad1 pastoral. Como ideal, •n un horizonte-futuro y

realísticamente aún lejano, la posibilidad de que la Iglesia ee autofinanciar a.

De hecho hay grupos de sacerdotes y comunidades cristianas de base que reclaman

ya esta autofinanciación; pero no es posible, por el momento, al menos como

norma generalizada para toda la nación.

Decir que el ideal se sitúa en la autofinanciación no significa, sin embargo,

que la Iglesia considere como menos fundada en Justicia la subvención estala!.

Esto ha de quedar muy claro. El hecho de que la Iglesia tenga sus muy bnenas

razones para aspirar a la autofinanciación de t.u actividad pastoral y de que ya

desde ahora trate de lograr esa nieta para «1 futuro, no quiere decir que la

subvención del Estado a la Iglesia se apoye en razones meramente coyunturales o

pasajeras, ira razones son muy fundadas y serlas. Se contemplan en todos los

países de la Europa democrática y en casi todos, incluso, los de la Europa del

Este. Responden a derechos fundamentales de los ciudadanos que el Estado ha de

hacer realizables, y hasta debería afirmarse que tal subvención no es sino una

mínima compensación económica por todo lo que la Iglesia ahorra a las arcas del

Estado con BUS múltiples instituciones de asistencia y de promoción cultural,

entre otras.

A este primer criterio se añade de Inmediato otro, y de no pequeña ejemplaridad,

para toda la sociedad española: a igual trabajo, igual remuneración. Todos los.

sacerdotes españoles, desde cualquier obispo hasta el párroco de la más remota y

pequeña feligresía, van a conatar desde enero de 1978 con un, Ingreso mensual

igual para todos. Se trata de acabar con el más insignificante índice de

clasismo en el cuerpo de los sacerdotes. £1 ministerio que se desempeña por

designación del obispo diocesano y no titulaciones históricas o beneficíales

será el solo argumento contemplado para asignar la nómina mensual a todos los

sacerdotes. Y, en principio, todo ministerio sacerdotal «s Igual y mira

únicamente a posibilitar la acción pastoral de la Iglesia. ´Es justo, pues, que

todos los ministerios sean igualmente retribuidos.

¿Larga, generosa, abundamentemente? No, decorosa y pobremente. Lo necesario

para vivir y sólo lo necesario. Las nóminas de los obispos y de los sacerdotes

se fijan en el nivel del salario mínimo interprofesional; esto es, en 15.400

pesetas mensuales, más dos extraordinarias de Igual cuantía. De estas nóminas

deberán deducir todos los sacerdotes su .cuota para la Seguridad Social, y los

obispados deberán satisfacer, por su parte, lo correspondiente a la cuota

empresarial. No es ´para hacerse ricos, ´ni mucho menos. Y ni Intención que

hay.de ello. La Iglesia acepta de buen grado una vida al estilo de los pobres.

Quiere que toda esa larga.y hermosa literatura surgida a raiz del Vaticano II

sobre el tema Iglesia y pobreza no quede en simples declaraciones. Quiere que

pase a la realidad de sus ministros. Pero también quiere que éstos no se

encuentren en condiciones inferiores a las´ de los trabajadores menos

cualificados.

COMPLEMENTOS SALARIALES

81 e« o lar o para la Iglesia que todos los ministerios son iguales y que, por

ello, han de ser igualmente retribuidos todos las que los ejercen, también lo es

que hay circunstancias en la vida de los ministerios y de los sacerdotes que

exigen un trato económico complementario. En atención a estas circunstancias, la

nómina menauaj será aumentada con algunos complementos en aquellos casos en que

esta adición parezca necesaria. No es lo mismo, por ejemplo, que un sacerdote

Cuente con casa parroquial o que tenga que alquilar un piso; no es lo mismo un

ministerio que no exija desplazamientos u. otro que obligue a numerosos viajes.

Tampoco es igual el ministerio que puede realizarse en ocho horas de trabajo o

el que comprometa más horas, el que se lleva a cabo en una población en la que

sea barata "la cesta de la compra" o en la que, por razones diversas, sea mucho

más cara. Como es lógico, estas variantes y otras muchas han de,ser tenidas en

cuenta. Es de justicia. Pero siempre ha que quedar claro.que la Iglesia de hoy

tratará, por lo que de ella dependa, que sus ministros vivan en una real

pobreza, igual a la de los trabajadores de salario mínimo.

COMUNICACIÓN CRISTIANA DE BIENES

Muy importante será también el criterio de la comunicación de bienes entre

los sacerdotes, las parroquias e Incluso las diócesis. La Implantación práctica

de este criterio tendrá que ser paulatina o gradual, dado que en muchas diócesis

españolas no se tiene conocimiento cierto de los bienes que manejan las

parroquias, de las diferentes retribuciones de algunos ministerios, de la

administración de determinados patrimonios, etc. Hasta el presente, muchas

realidades eclesiales viven una cierta anarquía. Falta la consideración de la

Iglesia diocesana y nacional como un todo moral. Huchas parroquias viven a su

aire, desde el punto de vista económico, sin demasiada atención a otras

parroquias que, tnl vez, carecen de medios necesarios para el desenvolvimiento

ordinario de sus actividades pastorales. También se echa de menos una cierta

relación económica entre las diócesis. Parece justo que las diócesis con mayores

posibilidades patrimoniales o con mayores aportaciones de los fieles colaboren a

la vida económica de aquellas otras más Pobres.

Para hacer viable esta comunicación d« bienes ae necesita, ante todo, una visión

concreta y detallada de las economías diocesanas, parroquiales y aun personales

de ios distintos ministerios. Esta visión derivará en la creación de cajas de

compensación a fin de que loa recursos de- Jos unos puedan ayudar a la pobrez de

los otros. Es fácil que el egoísmo de algunos fieles se rebele ante estos

proyectos. "Nosotros damos, dirán, para nuestra parroquia; las otras, que »e ¡as

arreglen como puedan." Pero la Iglesia no puede transigir más con esta mirada

insolidaria, verdadero escándalo para el hombre moderno. La solidaridad entre

!a« iglesias y entre los sacerdotes ha de ser actuada al máximo posible, aun

cuando haya pequeños grupos de creyentes que se resistan a entrar en esta

perspectiva. Al actuar así, la Iglesia presta a ´ la sociedad un servicio moral

inestimable. Porque al hacerse «lia más igual en su vida económica estará

estimulando una mayor igualdad económica en la vida de la sociedad.

Manuel DE UNCITI

 

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