Los obispos, ante las migraciones. 
 Hay dos Españas: la pobre y la rica  :   
 La regionalización puede ser la solución del futuro. 
 Informaciones.    23/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

LOS OBISPOS, ANTE LAS MIGRACIONES

HAY DOS ESPAÑAS: LA POBRE Y LA RICA

LA REGIONALIZACION. PUEDE SER LA SOLUCIÓN DEL FUTURO

MADRID, 23 (INFORMACIONES).

CUANDO el fenómeno regional comienza a ser parte importante del nuevo orden

democrático en que está: sumido el país, cuando ocho regiones españolas se

encuentran ya en disposición´de negociar con las autoridades sus ¡respectivos

regímenes preautonómícos, parece el momento adecuado para incidir sobre una

cuestión que, no por lo que tiene de olvidada, ha perdido su importancia y

trascendencia. Se trata de los movimientos poblacionales al interior de España.

En este sentido, la Comisión Episcopal de Migraciones ha hecho publico un

documento al respecto con motivo de la celebración del 27 de noviembre, Día de

las Migraciones».

Entre otras cosas, el mencionado documento señala que, durante la década de los

sesenta, fueron más de cuatro millones de españoles los que cambiaron de

municipio, y no siempre y sólo dentro de la propia región. En este sentido, son

precisamente los niños y Jóvenes quienes padecen con especial virulencia el

costoso tránsito «rural-urbano», así como" el proceso de desintegración que se

agudiza notablemente en los denominados «barrios bajos».

Con la celebración del Día de las Migraciones quizá sea el momento idóneo para

llamar la atención sobre el problema y convocar a todos los españoles para que

tomen conciencia del fenómeno migratorio y, más concretamente, del movimiento

poblacional en el interior de nuestro país, con su compleja realidad y las

graves consecuencias que acarrea para el presente y futuro de millones de

hombres.

Qué duda cabe que un país que tiene, como el nuestro, la cuarta parte de eu

población activa trabajando en el extranjero, deberla situar el fenómeno de la

emigración a la cabeza de sus más urgentes problemas. Al menos en cuanto al

interior se refiere, parece "que la realidad de las nacionalidades.dentro del

Estado español va dejando de ser prohibida, negada, perseguida, ´equivocadamente

superada por un radical sistema de autoritarismo centralista en pro de una

unidad que se tornaba en asfixiante. La cuestión regional empieza, ahora, a

plantearse desde un punto de vista realista. Hechos aislados, como la visita de

los Beyes de España a Extremadura o las expropiaciones llevadas a cabo en

Galicia, constituyen de por sí un incentivo para la aparición de una nueva

conciencia en las regiones caracterizadas por la pobreza que, de la noche al

día, sustituyen la apatía e indiferencia por reclamaciones, reivindicaciones y

exigencias.

LAS CIFRAS DE UN CENTRALISMO

A partir de 1960, el ritmo de emigración interior ha experimentado un aumento

tal que, entre el mencionado año y 1970, fueron casi cuatro millones de

españoles los que se movilizaron de un lugar a otro de nuestra geografía,

repitiéndose el fenómeno una y otra vez hasta 1975, en que podría decirse que

quedó estancado. Las causas son ya bien conocidas: la pobreza, complejo de

inferioridad al pertenecer ai mundo rural, la dureza de la vida del campo y

otras.

Por otra parte, las consecuencias del fenómeno no tardan en dejarse sentir. Las

regiones pobres se vuelven más pobres aún y, 14 provincias, las privilegiadas,

absorben el capital humano y económico del resto de las mismas. Los Jóvenes

emigran e n porcentajes alarmantes, mientras que las ya deficientes economías de

las regiones abandonadas van sucumbiendo paulatinamente. Todas las regiones de

emigración se encuentran por debajo de la medía de renta nacional «per capita»,

y, como en los casos de Andalucía, Extremadura, Galicia y León, ésta no llega a

la mitad de la alcanzada por Madrid, Cataluña o el País Vasco. ´Así, al margen

de planteamientos netamente políticos, existen «las dos Españas», la pobre, con

escasas posibilidades de dejar de serlo, y la otra, la España rica.

No obstante, la puesta en vigor de la tan esperada reforma fiscal en los

próximos meses asi como la posible realización de las otras dos grandes reformas

pendientes: la agraria y la regional, ayudan a albergar no pocas esperanzas de

que ese desequilibrio regional deje de ser cada día más grande.

Por sectores, podemos decir que el primario (agricultura) ha sido el que se ha

.visto más perjudicado por la situación existente, desplazándose de su suelo y

ocupaciones en pro de los sectores secundario y terciario. Baste decir que de

una España eminentemente agraria .que fue hasta 1950, hemos pasado a una España

industrial, con el correspondiente trasvase de población de uno a otro sector.

Mientras en 1940 la agricultura albergaba a más del 50 por 100 de la población

activa del país, en 1970 el porcentaje quedó reducido a poco más del 24 por 100.

Esta reducción es lógica del desarrollo en cualquier país, no se~ trata de

criticar tal hecho, sino en la medida en que se ha producido con una enorme

carga de injusticia y falta dé" programación, al no haberse creado el número de

puestos de trabajo necesarios y, precisamente, en las regiones donde se

encontraba asentada la población.

Hay que insistir en la Injusticia que constituye todo el trasiego humano que se

ha venido produciendo en nuestro país en las últimas décadas, así como en la

injusticia que significaría el que cualquier política regionalieta comenzara a

partir de cero, sin tener en cuenta -que las regiones que hoy son ricas lo

deben, en gran medida, a la mano de obra que aportaron las regiones pobres.

Desde el Gobierno hasta el último de los españoles tenemos, en esta nueva España

democrática que estamos construyendo, la necesidad de preparar la adecuada

respuesta a unos hombres y una sociedad «nuevos», qué están surgiendo de un

trasiego anárquico y generalizado, con el costo de indecibles sacrificios y, en

la mayoría de los casos, abandonados a su propia suerte.

Si bien tenemos que comprender la imposibilidad de erradicar el problema de la

emigración de manera absoluta a corto plazo, si es necesario, en cambio, hacer

una llamada concreta a las sociedades receptoras para que, temerosas de perder

su identidad con tal afluencia masiva, no marginen y rechacen a quienes, huyendo

de la miseria del campo, se ven obligados a caer en la anarquía urbana de la

superpoblación.

 

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